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Así afrontan la ola de calor los trabajadores de Ibiza

Un hombre llevando un puesto de alquiler de embarcaciones. | Foto: Dylan Marí Williams

| Santa Eulària des Riu |

Ibiza y Formentera sufren los estragos de una intensa ola de calor que mantiene a ambas islas en alerta amarilla con temperaturas que rozan los 36 °C. Con una humedad asfixiante que no da tregua ni de día ni de noche, las jornadas se convierten en un auténtico desafío para quienes tienen que trabajar bajo el sol. Desde el Periódico de Ibiza y Formentera hemos salido a la calle para descubrir de primera mano cómo están viviendo este episodio los trabajadores de la isla.

El recorrido comienza junto al mar de Santa Eulària, donde el primer encuestado es Agustín Bucher, un joven argentino que hace temporada en el Passion Café. Entre carrera y carrera atendiendo a la clientela bajo el sol, apunta: «Tengo una aplicación que me cuenta los pasos y hago alrededor de unos 15.000 pasos todos los días». Aunque reconoce que lo está llevando bien con buen talante, admite que su peor enemigo está siendo la «humedad».

Siguiendo con el testimonio de los trabajadores, la visión de la costa también nos lleva hasta Pepe, el dueño del Restaurante Es Alocs, quien lleva toda la vida trabajando en la zona. Con la experiencia que le otorgan los años, confiesa que este verano está siendo bastante duro. Aunque señala que su local cuenta con una buena sombra gracias a los árboles, un detalle que los clientes aprecian mucho, le sorprende lo insólito de las actuales condiciones meteorológicas. En este sentido, relata con sorpresa un detalle que no había visto nunca antes: «A las 10 de la noche ves a los clientes con el abanico», especificando que, tras toda una vida trabajando en la hostelería, nunca antes se había encontrado con una presencia tan constante de abanicos para combatir el calor y la falta de brisa.

En la cercanía de Es Figueral pasamos a Cala Llenya, donde nos adentramos en el kiosko de Cala Llenya para conocer a Antonio, un joven temporero con gafas de sol que acumula experiencia en la hostelería de diferentes islas. «He estado tanto en Mallorca, Menorca o Ibiza. Siempre trabajando en la hostelería y donde más calor se pasa», cuenta el joven. Nos resume el sentir general del sector: «Aquí estamos, aguantando, pasando calor y sudando», reconociendo que para él este «es el verano más caluroso» que está viviendo, donde «incluso por las noches hace mucho calor».

Sin ir muy lejos, desde el kiosko nos recomiendan visitar a unos pocos metros a Vicent Marí Torres y María Torres Guasch para encontrarnos al matrimonio que dio pie a crear el kiosko de Cala Mestella. A sus espaldas llevan toda una vida de trabajo en Cala Llenya, recordando cómo antiguamente los pinos de la zona eran mucho más pequeños y cómo la finca pertenecía por completo a la familia. Sobre cómo afrontan esta ola de calor, Vicent señala con humor que «aguantan la sombra bien», pero lamenta que sufren por la falta de espacio para los visitantes: «Falta que nos liciten más mesas y más sombra, porque queremos crear sombra para los clientes y no nos lo permiten», dice Vicent lamentando que los clientes se quejan de encontrar muy poco espacio para poder sentarse a la sombra y refrescarse. Por su parte, María destaca entre risas que este verano hace «más calor que nunca».

A pocos metros del kiosko topamos con Sebastián Álvarez, un hamaquero que lleva trabajando en el oficio veintidós años. Al frente de sus tareas bajo el sol durante ocho, nueve o diez horas diarias, relata que la situación está siendo «muy complicado», obligándole a «tomar mucho líquido y comer frutas» para sobrellevarlo. Asimismo, destaca que lo que verdaderamente afecta no es solo la temperatura, sino la intensa sensación térmica —que el otro día alcanzó casi los 39 grados—, señalando que aunque esta temporada no cuenta con tanta afluencia turística como otros años, el calor continuado y seguido no tiene precedentes.

Y para concluir con nuestro itinerario, terminamos en Es Canar, donde por un lado topamos con Yahya, encargado de la parrilla de leña y carbón del grill Parot. Entre risas y brasas, explica que están pasando un momento difícil con el calor debido a su puesto de trabajo, señalando cómo esto también afecta en el ámbito económico de la hostelería: «La gente cuando hace mucho calor no quiere salir, se agotan y ya casi no van a comer comida caliente». Con ello, resume que esta situación está afectando a todo el mundo tanto en el sentido personal como en el económico por la bajada de clientes que deciden no salir al mediodía.

En un puesto de alquiler de embarcaciones cercanos al restaurante donde trabaja Yahya, topamos con un hombre que atiende el puesto para echar una mano a su hijo. Sin camiseta y visiblemente afectado por las altas temperaturas, relata que el calor «pega muy fuerte», señalando entre risas que la caseta apenas ofrece sombra y que la combinación del sudor con la humedad resulta sofocante. Para combatir el calor, su mejor medicina es clara: «Cada ratito que puedo, me voy al agua a refrescarme» o disfrutar de «una buena cervecita fresca» y un buen heladito.

Terminando nuestro recorrido, también en la playa de Es Canar, encontramos en la arena a Carlos Eduardo Brea Martínez, un trabajador venezolano con cuatro años en España que vive su segunda temporada de verano en Ibiza. Con un sombrero y protegiéndose con manga larga, relata que este calor le parece insólito: «Yo que vivo en Madrid, no había sentido un calor tan fuerte jamás en España». Mientras que el año pasado el tope fueron 31 grados, ahora lamenta que superan los 40 grados todos los días mientras recorre constantemente la playa supervisando sus 140 hamacas y 70 sombrillas, un trasiego continuo bajo un sol muy fuerte que le obliga a vigilar y atender sin descanso.

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