Miguel Quiñones lleva la cuenta de memoria: cincuenta perros. Es el número que este martes, 21 de julio, Día Mundial del Perro, ocupa las instalaciones del centro animal de Sa Coma, prácticamente al límite de su capacidad. «Ahora mismo tenemos algún hueco disponible, no muchos más», explica el veterinario del centro, que cada día ayuda a estos animales de cara a una nueva vida en una familia que les acoja, algo que en algunos casos llega a convertirse en una tarea realmente compleja.
Y es que no todos tardan lo mismo en encontrar una familia. «Si hablamos de un perro de raza pequeña o de un cachorro, muy poco tiempo», cuenta Quiñones. La historia cambia con los adultos grandes, sobre todo con las razas etiquetadas como potencialmente peligrosas, en las que las estancias pueden prolongarse «por muchos años». El récord del centro, calcula de memoria, ronda los siete u ocho años conviviendo con los cuidadores de Sa Coma, sin haber conocido nunca un hogar. «Es un poco el perfil: un animal adulto, de este tipo de razas que están tan estigmatizadas, o animales que pueden tener algún tipo de patología crónica, como por ejemplo la leishmaniosis, y hace que sea más complicada la adopción», resume el veterinario.
Cuando un animal llega al centro, el primer paso es siempre una valoración de su estado de salud y de su comportamiento, que determina dónde se le ubica y si puede empezar a salir de paseo o necesita antes un trabajo de adaptación. A partir de ahí, aprender las rutinas: los horarios de paseo, los de comida, «que es un poco lo que tienen que hacer, aprender un poco cómo funcionamos cuando llegan, que les cuesta un poquito al principio», apunta Quiñones.
Los paseos
Sa Coma organiza paseos de lunes a viernes, tres por la mañana y dos por la tarde, y depende para ello de un grupo de voluntarios registrados en el Ayuntamiento. El verano, reconoce Quiñones, trastoca los ritmos: «hay gente que le cuesta más venir en verano por tema de trabajo, pero también hay gente que viene de vacaciones a la isla asiduamente cada año, que también viene a pasear. Entonces a veces perdemos un poco el voluntario de invierno, pero ganamos voluntarios que es gente que viene a pasar el verano en la isla».
En materia de adopciones, el ritmo es irregular. El último mes, cuatro animales encontraron familia, entre ellos alguno de esos perros potencialmente peligrosos que llevaban tiempo esperando. «Depende mucho también de lo que entre. Si tenemos un mes en el que nos entra una camada de cinco cachorros, pues tendremos más adopciones al mes siguiente», explica Quiñones.
Pero, sobre todo, advierte el veterinario, cabe celebrar lo que cree que se ha convertido ya en una tendencia: cada vez entran menos animales al centro. «Creo que ha cambiado un poco la sociedad, creo que la gente está más concienciada, se ha hecho una labor muy grande de identificación y de esterilización de muchos animales. El abandono sigue existiendo, desgraciadamente, pero va cada vez a menos», sostiene, y apunta también a unas leyes «más restrictivas y más sancionadoras» que han acompañado ese cambio de mentalidad.
El calor de estas semanas también reorganiza la vida del centro. Los paseos se retrasan y se acortan —«15-20 minutos en muchos casos, cuando hace más calor»— y en la entrada hay una piscina para que los animales más amigos del agua puedan refrescarse. A los voluntarios se les pide siempre que lleven agua consigo. «El verano nos limita un poco el trabajo, los animales pueden salir un poquito menos, pero aun así intentamos que puedan pasear siempre con seguridad», resume Quiñones.
Contra el abandono
Desde el Ayuntamiento de Ibiza, el regidor de Bienestar Animal, Manu Jiménez, presume de una «legislatura marcada por el refuerzo del área»: presupuesto duplicado, murales en la ciudad para concienciar sobre las adopciones, un recinto canino ya en marcha y otro que se inaugurará próximamente.
Pero el cambio que más destaca es otro: «Nunca se había sancionado un abandono de animales» en Ibiza. El edil distingue entre renunciar a un animal —algo legal, que se puede hacer en el propio centro— y abandonarlo, dejarlo atado o encerrado y desaparecer, que sí se persigue. El mes pasado el Ayuntamiento notificó diez sanciones por abandono ya resueltas, y hoy suma una más: 10.000 euros por un caso vinculado a un animal que terminó llegando a Sa Coma y que, tras ser rescatado y pasar por el centro, fue adoptado y vive ahora con una familia en el Reino Unido.
Jiménez señala también un frente abierto: los asentamientos irregulares, que están volviendo a descontrolar colonias de gatos que antes tenían controladas gracias al trabajo de esterilización de los voluntarios, como ha ocurrido en la zona de sa Joveria. Esto significa, en palabras del concejal, «tener que empezar de nuevo en un terreno que ya se daba por ganado».
Por último, Jiménez aprovecha para recordar que, para quien quiera sumarse al voluntariado de Sa Coma, el trámite se puede hacer de forma presencial en el Cetis o a través de la web del Ayuntamiento: «Únicamente es necesario darse de alta para quedar cubierto por el seguro municipal».
Una invitación a la que Quiñones también quiso sumarse: «Yo siempre invito a todo el mundo, sobre todo, a venir a conocer el centro, conocer un poquito el trabajo que hacemos. Si luego, una vez que vienes y lo ves, te animas a formarte como voluntario, pues siempre serás bienvenido».