Hay motores de coche abandonados, colchones, muebles, restos de enseres domésticos, bolsas repletas de ropa e incluso aceite de motor derramado sobre el suelo. Es la imagen que ofrece una gran explanada de vegetación seca situada entre el final de la calle Cala Llonga y la autovía, en el barrio de Cas Mut, donde un vecino denuncia la existencia desde hace alrededor de un año de un asentamiento y la acumulación de basura en sus alrededores.
Este periódico se desplazó hasta el lugar tras la llamada de un residente de la zona, que prefiere mantenerse en el anonimato por miedo a posibles represalias. En este reportaje le llamaremos Jota.
El recorrido comienza atravesando el amplio terreno, donde el vecino va señalando distintos puntos en los que se acumulan residuos. Entre la maleza aparecen motores de vehículos, colchones, mobiliario doméstico, ropa y todo tipo de desperdicios repartidos por la parcela.
Jota asegura que lleva meses denunciando esta situación y sostiene que la basura ha sido depositada por los ocupantes del asentamiento, a quienes identifica como personas de origen saharaui. «Lo último que han traído ha sido el motor, que han dejado con todo el aceite derramado y eso puede provocar un incendio», afirma mientras muestra uno de los puntos donde permanece el vehículo desmontado.
Denuncias sin respuesta
Preguntado por las gestiones realizadas, explica que tanto la Policía como el Ayuntamiento tienen conocimiento de la situación. Además, asegura haber comunicado la incidencia a través de la aplicación Línea Verde, la plataforma municipal para informar de desperfectos e incidencias.
Sin embargo, considera que la herramienta presenta deficiencias. «No funciona bien porque no puedes poner correctamente la geolocalización del sitio. Deberían actualizarla», lamenta.
Un asentamiento oculto entre la vegetación
Durante la visita, este periódico pudo acercarse hasta la zona donde se encuentra el asentamiento. Oculto entre la vegetación, desde el exterior se apreciaban lonas utilizadas como paredes improvisadas, ropa tendida, un hornillo para cocinar y distintos utensilios de uso diario.
Según calcula Jota, en el lugar podrían vivir alrededor de una veintena de personas.
«Ellos están acostumbrados a hacer la lumbre, a calentarse allí mismo el café... En definitiva, como si estuvieran en su casa», comenta mientras señala varios puntos del campamento.
Su principal preocupación, insiste, no es únicamente la presencia del asentamiento, sino el riesgo que supone la combinación de vegetación seca y residuos altamente combustibles.
«Con toda la basura que hay aquí tirada y el monte tan seco, cualquier descuido puede acabar provocando un incendio muy grave», advierte.
«Me han llegado a amenazar»
El vecino también relata que ha vivido episodios de tensión con algunos ocupantes del asentamiento.
«Cuando voy con el perro no suelen decirme nada porque le tienen miedo, pero alguna vez sí me han amenazado», explica.
Incluso asegura que en una ocasión le hicieron el gesto de pasarse el pulgar por el cuello como señal intimidatoria. Aun así, afirma que no piensa dejar de denunciar la situación. «No tengo miedo. Lo único que quiero es que esto se solucione antes de que ocurra una desgracia», concluye.
Una realidad cada vez más visible
La situación de Cas Mut refleja una realidad cada vez más presente en Ibiza. La proliferación de asentamientos informales se ha convertido en una de las consecuencias más visibles de la crisis de acceso a la vivienda que vive la isla, agravada por el elevado precio de los alquileres y la falta de alojamiento asequible para muchas personas. A ello se suman otros factores de vulnerabilidad social y económica que llevan a algunos ciudadanos a instalarse en solares, bosques o terrenos sin urbanizar.
Mientras las administraciones tratan de abordar un problema complejo desde el punto de vista social y habitacional, los vecinos reclaman actuaciones para evitar que estos espacios se conviertan también en focos de acumulación de residuos y en un potencial peligro para el entorno, especialmente durante los meses de verano, cuando el riesgo de incendios es máximo.