Este pasado lunes no fue un lunes cualquiera en Sant Miquel. Desde primera hora de la mañana, las mesas de Es Pi Ver se llenaron de vecinos y clientes habituales que querían despedirse, una última vez, del que durante más de tres décadas ha sido uno de los grandes puntos de encuentro del pueblo. Entre cafés, cervezas, abrazos y fotografías para el recuerdo, la jornada estuvo marcada por la emoción y por un sentimiento compartido: la sensación de que Sant Miquel pierde mucho más que una cafetería.
El cierre definitivo de Es Pi Ver puso el broche a una historia iniciada en 1992 por Vicent Torres y Margarita Guasch, quienes bautizaron el establecimiento en homenaje al desaparecido pino conocido como Es Pi d’en Noguera, que durante años presidió el solar sobre el que se levantó el edificio. Desde entonces, el local se convirtió en un referente para varias generaciones de vecinos, trabajadores y visitantes.
Durante toda la jornada fueron constantes las muestras de cariño hacia el personal, aunque una de las personas que más dificultades tuvo para contener la emoción fue Pepe Torres, responsable del establecimiento en esta última etapa.
«La verdad es que este último día me siento bastante triste. Este es un bar icónico aquí, en Sant Miquel, con una historia de más de 30 años, y uno se emociona cuando tiene que cerrar un sitio así», confesaba con la voz entrecortada. Aunque admite que «las cosas van cambiando» y que ahora «vendrá una empresa con nuevas ideas», reconoce que despedirse del local no está siendo fácil. «Hay que dejar paso a la gente joven», añade con resignación.
Agradecido
Visiblemente emocionado, quiso dedicar unas palabras de agradecimiento al pueblo. «Quiero dar las gracias a todo el mundo de Sant Miquel. Este pueblo se hace querer. Me siento muy orgulloso de haber podido formar parte de esto durante un tiempo y la verdad es que la tristeza nos invade».
También tuvo un recuerdo muy especial para Margarita Guasch, a quien considera la gran artífice de la historia de Es Pi Ver. «Quiero dar las gracias, sobre todo, a la dueña del bar, Marga, una persona muy importante para este sitio. Le costó mucho montar este bar y sacarlo adelante, y eso hay que reconocerlo. Todo el mundo se lo ha reconocido siempre», afirmó con la voz entrecortada por la emoción.
Mientras tanto, los clientes habituales iban ocupando las mesas de siempre, conscientes de que aquella sería la última tertulia entre aquellas paredes. Muchos llevaban más de treinta años entrando casi a diario por la puerta de Es Pi Ver y todos coincidían en una misma idea: el pueblo pierde uno de sus lugares más emblemáticos.
«Es una putada», resumía Toni, cliente desde el mismo día de la inauguración. «Vengo desde que abrió y me parece que dejar estropear este rinconcito, nuestro rinconcito, es un error muy grande».
A su lado, Joan asentía mientras recordaba décadas de encuentros con su grupo de amigos. «Esto siempre ha sido un bar de toda la vida donde nos juntamos todos a la misma hora. Coincido con Toni en que es una putada», afirmaba. Otro cliente, también llamado Joan y habitual desde los primeros años del establecimiento, añadía con sencillez: «Vengo desde que abrieron. Es una pena y lo echaremos mucho de menos».
Para Bartolo, Es Pi Ver ha sido casi una extensión de su propia casa. «Llevo años y años viniendo y llevo muy mal que vayan a cerrar del todo. Es nuestra central, nuestra oficina y nuestro meeting point», comentaba entre risas. «Ahora nos tocará buscar otro lugar. Cuando lo pusieron en marcha éramos jóvenes y hemos envejecido aquí dentro».
Con humor, Mariano imaginaba entre risas cómo serán las reuniones a partir de ahora. «Llevamos dos semanas desde que se comenta que se cierra y ya toca asumirlo. Aquí nos juntamos siempre siete o diez amigos y ahora nos tocará hacer lo mismo que hacen los alemanes: comprar cajas de cerveza a los proveedores para seguir haciendo las tertulias y las bromas que hemos hecho siempre, pero en casa de uno u otro», bromeaba.
«Se echará de menos»
También Marieta lamentaba profundamente la desaparición de un establecimiento que considera parte de la identidad del pueblo. «Que cierren es todo un pecado. Siempre ha sido el mejor bar de Sant Miquel, el punto de encuentro. Se echará muchísimo de menos», aseguraba.
Aunque este lunes Es Pi Ver cerró definitivamente sus puertas, el local no quedará vacío durante mucho tiempo. Una nueva empresa asumirá próximamente la gestión del establecimiento con un proyecto diferente. Sin embargo, para muchos vecinos será difícil imaginar ese rincón sin el nombre que durante 33 años recordó al viejo Pi d’en Noguera y que acabó convirtiéndose en un símbolo de Sant Miquel. Porque, como reflejaban muchos de los clientes durante la despedida, hay bares que sirven cafés y otros que acaban formando parte de la vida de un pueblo.
Ehhh..que yo me he jubilado y también he trabajado muchísimo desde la época del colegio hasta ahora y no salgo en el diario, venga ya !! dejaros de chorradas y hacer un periodismo serio