Muy lejos quedan ya los tiempos en los que el histórico barrio de la Marina en Ibiza era uno de los puntos clave de la actividad turística en la ciudad e, incluso, en la isla. La actividad económica era boyante y las calles del barrio portuario eran, sobre todo por las noches, un hervidero de gente. Nada que ver con lo que sucede hoy, durante una temporada, la de 2026, en la que, como se dice popularmente, pintan bastos.
Si alguien conoce bien la Marina es Carmen Cardona. Sus padres regentaron un negocio en la calle de Enmig durante 50 años y ella lleva tres décadas trabajando en el mismo lugar. Ha vivido los tiempos de gloria del barrio pero también la actual decadencia. Una decadencia que achaca sobre todo a la gestión que se llevó a cabo por parte del Ayuntamiento durante los mandatos del PSOE y la extrema izquierda entre 2015 y 2023.
«Antes la fiesta empezaba en la Marina», recuerda, «pero eso se comenzó a limitar porque había que ensalzar otra zona y había que matar el puerto. Lo único bueno que tuvo la pandemia de COVID-19 es que eso se cortó pero el puerto ya estaba muerto». La situación se ha agravado debido a que los turistas que hoy vistan el barrio ya no son de clase media-alta. «Aún quedan pero es un cliente que se queja porque los hoteles han triplicado sus precios y sienten que Ibiza les está echando», explica, «los hoteles triplican sus precios pero no hacen lo mismo con sus servicios por falta de personal». Hay nuevos clientes, admite, pero también añade: «El que viene ahora es de un nivel medio-bajo pero cada vez más pobre. No son los turistas que venían antes y repetían. Esos, si Ibiza no les ofrece una buena relación calidad-precio, no volverán. Y los nuevos no podrán volver aunque quieran».
Cardona admite que en los últimos años se han producido algunas mejoras como que los autobuses lleguen hasta el barrio. Pero lamenta que este servicio no sea aún muy conocido. Ni siquiera entre los residentes en la isla.
Para Carina Hoort, de Rituality Ibiza, la temporada de 2026 está siendo «muy rara y muy floja». Entre abril y julio, Hoort asegura que ha perdido un 80% de ventas y visitas a su tienda. «Hay días en los que no hay nadie en la calle», explica, «después del Mundial se nota algo más de actividad pero sigue muy flojo. Yo pensaba que era porque los pasajes de avión y barco están muy caros. Pero es evidente que hay más cosas».
Para Hoort, uno de los problemas de la Marina es el abandono institucional sufrido durante años. Aunque hoy la relación con el Ayuntamiento es diferente, los efectos de la dejadez son difíciles de solucionar. Y esto, según esta comerciante, tiene como consecuencia que muchos turistas se lleven una mala imagen de la zona por cuestiones como la limpieza, la seguridad o el estado de las calles. Algo que luego trasladan a otros posibles turistas. Por eso considera que «hacen falta limpieza y orden, que las calles estén bien, que no haya cubos de basura rotos ni basuras por el suelo y hay que hacer las cosas poco a poco e ir terminándolas».
Hoort lamenta que otras zonas del centro como puede ser el paseo de Vara de Rey o la avenida de Isidor Macabich reciban más atención pública que el barrio de la Marina. Algo que asegura que sucede desde hace décadas. «Nosotros pedimos calles arregladas, cubos de basura que no estén rotos, seguridad porque hay muchísimos robos», explica, «no podemos seguir así. Pagamos todo lo que nos corresponde y también tenemos derechos». Y concluye: «Tenemos un diamante. La Marina podría ser Mónaco y damos esa imagen».
Un referente internacional para la Marina expone tambien Raimon, de Locco Ibiza Cosmetics: «No somos la plaza de San Pedro del Vaticano pero sí podemos ser el Trastévere de Roma. Pero para eso hace falta lograr que la gente, antes de venir a Ibiza, ya piense en pasar una tarde en la Marina porque es un barrio precioso. Como cuando vas a Mykonos».
El problema, asegura, es que «ahora el foco mediático está en Platja d’en Bossa porque allí están las discotecas y realmente no somos rivales». Y es que, en su opinión, sería conveniente que la Marina formalizara «una alianza simbiótica» con el ocio nocturno respetando, eso sí, el derecho al descanso de los residentes en el barrio. No obstante, insiste en que «si se potencia demasiado el silencio, puede que mejores el descanso pero, si no hay donde comer, la gente se irá y esto se desertificará».
Para el propietario de Locco Ibiza Cosmetics, La Marina es hoy territorio de cruceristas. Un tipo de turismo que «solo compra souvenirs». Como otros comerciantes, tiene claro que «la familia con dos hijos que venía antes para una semana ya se ha acabado» en el barrio. Y el problema se acentúa porque, apunta, aunque el nivel del turista haya subido, cuando llega a Ibiza no tiene a La Marina entre sus puntos de visita obligada. «La Marina es un barrio precioso y muy pintoresco», afirma, «pero no está en ese mapa, no lo conocen. Tenemos que saber mostrarnos. Tenemos que dejarnos ver porque, si no, no existimos. Hay muchas cosas que afectan pero no hay una unidad ni una imagen de marca. Y hay que conseguir que, antes de venir a Ibiza, la gente ya piense en pasar aquí una tarde».
Vanesa Espejo es la propietaria de UNA. Tiene dos comercios en La Marina y otro en el centro. Asegura que esta temporada hay «menos fluidez» de clientes en el barrio y que «todo está muy lento». Echa de menos las épocas en las que en Ibiza «la gente se movía, salía a cenar, a comprar, a dar un paseo por la Marina». Pero eso no sucede ya. Y la situación ha llevado a que muchos comerciantes adelante la hora de cierre ante la falta de clientela. «Antes cerrábamos a la 01.30 horas y ahora lo hacemos una hora antes», explica.
El intenso calor de las últimas semanas ha influido en este descenso, admite Espejo. Pero también apunta que «ya no hay durante las noches la clase media que venía antes». En este sentido, señala que el turismo en la Marina se divide este año «entre el de alto nivel y los cruceristas». «La clase media que podía a la tienda y al restaurante no se mueve ahora por aquí», concluye, «se van a los beach clubs. Y esta falta de clase media nos está afectando mucho a todos».
Jaume Sanahuja lleva tres temporadas al frente de Guayaberas Jábega. Esta temporada tampoco está siendo especialmente buena para su negocio. Al igual que el resto de comerciantes consultados, considera que el bajón en el nivel de los turistas está detrás del problema: «La calidad es distinta. Tienes que hacer muchas pequeñas ventas. La temporada pasada, por ejemplo, venía gente de Dubai y te hacían el día. Pero esta vez no. Hay que picar más. Y también es importante que tenemos más clientes repetidores que nuevos. Es difícil que venga gente nueva esta temporada».
El turista que viene a La Marina cada año alucinan viendo al mismo clan, en la misma esquina vendiendo droga con total impugnidad