Síguenos
Hoy es noticiaEs noticia:

Último adiós a Catalina Escandell, una de las últimas payesas de Ibiza

Este sábado se ha celebrado en Sant Llorenç el funeral por Catalina Escandell, que falleció el pasado 20 de agosto a los 102 años de edad

Último adiós a Catalina Escandell, una de las últimas payesas. | Vídeo: Toni P.

|

Añade a Periódico de Ibiza y Formentera en Google

Una abarrotada iglesia de Sant Llorenç ha acogido este sábado el funeral, oficiado por el obispo de Ibiza y Formentera, Vicent Ribas, por Catalina Escandell Riera, de Can Joan den Gall, fallecida el pasado 20 de agosto a los 102 años. Con ella desaparece una de las últimas mujeres ibicencas que vistió de payesa durante toda su vida y que conservó, hasta una edad extraordinaria, una forma de vivir profundamente vinculada al campo y a la tradición de la isla.

Catalina fue despedida en el mismo pueblo en el que nació y en el que transcurrió prácticamente toda su vida. En Sa Vénda des Forn Blanc, la casa familiar de Sant Llorenç, había cumplido 101 años cuando este periódico la visitó el pasado año. Allí seguía viviendo junto a su hermana María y su cuñada, Catalina Marí, en una de esas casas que parecen conservar, al margen del paso del tiempo, una parte de la Ibiza que ya apenas existe.

Aquella visita permitió conocer a una mujer que había convertido la indumentaria tradicional en parte inseparable de su vida cotidiana. Catalina no se vestía de payesa para una fiesta, una fotografía o una representación: lo hacía cada mañana, como había hecho siempre. Su vestimenta formaba parte de una rutina que había comenzado muchas décadas atrás y que mantuvo hasta sus últimos años.

Su longevidad era, además, una característica compartida por su entorno familiar. Cuando cumplió 101 años, en Can Gall convivían tres mujeres que se valían por sí mismas y que sumaban entre todas más de 280 años. «Moltes botjes», respondía entonces María cuando se preguntaba por el secreto de aquella extraordinaria longevidad. Su cuñada, Catalina Marí, lo resumía de otra manera: «Mucha vida».

Era una vida muy diferente a la actual. Catalina y María habían crecido trabajando en el campo, entre sembrados, animales y tareas que hoy forman parte de la memoria de la Ibiza rural. «Sembrábamos, segábamos, teníamos gallinas, conejos, cerdos, ovejas…», recordaban. En invierno llegaba el momento de hacer el bosque, talar pinos y preparar carbón. De niñas comenzaron cuidando las ovejas y aprovechaban aquellas horas para recoger caracoles.

La escuela ocupó muy poco espacio en aquella infancia. Catalina apenas tuvo oportunidad de acudir a clase. Su hermana María sí pudo hacerlo durante un tiempo, pero también de forma muy limitada. La prioridad era trabajar y ayudar en casa.

Su infancia estuvo marcada también por la Guerra Civil y la difícil posguerra. Los de Can Gall vivieron aquellos años con miedo, aunque la familia tuvo la suerte de disponer de recursos propios para salir adelante. «Gracias a Dios, aquí teníamos de todo y nunca pasamos miserias», explicaba María.

La casa fue también un espacio de convivencia y de trabajo femenino. Allí se cosía, especialmente durante las noches, cuando había terminado la jornada en el campo. Las mujeres hacían pañuelos y otros trabajos por encargo, una actividad que les permitía disponer de un pequeño dinero propio. Catalina y María llegaron a hacer durante una semana decenas de docenas de pañuelos, un trabajo minucioso que compaginaban con las tareas de la casa y del campo.

Con la muerte de Catalina Escandell desaparece también una de las últimas testigos de aquella manera de entender la vida. Una generación para la que la indumentaria tradicional no era una recreación folclórica, sino la ropa de todos los días; para la que el calendario estaba marcado por las tareas agrícolas y las celebraciones familiares; y para la que la casa, el campo y la familia constituían el centro de la existencia.

Este sábado, en Sant Llorenç, familiares, amigos y vecinos han acompañado a Catalina en su última despedida. A los 102 años, se marcha una mujer que había nacido en otra Ibiza y que, durante más de un siglo, conservó en su propia vida algunos de los gestos, las costumbres y la imagen de aquella isla.

Catalina Escandell Riera ya no volverá a ponerse cada mañana su traje de payesa. Pero la memoria de aquella mujer de Can Gall quedará ligada para siempre a una de las últimas imágenes de la Ibiza rural que todavía podía encontrarse, viva y cotidiana, detrás de las paredes de una casa de Sant Llorenç.

Añade a Periódico de Ibiza y Formentera en Google

Sin comentarios

No hay ningún comentario por el momento.

Relacionado
Lo más visto