Más de un centenar de personas participaron este domingo por la mañana en una ‘xindriada’ reivindicativa en Cala Saladeta organizada por la Associació de Joves d’Eivissa (AJE) para denunciar la masificación turística y reclamar la recuperación de los espacios públicos de la isla para sus residentes.
La convocatoria convirtió durante varias horas la playa en el escenario de una jornada reivindicativa y lúdica. Los participantes han desplegado diferentes carteles contra la masificación, han leído un manifiesto y han organizado actividades como partidos de vóley, gincanas y distintos juegos tradicionales, con el objetivo de «ocupar el espacio que normalmente está ocupado por los turistas durante el verano».
Desde la AJE insistieron en que su reivindicación «no va en contra del turismo», sino contra un modelo de «turistificación masiva». «Nosotros mismos también viajamos, pero queremos un turismo más sostenible y queremos también demostrar que queremos espacios para nosotros», según precisaron.
La elección de Cala Saladeta no fue casual. Según los organizadores, se trata de «una de las playas más turistificadas» y, al mismo tiempo, de un espacio de dimensiones reducidas, por lo que consideraron que era un lugar especialmente simbólico para plantear la reivindicación. «Hoy Cala Saladeta parla eivissenc», proclamaron durante esta mañana de domingo reivindicativa.
Una de las participantes definió la acción como «una reivindicación del espacio público y de nuestra tierra como propiedad colectiva de todos». En este sentido, defendió que los residentes tienen derecho a ocupar y disfrutar de los espacios de la isla y a «sentir que no somos extraños en nuestra casa».
También relacionó la presión turística con el acceso a la vivienda y con la transformación del territorio. «Nuestra tierra ya no es un espacio para vivir, que debería ser, sino que es un espacio para comprar y vender», según expresó, alertando de que la llegada de grandes capitales termina repercutiendo en la calidad de vida de la población residente.
Desde la AJE también pusieron el foco en la evolución del modelo turístico. Una de sus integrantes explicó que, en municipios como Sant Antoni, se ha pasado de un turismo de masas a un modelo de lujo que, a su juicio, incrementa todavía más la presión sobre el territorio y la vivienda.
La organización valoró positivamente la respuesta a la convocatoria. Según sus cálculos, alrededor de tres cuartas partes de la playa llegaron a estar ocupadas por los participantes. «Es lo que queríamos hacer, ocupar este espacio y que se vea un poco nuestro», precisaron.
«Ibiza vive al límite»
Durante la lectura del manifiesto, la AJE advirtió de que «Ibiza vive al límite» y ha denunciado que las playas, las calles y la vida cotidiana de los residentes «no pueden seguir dependiendo» de un modelo turístico que, según la asociación, beneficia principalmente al visitante de alto poder adquisitivo mientras eleva el coste de la vivienda y de la vida para la población local.
El texto también denuncia la mercantilización de los espacios con potencial turístico y la pérdida de espacios para que los residentes puedan disfrutar de la isla. Los jóvenes han reivindicado asimismo la cultura y la lengua propias, que consideran cada vez más desplazadas de los espacios públicos y reducidas en ocasiones a su exhibición como atractivo turístico.
El manifiesto dirige sus críticas a las instituciones de la isla y al Govern balear, a los que acusa de dar «la espalda» a la historia y a la identidad eivissenca.
La AJE defendió que la acción de Cala Saladeta debe entenderse como parte de un movimiento más amplio de reivindicación del territorio y no como una protesta aislada. «Durante el verano los residentes pasamos a ser ciudadanos de segunda o de tercera», según precisaron, reclamando que los espacios públicos y las infraestructuras también estén pensados para quienes viven en la isla durante todo el año.
El manifiesto concluye con una reivindicación clara: «Porque queremos que nuestras calas vuelvan a ser nuestras calas, limpias y tranquilas». Y frente a la apuesta por alargar la temporada turística, la AJE plantea otro modelo: «La solución no es desestacionalizar, sino decrecer».
La jornada concluyó con el llamamiento de los organizadores a seguir recuperando espacios de «calma, tradición, pausa y respiro» también durante los meses de verano y con un último mensaje: «¡Visca Eivissa!».
¿Masificación? ¿De verdad? ¿Cómo es posible que un domingo de agosto unas 100 personas puedan ocupar cómodamente tres cuartas partes de Cala Saladeta y organizar una auténtica xindriada, mientras después se nos habla constantemente de la supuesta “masificación” de Ibiza? Cien personas de fiesta y miles de personas trabajando durante meses, muchas veces en condiciones muy duras, para que la isla pueda salir adelante y para que todos podamos disfrutar de servicios, carreteras, playas limpias y una mínima calidad de vida. Y no olvidemos algo fundamental: una parte importantísima del dinero que permite mantener todo eso procede precisamente del turismo. Es cierto que Ibiza puede estar algo saturada durante el pico máximo de la temporada, aproximadamente entre el 15 de julio y el 15 de agosto. Pero hablar de una isla completamente masificada es, sencillamente, faltar a la realidad. Ibiza es mucho más que la carretera de Sant Antoni o la carretera del aeropuerto. Que se vengan al municipio de Sant Joan o al de Santa Eulària y que me digan dónde está esa supuesta masificación. Encontrarán playas, pueblos y zonas perfectamente tranquilas, con un turismo mayoritariamente limpio y responsable. Quizás el problema no sea el turismo ni la supuesta masificación de toda la isla. Quizás el problema sea, simplemente, la mala gestión de determinados ayuntamientos y la incapacidad para gestionar correctamente los recursos en los puntos concretos.