En el pleno celebrado este jueves, el Ayuntamiento de Sant Josep se aprobó la equiparación legal del Bloque A con el B. Una medida que, según Silvia, presidenta del Bloque A y portavoz de ambos bloques, es «mucho más que un movimiento administrativo más». En su opinión este es un paso imprescindible para que los dos edificios —que comparten terreno, proyecto inicial de 1964, autorización militar y escritura notarial— puedan tener el mismo destino.
«Si el Bloque A no hubiera conseguido esta equiparación, no se podría hacer absolutamente nada», ha explicado Silvia. El punto clave que ha subrayado es que la documentación histórica siempre estuvo ahí: los timbres del pago de licencia de ambos edificios, la autorización de los militares (obligatoria al estar en zona estratégica), la escritura de obra nueva de 1965 donde el notario certificaba que todo estaba en regla. «¿Qué ocurrió? Que se perdió la licencia del Bloque A. ¿Por qué? Porque antes no se digitalizaban las cosas ni había protocolos como ahora».
Silvia apunta a una responsabilidad administrativa histórica: «Si realmente tenían en el archivo un expediente que faltaba una licencia, eso se tendría que haber solucionado. No se solucionó a lo largo de la historia y las cosas se van arrastrando y al final los muertos caen en el armario», sentencia
Doble hipoteca
De los 48 propietarios del Bloque A, 29 siguen pagando alquiler tras seis años fuera. Silvia se incluye en esa cifra. Además del alquiler, la mayoría paga hipoteca de una vivienda que no puede ocupar. Las ayudas municipales de alquiler —que este año han sido más restrictivas, con un tope máximo— no cubren el coste real. «En Ibiza los alquileres cada vez son más altos. Muchos vecinos están a punto de renovar contrato, y hay personas que están pagando hipoteca, pagando alquiler, y sus hijos están en la universidad. Para mí todas las situaciones de todos los vecinos son críticas».
Anisa, vecina del Bloque A que ha querido aclarar que su expresión es exclusivamente particular, describe la urgencia de la situación de forma más cruda: «Este año a la mayoría se nos termina el contrato, y la situación es delicada, porque los precios de los alquileres están por las nubes». Anisa subraya también que la declaración de ruina inminente de hace seis años «era en su momento mentira», y que las ayudas no han llegado por igual. «Algunos vecinos han recibido las ayudas, pero otros no».
La frustración de los años previos se refleja en su recuerdo: «Yo misma entré en mi propia casa como okupa para demostrar que sí se podía vivir en ella». Anisa cree que la equiparación es viable y que los vecinos seguirán luchando. Pero su crítica a la clase política es directa: «Los políticos no tendrían que ponerse trabas. Han sido muchos años de mentiras por parte de los representantes políticos».
Esperanza, pero sin fechas
Cuando se le pregunta si cree que la equiparación es viable, Silvia evita hacer apuestas: «No soy técnico ni abogado, pero sí veo que se están dando los pasos que nos dicen que hay que dar». Confía, dice, porque ve movimiento e intención.
Pero sobre calendario realista, Silvia es clara: no pueden aventurar fechas porque no depende solo de ellos. Primero hay que hacer una asamblea de vecinos, perfilar el documento de negociación, consensuarlo con vecinos y administraciones, presentarlo a transacción judicial. «El juez tardará lo que tarde. Cuando emita su veredicto, entonces los vecinos podemos pedir la licencia y hacer la ITE. Después hay que pedir autorizaciones sectoriales, y las sectoriales tardarán lo que tarden. Por esa razón no podemos aseverar nada».
Sobre el nivel de confianza en esta administración después de seis años de promesas incumplidas, Silvia matiza: esta administración no lleva seis años. «La que nos desalojó fue la anterior. Esta administración no ofreció ninguna solución hasta ahora». Dice que confía en el movimiento: «Estoy viendo intención, mucho trabajo por detrás. Los vecinos en general están más esperanzados que antes, cada vez más esperanzados».
Su conclusión resume la esperanza contenida de quienes llevan seis años fuera de casa: «El movimiento se demuestra andando. La intención siempre fue la misma: reparar el edificio, volver a casa y continuar con nuestras vidas».