Vicent Marí (Santa Eulària, 1965) afronta el último tramo de la legislatura con ilusión. Pero también con una más que evidente preocupación ante la invasión de Ceuta. Lo sucedido en la ciudad autónoma ha hecho saltar las alarmas en Baleares, destino de la ruta argelina. Y más al saber que el Gobierno de Pedro Sánchez cuenta con un informe que baraja esta posibilidad. El presidente del Consell tiene claro que, si Ibiza recibiera un centenar de pateras al mismo tiempo, la isla estaría en graves problemas. Y eso, confiesa, le quita hoy el sueño.
Crisis migratoria
—Esta semana hemos conocido que Sánchez ocultó un informe apuntando a una posible invasión de inmigrantes a Baleares, como ha pasado en Ceuta. ¿Qué opina de esto?
—Es gravísimo. Si el Gobierno de Sánchez lo sabía y no avisó, es un irresponsable porque no está haciendo nada por evitarlo. Es evidente que nosotros no tenemos ningún medio para hacer frente a una invasión como la de Ceuta y el Gobierno central no está destinando medios a la isla para evitar otra invasión.
«Ha sido una invasión humana sin ningún tipo de control»
—Hay quien considera que, después de Ceuta y Melilla, caerá Canarias, y que eso puede llegar, como dice este informe, incluso a Baleares.
—Me preocupa muchísimo que la invasión que ha sufrido Ceuta pudiera trasladarse a otros territorios. Nosotros somos frontera sur de Europa. Estamos asistiendo a un goteo constante de pateras desde una ruta consolidada que es Argelia, aunque el Gobierno lo niegue. Ya llegan más migrantes en patera a Baleares que a Canarias, con lo cual está claro que es una ruta consolidada. Y a veces tengo pesadillas de pensar que nos pudieran llegar aquí 100 o 200 pateras de golpe y lo que supondría para la isla de Ibiza. Esto, evidentemente, me quita el sueño después de lo que veo que ha pasado en Ceuta, donde el caos ha sido absoluto. Ha sido una invasión humana sin ningún tipo de control, sin ningún tipo de previsión por parte del Gobierno central. Y yo pido que hagan su trabajo, que es la política exterior, que es el control de fronteras, el control de la migración, que son competencias directas y constitucionales del Gobierno de España. Y que no nos tenga abandonados. Ya sufrimos aquí la obligación de hacernos cargo de los menores no acompañados que llegan y esto está asfixiando todos los servicios de protección que tiene el Consell. Lo que ha pasado en Ceuta puede pasar mañana en otro punto de España, y en este caso, evidentemente, Canarias y Baleares somos frontera sur de Europa y de España, y somos los primeros que sufriríamos estas avalanchas. Podría pasar aquí.
—Viendo lo que estamos viendo, ¿la inmigración irregular que llega vía pateras debería seguir tratándose única y exclusivamente como una crisis humanitaria?
—Desde luego que no. Llega un momento que tú puedes absorber una migración regulada, controlada, acordada con el país de origen... Evidentemente, España necesita inmigrantes, pero lo tiene que hacer de una manera regulada y controlada, no de una manera anárquica y descontrolada como está pasando. Porque no sabemos quién viene ni a qué viene. Esto es muy peligroso porque altera la convivencia, la seguridad y el modo de vida.
—Pero esta voz de alarma sobre quién viene y a qué vienen ya la dieron usted, Marga Prohens, Óscar Portas y el presidente de Mallorca en Bruselas.
—Efectivamente. Llevamos mucho tiempo quejándonos de la situación, pero hasta ahora no ha habido ninguna reacción por parte del Gobierno central. Es dejadez absoluta. No podemos ser un país ingenuo, no podemos ser un país buenista en el que todo el mundo es bienvenido. Es bienvenido el que venga de manera ordenada y controlada. Pero esto no tiene que ser un país de puertas abiertas, que se infiltre aquí, que se cuele aquí gente que viene a destruir nuestra forma de vida como ha pasado en Ceuta. La ciudadanía está desesperada, no quieren llevar ni los niños al colegio, tienen miedo de salir a la calle. Es un auténtico desastre. Y, evidentemente, si no se ponen medidas duras, medidas contundentes, no dejará de ser un efecto llamada para otras posibles invasiones. Hay que afrontar esta problemática desde el Gobierno central para evitar que vuelvan a producirse invasiones del tipo que acabamos de ver en la ciudad de Ceuta.
—Es alucinante hablar de invasiones en la España de 2026.
—Es que no podemos decir que haya sido una llegada de una patera o dos, como está ocurriendo prácticamente cada semana aquí. Ha sido una invasión de una ciudad de 80.000 habitantes donde han llegado otros 80.000 de golpe. Ha sido algo inaudito. Ha sido una invasión no armada, pero sí humana en el sentido de que han destrozado el modus vivendi de una ciudad española, de una ciudad que tenía unos servicios que se han visto desbordados. Servicios públicos como los sanitarios, que han quedado totalmente fuera de servicio porque es imposible atender a tanta población con las enfermedades que muchas veces traen. Es algo que no se puede controlar, no sabemos quiénes son. En definitiva, es algo que ha sido caótico, está siendo caótico, y por eso el miércoles hubo concentraciones en todos los ayuntamientos de España, precisamente para denunciar este hecho. Y para decirles a nuestros vecinos, a nuestros amigos de Ceuta, que el resto de España estamos con ellos.
—Salvando las distancias, sí que vemos que la pasividad del Gobierno de Sánchez es muy similar en Baleares y en Ceuta.
—Es que el Gobierno central ejerce un falso buenismo. Nosotros no podemos ser ingenuos. Pensar que podemos acoger a todo el mundo, eso es estar equivocado. Hay que ayudar a estos países en origen. Los menores no tienen que estar en centros de acogida aquí en Ibiza o en cualquier otro lugar de España. Tienen que estar con sus padres. Y, si hay que hacer una política exterior de ayuda a estos países para que no tengan la tentación de venir, hay que hacerla. Lo que no puede ser es que nosotros colapsemos nuestros servicios públicos en perjuicio de los residentes, de los españoles, los que pagan impuestos, y sean luego otros los que vengan a aprovecharse de estos recursos degradando estos servicios. Somos nosotros los que los financiamos y los que tenemos el deber y la responsabilidad de utilizarlos de la manera más responsable posible.
«Tutelamos 130 menores no acompañados y cuesta una media de unos 9.000 euros al mes»
—¿Cuántos menores tiene tutelados hoy el Consell y cuánto nos cuesta esto?
—La cifra es pública. En estos momentos tutelamos 130 menores no acompañados y viene a costar una media de unos 9.000 euros al mes. Es lo que le cuesta a la administración mantener un menor que nos entra vía patera y llega al centro de menores.
—¿Y por qué cuesta tan caro? ¿Usted entiende las críticas a este gasto? No gastamos en nuestros hijos esas cantidades.
—Es una aberración. El Consell tiene sus servicios de menores desbordados. Ha tenido que licitar la custodia de estos menores a empresas, a entidades sociales que tienen personal, que han tenido que buscar vivienda, que han tenido que traer al personal desde la Península. Todo esto supone un sobrecoste que quizás en la Península no es tanto, pero aquí en Ibiza se dispara. Estamos atrapados en un sistema que nos obliga a prestar estos servicios, a cuidar a esos menores. Evidentemente hay que alimentarlos, hay que cuidarlos, hay que vestirlos, pero el coste en sí es vergonzoso.
Ampliación aeropuerto de Ibiza y turismo
—Cambiamos de tercio. Se ha convocado una manifestación para el 20 de septiembre contra el proyecto de Aena para el aeropuerto. Cuando Aena presentó el proyecto en el Consell, parecía que había cierto consenso sobre el mismo. ¿Qué está pasando? ¿Qué cree usted como presidente?
—Quien ha convocado es una asociación de jóvenes de Ibiza que se queja de la macroampliación del aeropuerto. Nosotros también. Cuando nos enteramos de un proyecto que ha sido tratado con mucho ocultismo por parte de Aena, vimos que aquello era desmesurado y que no tenía sentido. El aeropuerto necesita modernizarse. Es una vergüenza cómo están los servicios, qué tratamiento de las aguas hacen… Nosotros somos usuarios, no solo los turistas que vienen. Queremos unas instalaciones dignas y eso se lo trasladamos a Aena, que escuchó no solo al Consell, sino también a los ayuntamientos y a las asociaciones empresariales y sindicales. Quedaron en que cualquier cambio que hubiera se escucharía a todas las partes. Y lo que queremos es no solo que se arregle la terminal, sino también el exterior porque allí hay muchos profesionales del transporte regular, transporte discrecional, taxistas, VTC, que tienen en el aeropuerto su lugar de trabajo y tiene que haber unas instalaciones adecuadas para que puedan realizar sus funciones y trabajar con comodidad. Mejorar el aeropuerto sí. ¿Una macroampliación? No creo que haya nadie en Ibiza que quiera que el aeropuerto crezca hacia un torrente o en un espacio natural porque esto es una aberración.
—El anuncio de la conexión entre Ibiza y Nueva York está generando mucha expectativa. ¿En qué será positivo para la isla?
—Este vuelo directo desde Nueva York abre una nueva etapa en el sector turístico de Ibiza. Siempre hemos querido apostar por la calidad y es un hecho que cada vez tenemos un turismo de más calidad y no de tanta cantidad. Lo importante es abrir una ruta directa con un mercado de alto poder adquisitivo. Se ha trabajado mucho de la mano del sector, con todos los agentes económicos de la isla, para conseguir este hito, que era un vuelo directo. Y para Ibiza sobre todo significa una diversificación de los mercados turísticos. Ibiza no depende de un único mercado. El británico y el español son los más grandes, pero el resto de nacionalidades son muy diversas. Quiere decir que si algún año tenemos algún problema con alguna nacionalidad, siempre tendremos otra que cubre ese fallo que se produce. Nuestra apuesta sigue siendo la diversificación de mercados, y en este caso el americano era un anhelo, era algo que se esperaba y se venía persiguiendo desde hace mucho tiempo.
«Ibiza ya ha empezado a controlar estos flujos»
—Llama la atención que esta conexión se anuncie con tanta alegría en un momento en el que la sociedad de Ibiza está rechazando la saturación. ¿Cómo cuadra una cosa con la otra?
—A ver, Ibiza hace un trabajo desde hace ya unos años muy serio en materia de control de flujos. Llevamos una política de contención seria con la lucha contra el intrusismo. Fuimos la primera institución que creó una oficina de lucha contra el intrusismo. Algunos se reían, decían: «¿Esto qué es?». Pues está dando sus resultados: hemos eliminado prácticamente todos los anuncios de las diferentes plataformas que comercializaban hasta balcones, tiendas de campaña... Estamos llevando a cabo una política seria de eliminación de oferta ilegal. Lo mismo en el transporte con los taxis piratas.
Llevamos una política de acoso y derribo a los piratas, a los ilegales, a los que vienen a aprovecharse de la isla sin dejar nada a cambio. Esta política de lucha contra el intrusismo, esa política de limitación de vehículos, esa política de apuesta por un transporte público está haciendo que Ibiza se haya anticipado a otros destinos en una problemática que es global. Las zonas turísticas de éxito tienen un problema de masificación, de saturación, pero Ibiza ya ha empezado a controlar estos flujos. Desde muchos otros destinos se fijan en las políticas que hemos puesto en funcionamiento. Estamos a la vanguardia de aplicación de políticas innovadoras en control de esa masificación y contención de esa saturación que muchos denuncian. Yo respeto la opinión de los que se quejan, pero creo que no tienen en cuenta todo el esfuerzo y todo el trabajo que se está llevando a cabo.
—Esta temporada estamos viendo que, por un lado, tenemos un turismo de alto poder adquisitivo y, por otro, un turismo que sería un poco low cost. El familiar sigue cayendo, según denuncian casi todos los sectores. Hay muchos negocios cuyo cliente potencial es el turismo familiar y la clase media. ¿Qué va a pasar?
—Es que en turismo pasa una cosa muy curiosa. Yo me acuerdo que cuando Ibiza era ‘todo incluido’, nadie quería ‘todo incluido’, teníamos que cambiar el modelo. Se cambió el modelo: abandonamos el ‘todo incluido’, se modernizaron los hoteles, se mejoró la calidad... y ahora nos quejamos de que el turismo es de lujo. No, Ibiza tiene todo tipo de turismo, un turismo muy variado. Hay turismo familiar. En el producto que gestionamos nosotros, que es Family Moments, hay más de 14.000 plazas turísticas más oferta complementaria. No es cierto que no haya turismo familiar.
Ibiza no es un destino barato, eso es verdad. Pero es que querer tener calidad y no querer crecer en cantidad significa que los precios son elevados porque también tiene una alta demanda. Ibiza es un destino de éxito y nosotros siempre hemos dicho que no queremos depender de un solo mercado, pero tampoco de un solo producto. Ibiza tiene turismo familiar, turismo de sol y playa, turismo gastronómico, patrimonial, tenemos turismo MICE cada vez más, turismo deportivo... Tenemos todo lo que desearía cualquier destino turístico del mundo. Todo el mundo desea venir. Y, evidentemente, cuando hay mucha demanda los precios suben.
—Pero yo no estoy hablando de hoteles. Hay otros negocios restaurantes o comercios que observan con preocupación el futuro. Si se sigue profundizando en este modelo, muchos de estos establecimientos no tendrán sentido.
—Es verdad que hay una amplia oferta de alojamiento y complementaria. Tal vez en la oferta complementaria hay un exceso de oferta. Se ha luchado mucho contra el intrusismo y han dejado de venir unas 20.000 personas el año pasado en el mes de agosto, manteniéndose la ocupación hotelera. Claro, esas 20.000 personas menos que llegaron a estar en Ibiza han dejado de consumir en comercios, han dejado de consumir en restaurantes… Pero si no queremos tener una isla saturada, si no queremos tener una isla donde el visitante y los residentes se sientan agobiados, tenemos que apostar por el equilibrio. Y el equilibrio significa balancear la situación. Las plazas hoteleras no han crecido en los últimos 20 años. Lo que sí ha crecido es la población residente y mucho. Entonces ya no es un problema turístico. Es un problema de la gente que vivimos en la isla porque ha crecido mucho y genera presiones sobre cuestiones como la vivienda. Concretamente, el año pasado se aumentó la población en 1.600 habitantes. Eso significa que se tendrían que haber construido 500 viviendas para alojar a toda esta gente. Es preocupante esa presión demográfica. Pero es un reto que tenemos por delante. Y evidentemente el turismo es nuestra única fuente de riqueza. Tenemos que conservar el turismo y mejorarlo. El turismo no tiene que cuestionarse, tiene que gestionarse y gestionarse bien. Somos un destino de éxito. Muchos querrían estar en nuestro lugar. Tenemos problemas internos que hay que solucionar y corregir. Ahora también tenemos que abordar el problema de este crecimiento poblacional.
Vivienda
«La única construcción que se tiene que hacer en vivienda en Ibiza es para residentes»
—¿Y este problema cómo se aborda? No se puede poner puertas al campo.
—De alguna manera sí, porque ¿tú cómo vas a prohibir que alguien venga a vivir a Ibiza si aquí se vive bien, si aquí hay trabajo? Pero llega un momento en que todo tiene un límite. Esto es una isla, no es un territorio infinito que pueda crecer. Y yo estoy convencido de que la única construcción que se tiene que hacer en vivienda en Ibiza es para residentes, gente que lleve aquí un mínimo de 10 años residiendo. Porque lo que no es lógico es que venga gente a vivir aquí y desplace a los que toda la vida han vivido aquí. Hay que construir para la gente de aquí, para residentes, a precios asequibles.
—En ese sentido van a ser muy importantes, a priori y si sale todo según lo previsto, los planes residenciales estratégicos.
—Esa es una oportunidad que tenemos para que lo que se construya sea única y exclusivamente para gente que toda la vida ha vivido aquí. Que los ibicencos no tengan que irse de su tierra. Los ibicencos o gente que haya venido a la isla y lleve equis años residiendo. Que puedan venir, hacer su carrera profesional aquí y puedan acceder a una vivienda a un precio asequible, ya sea en alquiler o sea en régimen de compra.
—Tenemos un Gobierno central cuyo mayor proyecto en vivienda en Ibiza es Ca n’Escandell. Llevamos más de una década no se han puesto ni las calles.
—Es que el Gobierno central tiene a Ibiza como un lugar donde recaudar impuestos, pero no para invertir y mejorar la calidad de vida de sus residentes. Lo vemos diariamente con el tema de la inmigración, con el convenio de carreteras... Tienes un Gobierno central que tampoco cubre las plantillas de guardias civiles ni de policías. Simplemente se acuerda de nosotros cada año cuando hay que pagar el IRPF o trimestralmente el IVA para hacer caja. Es muy triste. Los ibicencos estamos acostumbrados a pagar, pero no a recibir lo que nos corresponde por lo que contribuimos, por lo que ayudamos a nuestro país con nuestros impuestos. Ibiza es la gran olvidada de un Gobierno central que yo creo que ni nos ve. Nos ignora completamente.
«Me quejo y levanto la voz porque Ibiza es la gran olvidada de un Gobierno central»
—¿De qué le sirve a Ibiza el Gobierno de Sánchez?
—De nada. Absolutamente de nada. Porque ni está ni se le espera. Es un gobierno que solo se preocupa de sus cosas, pero no de las cosas comunes. Y yo siempre me quejo, pero no me quejo por un tema ideológico o por un tema político. Me quejo y levanto la voz porque Ibiza es la gran olvidada de un Gobierno central que tiene otras prioridades. Ibiza está en el último escalón que pueda haber. Por lo tanto, no espero nada del Gobierno de Sánchez y espero que cambie cuanto antes. Este es mi anhelo porque estoy convencido de que peor no va a ser.
—¿Usted habla de esto con los consellers del PSOE y con los diputados del PSIB en el Parlament?¿Ellos qué le dicen?
—Yo tengo amigos y gente conocida en el PSOE y a veces no entiendo la posición de algunos que se preocupan más de defender a su líder que de defender al ciudadano. Esto no va de ideología. Esto va de ser prácticos, de ser realistas y de saber lo que necesita Ibiza. Y reclamarlo no tendría que ser exclusivo de ningún partido. Tendría que ser algo común de todos. Que yo critique a Pedro Sánchez está mal visto cuando mi crítica no es directa a Pedro Sánchez. Es una crítica a los hechos de su gobierno. Creo que la política es un debate de ideas, es un debate de cuestiones que hay que solucionar y cuando se plantean y se ven como una agresión, creo que la otra parte ya está dando una imagen que no es real. Si te preocupas más de defender a tu líder que a defender a los ibicencos...
—Pero esto es cosa del culto al líder. El ‘sanchismo’ es eso.
—Claro, eso es el ‘sanchismo’. El ‘sanchismo’ es el culto al líder y a que, diga lo que diga, está bien hecho. Pues no. Yo soy crítico conmigo mismo, con los míos y con los otros. ¿Por qué? Porque tengo un espíritu de superación, porque tengo un espíritu de querer mejorar las cosas. Hay que ser crítico en la vida, pero también crítico constructivo. La crítica destructiva no va conmigo. Por lo tanto, si me quejo es porque creo que tengo razón, ¡y si no, que me demuestren que no es así! (Risas)
Próximas elecciones
—Quedan nueve meses para las elecciones. ¿Cómo se plantea este último tramo de la legislatura?
—Muy intenso. Quedan nueve meses de legislatura, es mucho tiempo, y hay muchos proyectos en marcha y otros que se tienen que iniciar. La verdad es que estamos muy ilusionados por acabar todo lo que tenemos entre manos, como la rotonda de los Cazadores, que era una reclamación histórica, un punto negro de nuestra red viaria y por fin será una realidad. Poner en marcha proyectos que eran muy demandados, como el Parc Motor, el centro de cultura inmaterial en el hipódromo o el nuevo pabellón deportivo en Sa Coma. También vamos a demoler las ruinas de Cala d’en Serra, un entorno paradisíaco. Es una herida en nuestro paisaje, en nuestro territorio, que lleva muchos años ahí y que vamos a ser el gobierno que lo ha afrontado. Ha costado muchos años, pero lo que se hace con tesón, con ilusión y con ganas acaba convirtiéndose en realidad y veremos esta legislatura la demolición de la estructura de Cala d’en Serra. Y hay otros proyectos a punto de finalizar, como la residencia para la Guardia Civil del Mar, que la tendría que hacer el Gobierno central pero colaboramos a través del ITS y la cesión de un pabellón allí en Sa Coma. Las 12 viviendas que ahora estamos finalizando para Servicios Sociales. Tenemos muchos proyectos en marcha a punto de finalizar y otros que empezaremos a poner en marcha. Esto es un no parar: acabas uno y empiezas dos.
—Ya sé que me va a decir que no lo ha decidido o que no piensa en esto, pero ¿va a repetir como candidato?
—Pues es verdad que no lo tengo decidido. Yo siempre he dicho que en una institución hay que estar ocho años, porque es el tiempo que se necesita para llevar a cabo un proyecto. Y lo creo firmemente, pero tengo que decir que lo incumplí cuando era alcalde de Santa Eulària. Creía que tenía que estar ocho y acabé estando doce. Y ahora no lo he decidido. Pero, en cualquier caso, tanto si continúo como si no, yo soy feliz haciendo lo que hago, disfruto con lo que hago, pero no tengo especial apego al asiento. Si mañana lo dejo, lo dejaré con mucha felicidad. Y si continúo, también continuaré con mucha felicidad e ilusión. Soy un apasionado de hacer las cosas por convicción, con ganas. Y si no fuera así, no las haría. Y, haga lo que haga, lo haré convencido.
Desde luego Sr Marí, la llegada de todas esas pateras que describe en sus pesadillas serían de todo menos graciosas. Dicho esto, podemos hablar de las pesadillas covertidas en realidad que afrontamos los residentes de esta maltratada isla de manera diaria: conducción temeraria y tasa de accidentes de carretera disparados hasta hacer que conducir por Ibiza sea toda una práctica de riesgo, vertidos de aguas fecales por diversos puntos de la costa, saturación de las costas de embarcaciones y motos de agua, modelo turístico basado en la fiesta discotequera 24/7 que beneficia solo a los grandes empresarios del sector y que paralelamente crea muchos de los problemas de convivencia y seguridad que padecemos, infraestructuras y servicios públicos al límite o desbordados, políticas de crecimiento poblacional y construcción cuando lo que demanda este territorio reducido y limitado por el mar son decisiones valientes que incentiven la contención si no reducción directamente de turistas, residentes, vehículos, embarcaciones, todo ello cuando se ve que no hay agua, ni corriente eléctrica ya para todos. En definitiva, está bien reclamar al gobierno central lo que le corresponda pero hay que mirar hacia dentro también porque a nivel local se pueden hacer muchas cosas y por aquí, lo que se ve, no invita a ser optimista. Buenos días