Durante algo más de tres horas una veintena de personas ha recorrido esta mañana la Ibiza más tradicional a través del valle de Rafal Trobat en una experiencia que mezclaba patrimonio natural, manejo sostenible del agua e historia apícola ibicenca. Enmarcado dentro del proyecto Units pel Nostre Parlar del Ayuntamiento de Sant Josep, Aliança per l'Aigua y la Asociación de Vecinos Rafal Trobat organizaron el itinerario guiado que durante más de tres horas pasó de la conservación del ciclo hidrológico a las colmenas antiguas y modernas, con un hincapié particular en el lenguaje específico de la isla en torno a las abejas.
El agua fue el primer eje temático. Vicent Marí, Palermet, quien ha ejercido de maestro de ceremonias en todo momento, ha explicado cómo funciona una balsa de infiltración que lleva más de una década en la zona, ubicada estratégicamente en Rafal Trobat para optimizar el ciclo hidrológico insular. La idea es captar el agua de lluvia, detenerla, dejarla infiltrarse en lugar de que se dirija hacia el mar. «Es fundamental para la isla», ha subrayado Marí, «porque el agua que se infiltra recarga los acuíferos».
El resultado en el terreno es ya visible: la biodiversidad ha aparecido tanto en forma de vegetación como de animales. Ahora, con meses sin precipitaciones, la balsa sigue manteniendo agua, y eso ha permitido que especies vegetales acuáticas colonicen el espacio, junto con fauna asociada que antes no estaba presente en el territorio.
Junto a esta infraestructura de infiltración hay otra, mucho más moderna: una balsa antiincendios, un gran depósito donde los helicópteros pueden recargar agua para extinguir fuegos durante la campaña estival. La idea de esta es que cuanto más cerca pueda repostar la aeronave, más viajes efectivos puede realizar en la campaña de verano, reduciendo tiempos críticos cuando el fuego avanza. Es un ejemplo de cómo la gestión del agua trasciende el ámbito ecológico y toca también la prevención de riesgos.
La actividad, sin embargo, ha gravitado principalmente sobre las abejas. El recorrido pasó por Can Collet, donde funciona un museo al aire libre dedicado a la apicultura ibicenca. Allí, bajo la orientación de especialistas, se han comparado las colmenas antiguas con las modernas, se ha explicado el manejo tradicional del oficio en la isla y se ha realizado una pequeña cata de miel. Los asistentes han podido acceder a colmenas en explotación activa, abiertas para la inspección, permitiendo una observación directa de la actividad de la colonia.
Lo más valioso de la jornada ha sido la insistencia sistemática en el vocabulario específicamente ibicenco del oficio apícola. Una colmena no se llama así en la lengua vernácula de la isla: es una «casera». El panal es la «bresca», y cada celda dentro de ella es un «casero». A la cría de la abeja se le denomina «poll», y el polen recibe el nombre de «amac». Términos que configuran un universo lingüístico propio, arraigado en siglos de práctica insular. Vicent Marí ha subrayado que este lenguaje es patrimonio vivo pero en riesgo, particular de la isla, y que desaparecerá si no se documenta y transmite deliberadamente a nuevas generaciones.