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«Ibiza y Formentera han crecido por encima de sus posibilidades»

El Informe Fénix, presentado en la UIB, pone datos a la saturación que enfrentas las Islas Baleares

Presentación del Informe Fénix. | Foto: Moisés Copa

| Ibiza |

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En 24 años, Ibiza ha pasado de 90.000 a más de 160.000 habitantes, un crecimiento sin parangón: ni una sola región en Europa ha experimentado un crecimiento demográfico como el de las Islas Baleares desde el año 2000. Esta cifra, tan contundente como parece, representa un aumento del 78% de la población en poco más de dos décadas. Pero detrás de esa estadística se esconde una trampa económica que está ahogando lentamente a la región: la economía balear ha crecido extraordinariamente en volumen, sí, pero ha divergido de Europa, siendo incapaz de aumentar su productividad, debido al enfoque en el sector terciario.

Los números que presenta el Informe Fénix, cuya síntesis fue presentada este miércoles por la tarde en la sede de Ibiza de la UIB inciden en esta idea. Hasta el año 2000, Baleares convergía hacia los estándares europeos. El producto interior bruto per cápita pasó del 50 por ciento de Francia -país europeo tomado como referencia en el informe- hasta el 90 por ciento. Parecía que Baleares tenía que acercarse, cada vez más, hacia los estándares europes.

Divergencia con Europa

Pero desde entonces, la historia cambió de dirección. Desde el año 2000 hasta hoy, en lugar de continuar convergiendo, Baleares ha comenzado a divergir. El mismo PIB per cápita que alcanzaba el 90% del francés está ahora al 80%, es decir, un retroceso de 10 puntos porcentuales. Mientras el resto de Europa seguía creciendo de forma sostenible, Baleares ha estado corriendo en sentido contrario.

Miquel Puig, economista y coordinador del Informe Fénix en Baleares, trató de dilucidar el motivo de esta divergencia: el crecimiento económico de estos últimos 24 años no se ha debido a un aumento de productividad, a que cada trabajador produzca más valor sino simplemente a que se ha «aportado trabajadores, mano de obra de fuera». La inmigración ha sido el motor exclusivo del crecimiento, mientras que la economía no ha sido capaz de ser más eficiente. Ha crecido porque ha incorporado más gente al mercado laboral, la mayoría en empleos de baja cualificación y bajos salarios.

«Una economía que crece únicamente por incorporación de trabajadores, sin mejorar su productividad, no está creando riqueza real», aseguraba Puig durante su intervención, para tratar de resumirlo en una sola frase: «el crecimiento en volumen no significa un aumento de la renta si no se relaciona con un aumento de la productividad, del valor añadido bruto por ocupado».

Servicios básicos «al límite»

Este crecimiento sin productividad ha generado dos problemas que operan simultáneamente: el primero, la tensión brutal en los servicios básicos. «Es imposible que no colapse un sistema de vivienda, sanidad y educación diseñado para una población que era casi cinco veces más pequeña hace apenas una generación». En este sentido apunta al precio de la vivienda se ha disparado fuera del alcance de la población trabajadora, además de unos servicios públicos que considera al límite.

El segundo problema es de más largo recorrido, señala: un trabajador que gana 20.000 euros anuales —cantidad típica en los sectores que conforman el tejido económico balear: hotelería, restauración, servicios auxiliares, comercio retail— no genera suficientes impuestos durante toda su vida laboral para cubrir lo que cuesta educarlo si tuvo que hacerse en una escuela pública. Tampoco para financiar los servicios de sanidad que utiliza. Ni para pagar una pensión contributiva decente al jubilarse. Ni para acceder a servicios de asistencia social cuando los necesita. El coste social total que ese trabajador genera a lo largo de su vida es sistemáticamente superior a los impuestos que es capaz de pagar.

Bajos salarios

El Informe Fénix ha calculado este umbral: un trabajador necesita ganar al menos 29.000 euros brutos anuales (27.500 en datos de 2023) para que su aportación fiscal pueda cubrir los servicios públicos esenciales. Por debajo de esa cifra, la diferencia corre a cargo del presupuesto público general. Es una subvención encubierta a la industria que los contrata.

En los sectores de la hostelería, el turismo de bajo coste y el comercio minorista —que emplean a la mayoría de la población activa balear— los salarios medios están significativamente por debajo de ese umbral de 29.000 euros anuales. La brecha es amplia. Esto significa que la mayoría del empleo generado en las últimas dos décadas en Baleares está siendo, en realidad, subvencionado por los fondos públicos.

Cambio de rumbo

¿Se puede frenar esta dinámica? Puig es optimista, pero condicional. «Todo dependerá de lo que quieran los baleares», ha dicho. «Las sociedades van donde quiere su gente». Durante décadas, Baleares ha perseguido obsesivamente crear empleo. Cualquier empleo. Eso ha sido la prioridad política y económica indiscutible. Pero Puig es claro: «Crear lugares de trabajo según qué lugares de trabajo hoy es malo».

Ha visto «síntomas» de que la opinión pública ha comenzado a cambiar. Hay una creciente consciencia de que la saturación no es aceptable, de que no se puede seguir permitiendo que la población crezca sin límite, de que la calidad de vida se ha deteriorado a la par que el PIB ha subido. Pero esa toma de consciencia llega tarde. Llega cuando el edificio ya está agrietado.

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1 comentario

user Luis | Hace 2 horas

Por fin un documento serio que refleja con datos lo que muchos ya percibimos hace años. Eivissa se ha convertido en un parque temático donde se forran discotecas y grandes empresas. Para estas empresas es necesario mano de obra y efectivamente es mano de obra poco cualificada (camareros, limpiadores, cocineros, taxistas y demás), la mayoría de fuera y que no aportan nada al sistema productivo insular porque es temporal, más bien al contrario, encima consumen recursos de aquí (sanitarios, vivienda, etc) y después los residentes tenemos todo tipo de dificultades. Gran informe, más claro imposible. A ver si el sr Marí se lo lee.

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