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Chabolismo en Ibiza: empieza el desalojo del asentamiento de ses Feixes de es Pratet

«Nos han dado dos horas», se han quejado algunos de los moradores

Dos de las personas desalojadas. | Foto: Gisela Revelles

| Ibiza |

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A las 09.00 horas de este martes ha comenzado el desalojo de parte del asentamiento ilegal instalado en Ses Feixes de es Pratet, un humedal ubicado en el municipio de Ibiza y declarado Bien de Interés Cultural (BIC), convertido en prácticamente un vertedero y en el que residen desde la pasada primavera unas 80 personas en tiendas de campaña y chabolas.

Comenzaron a llegar justo después del desalojo de Sa Joveria y este martes les han dado «solo dos horas» para salir de este terreno, según han explicado moradores en declaraciones a Periódico de Ibiza y Formentera.

«Yo me voy ahora y por la tarde ya vendré a por mis cosas»

Tiendas de campaña y chabolas son las infraviviendas en las que llevan meses residiendo. Todos son extranjeros y muchos de ellos dicen tener trabajo. Incluso, en contratas municipales. Es el caso de un marroquí que no quiere ser identificado y que, vestido con su uniforme, trabaja en un servicio público de limpieza: «Yo me voy ahora y por la tarde ya vendré a por mis cosas».

Asegura que lleva 25 años viviendo en Ibiza y que su última vivienda como tal fue un piso compartido con otras 11 personas. «Me fui porque no aguantaba más los problemas», relata mientras cuelga ropa mojada en un pequeño tendedero, «empezamos siendo cuatro personas y al final metieron a 11. Había gente que se metía cocaína, otros estaban siempre borrachos. Había peleas constantemente. Así que decidí venirme aquí. Para vivir así, estoy mejor en la calle. No sé qué problema hay en Ibiza pero hay mucha droga y mucho alcohol».

Cuenta también que su vecino de tienda de campaña pasa las mañanas en el hospital de Can Misses para recibir diálisis. «Es también marroquí», explica, «lleva en Ibiza el mismo tiempo que yo. No sé qué hará él pero yo tengo claro que no vuelvo a vivir con 11 yonkis».

Dos mujeres jóvenes acompañadas de una niña de unos dos años llenan bolsas para salir de su tienda de campaña. No quieren hablar y solo explican con cara de preocupación que llevan «unas dos semanas» en la zona. El suyo es el único espacio en el que no hay basura acumulada. Nada que ver con el resto del lugar, plagado de centenares de garrafas de agua vacías, colchones destrozados y todo tipo de restos. El paisaje resulta más que sorprendente si se tiene en cuenta cómo se apeló a supuestos elevados valores medioambientales y patrimoniales para su conservación hace ya más de dos décadas.

Abel es del Sáhara y comparte chabola con un paisano. Asegura que les han avisado este martes de que tenían que abandonar su precaria vivienda. «Nos vamos a la calle», dice sonriente a pesar del problema y explica que trabaja en un rent a car. «Ahora viviré en el coche», asegura, «la empresa no puede darme alojamiento». Y aclara que ni él ni sus compatriotas son los responsables de la basura acumulada en el terreno: «Aquí hay gente muy guarra pero no somos nosotros».

Mahfod es también saharaui. Apenas habla español pero explica que, en su caso, sabe desde hace una semana que tienen que abandonar el campamento. Pero también afirma que no les habían indicado la fecha exacta y que este martes por la mañana les han dado «solo dos horas» para salir. Lleva ocho meses en Ibiza y sigue buscando trabajo. «Si no me sale nada, me iré a la Península», se despide mientras abandona el asentamiento con sus pertenencias dentro de la bolsa de una conocida cadena de supermercados.

La excavadora avanza lentamente en el derribo de las cañas y la maleza. Su objetivo este martes, dice uno de los operarios, no es tirar las infraviviendas sino convencer a los residentes en el asentamiento de que el desalojo va en serio. Dos policías locales acompañan a los trabajadores, que van hablando con los residentes para explicarles que se tienen que ir.

«La gente se va, ninguno ha puesto inconvenientes», explica el responsable del equipo, «de aquí a unos tres días se irán todos». La existencia de las antiguas feixes «no es ningún problema». Y lo que más le ha sorprendido es la presencia de periodistas esta mañana en un lugar al que no estaba previsto que acudieran los medios.

«Me cobran 450 euros y me parece un buen precio viendo cómo están las cosas en Ibiza»

El peruano Tommy García cuenta que lleva en el asentamiento pocos días. Llegó a Ibiza hace tres años y ahora está a la espera de poder alojarse en una habitación que le proporciona la empresa para la que trabaja como jardinero. «Pero eso será a final de mes», cuenta, «me cobran 450 euros y me parece un buen precio viendo cómo están las cosas en Ibiza. Mientras tanto, hay una furgoneta en el trabajo que podré usar para vivir ahí. Pediré un colchón. Van a ser pocos días».

El joven cree que el desalojo obedece únicamente a la suciedad: «Hay gente muy cochina. Puede ser que por eso los echen de aquí».

Muy cerca, en otra tienda de campaña, han vivido durante meses Guerdundula Schmitz y su pareja, alemanes. Sentada en el suelo, observa abatida cómo la excavadora se mueve alrededor. Dice que la Policía Local les ha informado de que tienen dos horas para recoger sus cosas y desalojar. «No sé exactamente dónde vamos a ir», dice, «llegamos hace poco. Antes estábamos en sa Joveria. Tampoco tengo trabajo porque ya tengo 66 años pero estoy buscando. Siempre he trabajado en mantenimiento de casas». Ella, su pareja y su perro abandonan Ses Feixes con un carro de la compra y algunas bolsas.

Alivio entre los vecinos

Entre los vecinos del barrio se respira cierto alivio, aunque el desalojo no sea completo y quede aún un número muy elevado de personas viviendo en el interior del humedal. Vanessa Vivas, que vive al lado, muestra su preocupación sobre todo por los más pequeños. Asegura que en el campamento viven varios niños y se pregunta cómo es posible que nadie intervenga en esos casos para evitar que sufran las consecuencias. «El otro día llovía y yo veía a una de las niñas y no entendía nada», cuenta. Pero también denuncia: «Son muy sucios. Te insultan, te escupen por ir con pantalón corto. Pero a mí lo que de verdad me preocupa son los niños que están viviendo ahí. No es normal».

Los vecinos cuentan que en la antigua casa de Can Murtera, que da nombre al camino que une la calle Mallorca con el puerto, hay gente viviendo desde antes de que se creara el asentamiento. Al lado, en lo que antes era la colonia urbana de gatos, se ha instalado «un ecuatoriano que resulta que ahora le cobra el alquiler a los yonkis que están en la casa grande». Una locura más dentro de un espacio protegido en el que, según relata, «cogen la luz de la que hay en el muro del camino y tienen ellos luz, televisión y todo».

El concejal de Medio Ambiente de Ibiza, Jordi Grivé, ha visitado la zona a media mañana y ha explicado que es la propiedad de esta finca la que está llevando a cabo la limpieza «a instancias del Ayuntamiento». A pesar de la existencia de menores en el campamento y de enfermos crónicos, Grivé ha afirmado que los Servicios Sociales de Ibiza «no han detectado ningún vulnerable». Y ha avanzado que la limpieza total del terreno tardará cerca de una semana por la gran cantidad de residuos y por la necesidad de separar los mismos.

El edil ha recordado que el Ayuntamiento de Ibiza tiene una comisión de asentamientos que realiza el seguimiento de estos campamentos ilegales en la ciudad semanalmente con técnicos de los departamentos de Medio Ambiente, Urbanismo y Servicios Sociales.

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2 comentarios

Anonimus Manu | Hace 3 horas

Se cambian de sitio y ya esta . Con los politicos actuales no hay solución

user Acheloo | Hace 3 horas

Todos son extranjeros, lo dice la noticia. No se va ninguno porque es más fácil parasitar aquí que en sus países

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