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Salud mental en Ibiza: la historia de Alberto González que emociona a Santa Eulària

Cerca de un centenar de personas acompañan al ‘eularienc’ en el regreso al Teatro España del corto de Lucía Ortín sobre salud mental y discapacidad

La proyección de 'Donde brotamos' en el Teatro España de Santa Eulària.

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Hubo lágrimas, pero también muchas risas. Y ninguna de las dos cosas nació de la compasión. Cerca de un centenar de personas acompañaron este miércoles a Alberto González en el regreso de Donde brotamos al Teatro España de Santa Eulària, ocho meses después de que el cortometraje documental dirigido por Lucía Ortín se estrenara en ese mismo escenario.

Entre el público había familiares, amigos y muchos vecinos del municipio que conocen a Alberto desde hace años. Esta vez, sin embargo, pudieron acercarse a él de otra manera: a través de su trabajo en el campo, de su relación con la naturaleza, de sus pensamientos y, sobre todo, de su propia forma de entender la vida.

La proyección, organizada con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, estuvo seguida de un coloquio con Alberto y Ortín. Entre los asistentes se encontraba también Antonia Picó, segunda teniente de alcalde y concejala de Igualdad, Transparencia y Acción Social del Ayuntamiento de Santa Eulària.

«La unión hace la fuerza y, si estamos unidos, podemos compartir muchas cosas», afirmó Alberto durante una conversación en la que consiguió arrancar en varias ocasiones las carcajadas del público. Su sentido del humor atraviesa también el documental y no está ahí por casualidad.
Ortín explicó que, durante el montaje, tuvieron especial cuidado a la hora de escoger esos momentos. «Alberto es una persona súper graciosa y esa es su verdad», señaló. El objetivo era que el espectador pudiera reírse con él, como lo haría con cualquier otra persona, y no desde una mirada paternalista.


Una historia contada desde su propia voz

Donde brotamos nació precisamente de las conversaciones que Alberto y Lucía Ortín, educadora social además de directora del documental, compartían en privado. Con el tiempo surgió el deseo de que aquellas reflexiones pudieran llegar a otras personas.

«No porque la historia de Alberto fuese extraordinaria ni porque pretendiese que se convirtiera en una historia de superación sino porque todas las historias merecen ser escuchadas», explicó Ortín durante el coloquio.

Esa premisa determinó también cómo debía construirse el documental. La directora tenía claro que no quería hablar en nombre de Alberto ni conducir su relato hacia una conclusión determinada.

«Cada vez me rechina más esta expresión de ‘dar voz’ a otras personas», explicó antes de la proyección. «Yo no voy a dar voz a nadie porque todo el mundo tiene ya su voz». Para Ortín, la cuestión pasa por algo diferente: «Lo que tenemos que hacer es dar espacio para que esas voces sean escuchadas».

La película acompaña a Alberto en su día a día y especialmente en su trabajo en el campo, un entorno que ocupa un lugar central en su manera de entender el mundo. Esa relación con la naturaleza dejó también una de las reflexiones que más respuesta provocó entre el público: «Si tú cuidas de la naturaleza, la naturaleza cuidará de ti».

Alberto habló igualmente de aquello que aprendió de su familia. Recordó un consejo de su padre —«las oportunidades en la vida pasan una vez y hay que saber aprovecharlas»— y defendió la importancia de que los jóvenes estudien o trabajen en aquello que realmente les gusta.


«Somos más fuertes de lo que la gente se piensa»

El coloquio permitió prolongar fuera de la pantalla muchas de las reflexiones que atraviesan el documental. Alberto habló de independencia, familia, alegría y de la percepción que otras personas pueden tener sobre las capacidades de quienes viven con una discapacidad.

«Las personas con mi valía piensan que no sabemos lo que sabemos hacer. Pero somos más fuertes de lo que la gente se piensa», afirmó, provocando una nueva reacción del público.

Cuando habló de independencia tampoco recurrió a grandes conceptos. Para él significa «vivir con mi familia tranquilo, sin tristeza, con gozo, alegría, salir donde tengamos que salir bien acompañados». Y terminó agradeciendo «de corazón» a quienes habían acudido a compartir la tarde con él.

Ortín explicó que uno de los objetivos de la sesión era precisamente desplazar la mirada desde las etiquetas hacia las personas. «En vez de intentar mirar tanto la etiqueta y saber qué le pasa a esta persona, centrémonos más en quién es esta persona», defendió.

Para la directora, muchas de las barreras no proceden de las propias realidades o diagnósticos, sino de aquellas que construye la sociedad. «Aquí todas tenemos dificultades, todas tenemos una historia y lo importante es dar espacio a que todas seamos escuchadas», añadió.


De Santa Eulària a los festivales

La noche tuvo además algo de regreso a casa. Donde brotamos se estrenó en febrero en el Teatro España dentro del Focus Balear de Ibizacinefest y desde entonces ha recorrido diferentes festivales y espacios dedicados al cine social.

Hace apenas unos días, Alberto y Ortín regresaron de Valencia con el Premio Especial Mirades, concedido en el marco de un festival dedicado al cine y la salud mental. Un reconocimiento que, explicó la directora, les hizo especial ilusión precisamente «por la dignificación de las personas» que representa.

El documental continuará ahora su recorrido con nuevas proyecciones, entre ellas una cita en Lleida a finales de octubre, además de sesiones en otros municipios y centros educativos.
Todo ello con unos medios que Ortín resumió entre risas: «Ninguno, un móvil, prácticamente sin sonido y mucho corazón y mucha verdad».

Ocho meses después de su estreno, regresar al Teatro España tenía por ello un significado especial. «Volver a estar rodeados del pueblo, de la gente, de los vecinos y las vecinas de Alberto, que vienen a darle calorcito y a decirle esas cosas que a lo mejor nunca le hubieran dicho por la calle, es súper bonito», reconoció la directora.

Este miércoles por la tarde ocurrió precisamente eso. Durante unos minutos, el Teatro España dejó de mirar una etiqueta para escuchar a una persona. Alberto habló del campo, de su familia, del trabajo, de las oportunidades, de aquello que le hace feliz y de cómo entiende la vida. El público respondió con preguntas, aplausos, carcajadas y también algunas lágrimas.

Las mismas risas y lágrimas que, según Ortín, se repiten allí donde se proyecta Donde brotamos. «Significa que lo que estamos contando llega con la misma verdad con la que lo hemos creado».

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