Las puertas de la clínica dental Vivanta de la calle Vicente Serra i Orvay de Ibiza permanecían cerradas este viernes por la mañana. En los cristales, un folio informaba de la cancelación de las citas por «un imprevisto en la clínica y al no disponer de personal en estos momentos». La nota pedía disculpas por las molestias y anunciaba que se pondrían en contacto con los pacientes para reprogramar las visitas. Sin embargo, quienes acudieron al centro se encontraron sin respuestas y con tratamientos dentales pendientes que, en algunos casos, llevan años pagando.
«Pero, ¿lo van a cerrar para siempre? ¿Me voy a quedar sin mis dientes?». Un paciente que prefiere mantener el anonimato se hacía estas preguntas frente a la clínica, sorprendido al encontrarla cerrada el día de su cita. Al mostrar su boca, señalaba el hueco en el que le faltan hasta tres piezas dentales. «Yo estoy pagando a la financiera los 9.700 euros, además de los 1.350 que ya pagué en efectivo. ¿Qué voy a hacer ahora?», se preguntaba, sin saber cómo podrá completar el tratamiento que tenía en marcha.
No era el único afectado que se había desplazado hasta el centro con la esperanza de continuar con su tratamiento. Sara, que también prefiere no revelar su identidad por miedo a la reacción de sus hijos, se encontraba igualmente desconcertada. «Mis hijos, que ya me lo advirtieron, me van a matar», explicaba.
Su historia comenzó en la clínica que Vivanta tenía en la avenida de Isidor Macabich, hasta que cerró y trasladaron su atención a la de Vicente Serra i Orvay. Está pagando más de 3.000 euros por unos implantes que, según le habían indicado, le iban a colocar este mismo viernes. De hecho, el jueves había recibido una llamada para recordarle la cita.
«Ahora me encuentro con la puerta cerrada. No entiendo nada. No sé qué puedo hacer ahora, nunca me había pasado nada parecido… ¿Me devolverán el dinero? Yo solo quiero que me pongan mi diente», lamentaba. Desconcertada, Sara permanecía golpeando la cristalera para intentar obtener alguna explicación. «Las luces de dentro están encendidas, debe haber alguien allí para que, por lo menos, nos dé alguna explicación», insistía.
«Que den la cara»
Sheila era otra de las pacientes que acudieron este viernes por la mañana a la clínica. «Que por lo menos den la cara», reclamaba con impotencia. En su caso, la incertidumbre afecta también a sus dos hijos, ambos con tratamientos de ortodoncia mediante brackets.
El mayor comenzó en 2025 y, según explica su madre, le quedan cuatro o cinco meses para terminar. A su hermana le falta más de un año y medio. Cada tratamiento ha costado 3.130 euros. El del hijo mayor ya está pagado, mientras que del de la pequeña todavía le quedan 1.600 euros por abonar a la financiera.
«Tienen que venir una vez al mes para que se los ajusten, pero ahora no sé qué vamos a hacer. Tendré que pagar a otro dentista para que termine el tratamiento», lamentaba. Sheila ya ha pedido cita en la oficina de Consumo para presentar una reclamación y también se plantea acudir al juzgado. «La situación es tremenda, han dejado a muchísima gente tirada», denunciaba.
Años pagando
El cierre de la clínica de Vila tampoco ha sido la primera mala noticia para María, que anteriormente acudía al centro que Vivanta tenía en Santa Eulària. Cuando este cerró, le indicaron que debía continuar su tratamiento en Ibiza. Sin embargo, al llegar este viernes a la nueva clínica, se encontró de nuevo con las puertas cerradas, esta vez sin que nadie le hubiera avisado.
«Llevo cuatro años pagando 150 euros cada mes, ya he pagado más de 7.000 euros, ya lo tengo todo pagado y todavía tengo el tratamiento a medias», explicaba indignada. Según relata, las citas se iban retrasando continuamente porque las piezas que necesitaba no llegaban. Primero le pidieron que esperara por las vacaciones de agosto y después que regresara a principios de septiembre. Para entonces, la habían trasladado de Santa Eulària a Vila, pero el problema persistía.
«Siempre me dicen que la pieza no ha llegado, que pida cita para más adelante y me hacen esperar siempre varios meses para cada cita. ¡Llevo esperando desde mayo y ahora me encuentro con la clínica cerrada!», lamentaba. Ante esta situación, María asegura que denunciará lo ocurrido. «Me han puesto una trampa», afirmaba.
También María, otra paciente que acudió este viernes al centro, se marchó sin respuestas. En su caso, ya le habían colocado un implante y estaba pendiente de que le pusieran la corona. Además, le habían colocado las piezas dentales inferiores, cuyo resultado considera defectuoso.
«Ya lo tenía todo pagado: unos 4.000 euros más o menos», explicaba. Ahora, ante la posibilidad de tener que buscar otro profesional para terminar y corregir el tratamiento, confía en recuperar el dinero. «Si me devuelven el dinero, iré a otro dentista para que termine el trabajo», señalaba.
Las historias de estos pacientes reflejan la incertidumbre de quienes se han encontrado con la clínica cerrada y sin información sobre cómo podrán continuar sus tratamientos. Mientras esperan una explicación, algunos siguen afrontando pagos por servicios que no han terminado de recibir y otros se plantean acudir a Consumo o a los tribunales para reclamar su dinero. Frente a la puerta cerrada de Vivanta en Vila, la pregunta que se repite es la misma: qué pasará ahora con sus dientes y con el dinero que ya han pagado.
Uff, que se despidan del dinero y del tratamiento. Ya pueden empezar a buscar un dentista de verdad. Hay unos cuantos y buenos en Ibiza, es solo cuestión de preguntar a la gente.