Hace pocos días, Estefanía García iba paseando por la playa de ses Salines cuando de repente una escena le hizo detenerse en seco. Un perrito se había metido al agua y se estaba alejando demasiado, lo cual provocó la alerta de su dueño, quien estaba constantemente llamándolo para que fuera con él, sin éxito.
«Vi a los agentes mirar al mar y me paré. El socorrista estaba en la torre y el hombre tampoco se movía», dice, lo que le hizo plantearse meterse al agua para rescatarlo. «No, no. No voy a meterme yo, pensaba, que lo arreglen ellos», pensaba en primera instancia. En este momento, ella siguió caminando y vio que la gente seguía sin hacer nada.
«Entonces me quité todo, dejé las cosas en la orilla y me metí al agua», explica. «El perro cuando nos vio se dio cuenta de que íbamos a por él. No se estaba ahogando, pero no hacía caso. Cuando fui hacia él, se dio media vuelta y fue con su dueño», asegura, para posteriormente añadir que «no hablé con los dueños después ni nada».
«Cuando vi al dueño llamarle tan nervioso entendí que el perro estaba en peligro. Al final queda en anécdota pero estoy muy orgullosa de lo que hice», dice Estefanía, quien se quedó impactada ante la reacción de la gente al ver que el perro podría estar peligro: «no hacía nada, la gente se ponía a grabar con el móvil. Vivimos en un mundo muy frio, me da miedo».
«Yo amo a los animales. No puedo dejar que ese perro se muera», pensaba, ya que no sabía si «se estaba ahogando». «Cada uno es como es. Yo estoy orgullosa como mujer porque, con dos narices me tiré», finaliza, dando ejemplo de como actuar ante una situación de emergencia en la que hay vidas en peligro.
Honor.