En el número 44 de la calle Bisbe Abad i Lasierra, en pleno corazón de la ciudad de Ibiza, hay un bar que forma parte de la memoria cotidiana de varias generaciones de vecinos. El Si Passi abrió sus puertas en 1974, cuando Toni Bonet puso en marcha un establecimiento que, más de medio siglo después, continúa siendo un punto de encuentro para la gente de la isla. Por sus mesas han pasado décadas de conversaciones, almuerzos y cafés, además de una cocina con marcado sabor ibicenco que ha contribuido a forjar su personalidad.
El bar ha atravesado distintas etapas, ha cambiado de manos y llegó a permanecer cerrado durante unos cinco años. Sin embargo, su reciente reapertura ha permitido recuperar un lugar que muchos clientes seguían echando de menos. Al frente de esta nueva etapa está Willy, responsable también del bar Corde’s, situado a apenas dos manzanas de distancia. Hace aproximadamente un año, Toni, el propietario del local, le propuso alquilarlo. «Me dijo que lo quería alquilar y yo le dije que adelante, que me lo quedaba», recuerda.
La nueva etapa mantiene buena parte de la esencia que convirtió al Si Passi en un establecimiento emblemático del barrio. Las tapas y los menús siguen teniendo protagonismo, con Lucía tras la barra y Lola en la cocina. A la renovación del mobiliario se suman el trato cercano y unos precios que los clientes valoran, sin que el local haya perdido su carácter de bar de barrio.
Quienes frecuentan el Si Passi coinciden en señalar que su principal atractivo va más allá de la oferta gastronómica. Es un lugar donde encontrarse con conocidos, conversar sin prisas y mantener una relación cotidiana que ha sobrevivido incluso a los años de cierre.
Toni es uno de esos clientes que no han dejado de sentirse vinculados al establecimiento. Aunque vive en Sant Antoni, asegura que sigue buscando cualquier ocasión para acercarse. «Yo he estado viniendo desde siempre, desde que abrieron hace muchísimos años. ¡Y eso que vivo en Sant Antoni! Pero no pierdo la oportunidad de venir a tomar algo al Si Passi», explica. Para él, el secreto está en que «aquí siempre te encuentras a alguien con quien conversar y tomarte algo en buena compañía».
Miguel, pescadero del barrio, comparte esa sensación de pertenencia. Considera que el Si Passi representa una manera de entender la hostelería que todavía conserva su espacio en Vila. «Este es el bar del barrio de siempre, en pleno corazón de Ibiza. Aquí se junta la gente de la isla, la del barrio de toda la vida… nada de turismo», señala. Por eso, celebra que el establecimiento haya vuelto a abrir después de tantos años.
También tiene muy presentes los sabores que marcaron otras épocas. Si antes la frita de pulpo era uno de los platos más recordados, ahora Miguel destaca otra especialidad: «Lo mejor de la cocina siempre fue la frita de pulpo; ahora es la tortilla de patata, la mejor de toda la isla». Su fidelidad se traduce en una rutina: acude todos los días a la hora del almuerzo.
Sabores míticos
La historia del Si Passi también se explica a través de sus platos. Eulalia, que llegó a Ibiza hace 55 años, conoce el establecimiento desde poco después de su llegada a la isla. Recuerda una época en la que la Policía Local estaba justo al lado y el bar permanecía lleno de clientes. Entre sus recuerdos gastronómicos sobresalen la frita de freixura y la de pulpo, dos preparaciones que considera míticas.
Tras los primeros años, el negocio pasó por distintas manos, hasta que llegaron nuevas etapas familiares y, finalmente, el cierre. Para Eulalia, la reapertura ha supuesto recuperar una costumbre que echaba de menos. «Han tardado mucho en volver a abrir, pero es un gusto poder volver a venir aquí, que es donde he venido desde que abrieron poco tiempo después de llegar a la isla», cuenta.
Ahora regresa para tomar café con amigas o con su hermana. Y, aunque el local ha cambiado, considera que conserva su identidad: «Desde que han vuelto a abrir me gusta todavía más».
El café es otro de los pequeños protagonistas de esta nueva etapa. Alexandra lleva 24 años en Ibiza y recuerda que ya acudía al Si Passi cuando era pequeña, desde poco después de llegar a la isla. Después de tantos años de actividad, el cierre prolongado hizo que echara de menos el establecimiento, pero su regreso le ha permitido reencontrarse con un lugar familiar.
«Con la nueva apertura ha cambiado para bien, hay mobiliario nuevo, las chicas son muy buenas y agradables, los precios son buenos y el café, que me encanta, es excelente», afirma. Su valoración no deja lugar a dudas: «Es mi café favorito de toda la isla».
Su madre, Blanca, también conoce el bar desde que llegó a Ibiza en 1999 y comparte la opinión de su hija. Le gustan el café, las tostadas y la tortilla, aunque guarda un recuerdo especial de otro producto que ya no encuentra en la carta. «Mi favorito es el croissant, solo que hace tiempo que ya no lo llevan», lamenta. Aprovecha, además, para lanzar una petición a los responsables del establecimiento: «Pido públicamente que vuelvan a traer esos croissants tan buenos».
Almuerzos largos
Jordi lleva entre 30 y 40 años frecuentando el Si Passi, desde que terminó el servicio militar. En ese tiempo ha conocido buena parte de las etapas por las que ha pasado el negocio. Recuerda primero a los fundadores; después, a Toni y a su hija Mari, que se hicieron cargo del bar, y más tarde a otras personas que lo gestionaron antes del cierre.
A pesar de los cambios, Jordi considera que el carácter del establecimiento se ha mantenido. «Siempre ha sido un bar amigable, de gente conocida, donde vienen de todos los rincones de la isla, casi todos ibicencos», explica. Lo define como «un bar de encuentros», de esos en los que los almuerzos se alargan sin mirar demasiado el reloj, a veces hasta las cinco de la tarde.
Esa dimensión social es también lo que más valora Catherine, otra clienta habitual que ya acudía antes del cierre y que ahora vuelve casi a diario. «Lo mejor del lugar es la gente. Es un buen sitio para venir a socializar», resume.
Jesús, por su parte, destaca el ambiente agradable y la simpatía de las camareras como dos de los puntos fuertes del establecimiento. Si tiene que señalar un inconveniente, menciona las dificultades para aparcar en la zona, aunque recuerda que existen aparcamientos disuasorios desde los que se puede llegar caminando sin demasiadas complicaciones.