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La cara invisible del cáncer de mama «La gente piensa que ya estás bien, pero es todo lo contrario»

Fina Cardona se notó un bulto en el pecho el año pasado y, desde entonces, su vida ha cambiado. Denuncia el impacto de la inestabilidad médica en Can Misses y recuerda los meses de incertidumbre hasta su operación

Fina es una mujer fuerte y, sobre todo, divertida, pero deja claro al despedirse que el cáncer «es una enfermedad muy dolorosa». | Foto: Mohamed Chendri

| Ibiza |

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En 2025 se notó un bulto en el pecho y corrió a su médico de cabecera para salir de dudas. Fina Cardona, comercial de profesión, intentó relajarse cuando en la consulta la respuesta que recibió fue que «si te duele, es algo bueno». Pero no las tenía todas consigo. El tiempo pasaba, el bulto seguía ahí y el dolor no aminoraba.

«Yo estaba sufriendo mucho porque me dolía un montón», recuerda este lunes con motivo de la celebración del Día Mundial Contra el Cáncer de Mama, «tuve que ir un montón de veces. Y, encima, trabajando, con ataques de ansiedad». Pasaron tres meses hasta que le hicieron las primeras pruebas en el hospital de Can Misses. Los resultados también tardaron en salir. Y la operación llegó aun más tarde.

«Los psicooncólogos me recetaron pastillas para calmar los ánimos pero eran contraproducentes con lo que yo tenía», explica esta mujer que ahora muestra una gran sonrisa, «ha sido complicado porque, además, el cáncer despertó todo lo que tenía escondido. Vas haciendo y haciendo pero yo tenía muchas lesiones. Fue un calvario, la verdad».

Cambio radical de vida

Su vida cambió radicalmente tras recibir el diagnostico. A una mujer que se define como «rebelde» le costó aceptar la situación. «Yo he sido siempre muy luchadora y en ese momento me sentía muy abatida. El proceso ha sido un aprendizaje diario porque cada día tienes que escucharte, hacer caso a lo que puedes hacer y a lo que no. Tienes que cambiar tu vida», explica, «cuando el cuerpo no te responde, no sabes qué hacer. Tuve una lucha muy fuerte conmigo misma. Tenía mucha tristeza, mucha depresión, sentía que estaba fallando en mi trabajo, a mis amigos, como persona…».

En lo profesional, Fina vio cómo su carrera se paraba en seco. Y esa preocupación coexistía con la ya provocada por la enfermedad. Mientras sus compañeros preparaban sus vacaciones de verano, ella se tenía que mentalizar para enfrentarse a la operación. Mientras ellos pensaban en la diversión estival, ella se sentía en una situación «que es como de vida o muerte porque no sabes nada hasta que te operan».

Dice que el tratamiento tiene entre otras consecuencias la de sentirse débil. Y eso acentúa otros problemas como los de las cervicales o la artritis que, señala, no pueden tratarle de forma eficiente precisamente por el cáncer: «No operarme es aguantar más dolor y entonces te dan más medicación. Y la medicación acumulada se traduce en que no eres dueño de tu cuerpo ni de tu cabeza. Levantarte, hacer estiramientos, pensar en lo que tienes que hacer es un trabajo diario. Aun así, te arrastras», concluye entre risas.

Fina cuenta que, antes del cáncer, no entendía a quienes se referían a los enfermos como luchadores. Pero añade que, ya con el diagnóstico, se dio cuenta de que «lo que estás haciendo es luchar por vivir». Y es que «todo es un esfuerzo que nadie se imagina porque, gracias a Dios, casi nadie se lo tiene que imaginar». Pone como ejemplo el tratamiento, al que se refiere «como una tortura». «Encima te dicen que si no te lo tomas, te vas a morir», relata, «y, claro, en esos momentos, las palabras son muy impactantes para nosotros y el apoyo es fundamental. Las palabras de apoyo, de esperanza, son las que realmente te curan y te dan las ganas de vivir».

Para Fina, el apoyo de los suyos ha sido lo más importante en estos momentos. Su entorno y su trabajo la han ayudado a que el proceso sea menos duro. Y lo mismo han hecho las asociaciones que se dedican a estos pacientes en Ibiza: «Yo acudí a ellas ignorando todo. Y las asociaciones te preguntan qué necesitas. Y ahí es cuando empiezas a entender un poco porque los médicos no tienen tiempo de explicar. Nos ayudamos entre nosotros».

Como paciente, Fina ha sufrido la inestabilidad de la plantilla del departamento de Oncología de Can Misses. Algo que tiene efectos en el estado emocional de los pacientes que, explica, «esperan que su médico sea referente y apoyo». «Si esa persona no te puede dar la energía o la atención necesaria», advierte, «te vas peor. Yo me iba de allí llorando todos los días. Y he estado durante todo el tratamiento encerrada en mi casa asimilando, entendiendo, leyendo… pero es muy complicado y ellos no tienen tiempo».

El tratamiento, por otro lado, le hizo perder la melena que hoy recuerda con nostalgia. Pero ahora luce un pelo rizado mucho más bonito de lo que ella cree. Fina es una mujer fuerte y, sobre todo, divertida.

No para de reírse durante la entrevista. Pero deja claro al despedirse que el cáncer «es una enfermedad muy dolorosa». «La gente, cuando te vuelve a ver con pelo, piensa que ya estás bien pero es todo lo contrario», concluye, «tienes que volver a empezar de cero y aprender a caminar, a hablar, a conseguir valerte por ti misma. Y eso lo logras gracias al amor que recibes. Por eso yo doy gracias a todas las personas que me han dado su cariño y su confianza. Por ellas estoy aquí».

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