Los precios suben y, con ellos, el pescado fresco o las carnes consideradas de primera calidad, como la ternera, van desapareciendo de los carros del supermercado de las Pitiusas. El pescado fresco se ha cambiado por congelado, la ternera se va sustituyendo progresivamente por el pollo y las marcas de siempre han dejado paso a las blancas. Son los pequeños recortes que muchos vecinos de Ibiza y Formentera han ido haciendo, casi sin darse cuenta, para que la compra no se lleve todo el sueldo.
Las estadísticas les dan la razón en unas islas en las que, ya de por sí, todo es más caro. El Índice de Precios de Consumo (IPC) se ha situado en el 5,1% en Baleares en septiembre en tasa interanual, siete décimas más que en agosto y dos por encima de la media nacional (4,9%), según los datos definitivos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Los precios encadenan cinco meses de subidas en las islas y acumulan un incremento del 4,5% desde enero.
Los alimentos y las bebidas no alcohólicas se han encarecido un 4,3% en el último año en el archipiélago, aunque la factura se entiende mejor con perspectiva: entre septiembre de 2021 y el mismo mes de este año, el aceite ha subido un 140,1% en Baleares, los huevos un 88,1%, la carne de ovino un 87,6%, el azúcar un 79,3% y la fruta fresca un 65,1%.
El tirón de septiembre lo ha liderado el transporte, con un alza del 7,7% por el encarecimiento de los carburantes a raíz del conflicto en Oriente Medio, seguido de restaurantes y alojamiento (6,8%) y vivienda, agua, luz y gas (6,2%). En unas islas que dependen del barco para casi todo lo que llega a los lineales, cada subida del combustible acaba, tarde o temprano, en el precio de la compra.
Esto se traduce en que personas como Antonia, ya jubilada, que antes preparaban pescado «una vez a la semana» ahora lo deja para una vez al mes. «El pescado y la carne son una barbaridad», ha lamentado. Calcula que la compra que antes le salía por 50 euros ahora se va a 70 u 80, y que la leche «se ha puesto carísima».
El pescado fresco es también lo primero que ha recortado María, que tiene un pequeño negocio en la zona y nota la subida por partida doble, como clienta y como comerciante. «Ahora comemos más congelado, que no significa que esté malo, pero no es el fresco», ha explicado. Las verduras son lo que más le duele: «Vine al mercado a por un trozo de col y me costó cinco euros». Lo resume con una cuenta que se repite entre los vecinos: «Lo que hacías con 50 euros en el supermercado ahora vale 70». Y cree que hay algo de especulación: «Hay negocios que suben algunas cosas y ya lo generalizan. No todos, pero alguno sí se aprovecha».
Para Miguel Granja, la subida no deja nada fuera: «Comida, ropa, vivienda… todo». Él lo mide en días de calendario. «Antes llegábamos a final de mes y ahora el día 15 o el 20 ya estamos ahogados», ha asegurado. El pollo y los huevos son donde más lo nota, y la solución, como en tantas casas, pasa por el congelador: «Se compra más congelado, porque lo demás está intocable».
Julio coloca los combustibles en primer lugar y los alimentos justo detrás, con los huevos y «todas las carnes en general» a la cabeza. Aunque el pan o la leche hayan subido menos, «todo suma y al final es bastante». La ternera de primera ya no entra en su compra porque «está por las nubes», y ha hecho el cambio a las marcas blancas: «Se nota el ahorro».
Los huevos son también la gran queja de Carmen Vázquez. «Una docena costaba dos euros y pico y ahora vale cinco cincuenta, seis. Eso no es normal», ha señalado. Ella sigue comprando lo mismo, «solo que más caro», aunque el pescado fresco lo compra ahora más de tarde en tarde. Y piensa en quienes lo tienen peor: «Yo tengo una paga medio en condiciones, pero para quien tiene una paga baja es imposible. Te suben la paga diez euros y esos diez euros te los gastas de más en la compra cada día».
Joan Roig pone cifra a su propia inflación: la alimentación se le ha encarecido «casi un 25% en los dos últimos años». «La compra normal, en la que gastaba 120 euros, ahora son 180», ha explicado. Lo nota sobre todo en la fruta y la verdura, con tomates «a 5, 6 y 7 euros», y en el pescado, «caro como siempre». Ahora compara precios, prueba marcas y recorta por otros lados: «No salir a comer, quitarse cuotas de plataformas de televisión… Hay que jugar un poco con todo».