Hay lugares de Ibiza que, pese a llevar años frente a la costa, siguen despertando preguntas entre quienes visitan la isla. Es el caso de Ses Margalides, dos pequeños islotes de la costa noroeste de Ibiza, frente a Santa Agnès de Corona, en el término de Sant Antoni de Portmany, a unos 400 metros de tierra.
El conjunto está formado por sa Foradada, el islote de mayor tamaño, y es Picatxo, una pequeña formación rocosa situada junto a él. El mayor alcanza unos 45 metros de altura y está atravesado por un túnel al nivel del mar que se ha convertido en uno de los principales atractivos de este enclave.
El nombre puede llevar a confusión. En castellano, estos islotes son conocidos como islas Margaritas, pero no tienen ninguna relación con la isla Margarita de Venezuela, en el Caribe. «Margalida» es simplemente la forma catalana de Margarita.
Dos islotes frente a Santa Agnès
Ses Margalides se encuentran entre el cap Negret y la punta des Castellar, en el paraje de Els Amunts, donde la costa noroeste de Ibiza cae al mar en forma de grandes acantilados. La distancia mínima hasta tierra es de unos 400 metros, entre el cap Gros y la punta de s’Illot.
Sa Foradada es el mayor de los dos islotes. Tiene forma de media luna, con las puntas orientadas hacia Ibiza, y alcanza unos 45 metros de altura en su parte central. En su extremo sur cuenta con una abertura situada al nivel del mar que atraviesa la roca de lado a lado.
De ahí procede precisamente su nombre, ya que «foradada» significa «agujereada». A su lado se encuentra es Picatxo, una pequeña roca redondeada que apenas sobresale del agua.
Entre ambos islotes existe un canal de unos 14 metros de profundidad. Las dos formaciones son rocosas, cuentan con muy poca vegetación y están rodeadas de un paisaje de montes de pinar que llegan hasta el mar sin apenas playas.
El túnel natural de sa Foradada
La abertura de sa Foradada es uno de los elementos más llamativos de Ses Margalides. Se trata de un túnel natural situado al nivel del mar que atraviesa el islote de lado a lado.
Cuando el mar está en calma, kayaks y pequeñas embarcaciones sin mástil pueden pasar por su interior, por lo que cruzarlo se ha convertido en uno de los reclamos de muchas excursiones en barco y moto de agua que salen desde Sant Antoni, Cala Bassa o Cala de Bou.
Desde tierra, sin embargo, el arco apenas puede apreciarse. El mirador de sa Penya Esbarrada, conocido popularmente como Portes del Cel, se encuentra más elevado y en otro ángulo, por lo que desde allí se observa principalmente la silueta de los dos islotes.
Para contemplar el arco en toda su dimensión es necesario acercarse por mar. Aun así, cruzarlo requiere precaución y solo tiene sentido con el mar en calma, ya que el mar de fondo y el tráfico de embarcaciones durante los meses de verano pueden convertir el paso en una zona delicada.
Un espacio protegido
Las Margalides están incluidas dentro de dos espacios de la Red Natura 2000. Uno de ellos es el LIC Área marina de ses Margalides, con una superficie de 99,67 hectáreas, designado en 2006 para proteger las praderas de posidonia que rodean los islotes.
En este espacio se han registrado especies como el halcón de Eleonor, el cormorán moñudo, el delfín mular y la tortuga boba. Entre las principales amenazas se encuentran el fondeo descontrolado y el exceso de tráfico marítimo.
El segundo espacio protegido es la Costa dels Amunts, un LIC y zona de especial protección para las aves de casi 695 hectáreas que abarca los acantilados del noroeste y sus islotes. En esta zona existen colonias de paíño europeo y una de las poblaciones más importantes de halcón de Eleonor.
Además, todo este entorno forma parte de Els Amunts, protegido como área natural de especial interés desde 1991.
Una de las grandes singularidades de Ses Margalides es su vegetación. En sa Foradada crece de forma natural la lletrera de ses Margalides (Euphorbia margalidiana), un endemismo que no se encuentra de forma natural en ningún otro lugar.
Se trata de una especie amenazada que cuenta con un plan de recuperación del Govern balear y con una población de respaldo plantada en s’Illa Murada, cerca de Sant Miquel. Su población es muy reducida y en 2018 se detectó un episodio de mortandad que generó preocupación por su conservación.
Por este motivo, no se debe desembarcar en los islotes. No existe ningún embarcadero y las paredes son de roca inestable. Las visitas se realizan desde el agua o desde la costa, respetando el espacio protegido.
El mirador de Portes del Cel
Uno de los lugares más conocidos para contemplar Ses Margalides desde tierra es el mirador de sa Penya Esbarrada, conocido popularmente como Portes del Cel o Puertas del Cielo.
Desde Santa Agnès de Corona se puede tomar el camino de la izquierda, el camí de sa Talaia, hasta el restaurante de las Portes del Cel. Desde allí parte un sendero estrecho que bordea el acantilado hasta una explanada.
El recorrido desde el pueblo hasta el restaurante es de unos 1,8 kilómetros y alrededor de 25 minutos a pie, prácticamente en llano. Después, el sendero hasta la explanada añade unos minutos más.
Desde este punto se contempla un acantilado de decenas de metros sobre el mar, con las Margalides enfrente y el horizonte abierto hacia el oeste. El mirador no dispone de servicios, ni agua ni sombra, y el sendero discurre junto al borde del acantilado.
Desde la zona también puede observarse la caleta de ses Balandres, cuyo acceso está considerado uno de los más difíciles de la isla. La bajada cuenta con una escalera de madera en mal estado y una pendiente de roca que se desciende con ayuda de una cuerda instalada por los pescadores.
Barco, kayak, moto de agua y buceo
Otra opción para contemplar Ses Margalides es acercarse desde el mar. Durante la temporada turística existen excursiones en barco desde Sant Antoni, que recorren la costa norte y pueden incluir el paso frente a ses Balandres y el acercamiento al arco de sa Foradada.
También se organizan rutas en kayak desde Sant Antoni y Cala Salada, recorriendo calas, cuevas y acantilados sin acceso por tierra. En este caso, es recomendable hacerlo con experiencia o acompañado de un guía y siempre con el mar en calma.
Las motos de agua son otra de las opciones disponibles desde Sant Antoni, Cala Bassa o Cala de Bou, con salidas guiadas que incluyen el entorno de Ses Margalides.
El lugar también es frecuentado por buceadores, ya que bajo el agua existen paredes verticales, túneles, arcos y una importante variedad de vida marina. Entre las especies que pueden encontrarse aparecen también las barracudas.
Un lugar especialmente atractivo al atardecer
El mirador de sa Penya Esbarrada es uno de los puntos más conocidos del noroeste de Ibiza para contemplar la puesta de sol. El horizonte despejado, los acantilados y la silueta de los islotes convierten el lugar en uno de los paisajes más reconocibles de esta zona de la isla.
Sin embargo, el sol no se pone detrás de Ses Margalides. Desde el mirador, los islotes quedan hacia el norte y el sol se oculta por el oeste, sobre el mar abierto.
Lo que convierte el momento en especialmente atractivo es la luz que reciben las rocas durante los últimos minutos del día. Entre 45 y 20 minutos antes del ocaso, el sol bajo ilumina lateralmente los islotes y puede teñir de naranja las paredes de sa Foradada.
Durante los meses de verano, el mirador suele recibir numerosos visitantes en la última hora del día, por lo que llegar con antelación permite encontrar sitio y disfrutar del paisaje con más tranquilidad.
Para llegar hasta Santa Agnès, desde Sant Antoni son unos 13 minutos en coche, aproximadamente 9,5 kilómetros, mientras que desde Eivissa el trayecto ronda los 26 minutos y 18,7 kilómetros.
También existe la posibilidad de llegar en autobús con la línea T7, que conecta Sant Joan, Sant Miquel, Sant Mateu, Santa Agnès y Sant Antoni en determinadas expediciones. Para quienes quieran quedarse hasta el atardecer, es importante comprobar previamente los horarios de vuelta.
Y si la visita se realiza entre finales de enero y febrero, el recorrido ofrece además otro de los paisajes característicos de esta zona de Ibiza: el pla de Corona, conocido por sus almendros en flor.