La Guardia Civil y la Policía Nacional, en una investigación conjunta a nivel nacional, desarticularon ayer una importante red de tráfico de drogas que se había instalado en Eivissa y se incautaron del mayor alijo de hachís que se ha aprehendido en la historia de las Pitiüses. La actuación policial se resolvió con unos 17 detenidos y la intervención de más de una docena de toneladas de hachís. El 'grupo ibicenco' ha sido relacionado con un entramado presuntamente establecido en la Costa del Sol.
Los agentes llevaron a cabo múltiples registros domiciliarios durante toda la mañana de ayer, entre ellos en una nave ubicada a pocos metros de la gasolinera de la rotonda del puerto de Eivissa.
Los registros que se llevaron a cabo en la isla estuvieron supervisados por el juzgado de Instrucción número 3 de Eivissa, cuyo titular es el juez Pablo Mendoza. Según la información recogida por este periódico, además de la intervención en la citada nave se efectuaron otros en un piso de la calle Ramón y Cajal de Sant Antoni y en otros inmuebles de Cala de Bou.
El desmantelamiento de este grupo de «narcos» se halla sujeta a un investigación judicial protegida por secreto de sumario, hecho que ayer dificultó la obtención de datos y que se prodigaran las contradicciones sobre el número concreto de detenidos y de droga intervenida, así como las ramificaciones que el grupo desmantelado en la isla podía tener con otros traficantes del territorio nacional. Durante el final del día se barajó que los agentes se hubieran incautado de hasta quince toneladas a la conclusión de los registros, que, al parecer, continuaron por la tarde, y otras fuentes hablaban de una decena. El baile de cifras también afectó a los detenidos. Así, durante la mañana se sopesó un balance de 17 sospechosos arrestados y horas después las fuentes estimaban en algo menos de una quincena.Varias fuentes apuntaron también a que la red estaba relacionada con un grupo de 'narcos' arraigado en la provincia de Málaga, hecho que justificaba la intervención de unidades de la Guardia Civil y de la Policía Nacional con base en la Costa del Sol, así como el traslado de estos agentes a Eivissa.
El secreto de sumario también impidió conocer con exactitud qué papel jugaba la isla en la organización y si también, como se sospechaba, era un lugar no sólo de recepción de droga sino también un lugar utilizado de trampolín para esconder la droga hasta trasladarla por barco a otros lugares.
La red contaba con camiones y la citada nave como infraestructura para sus planes. La proximidad del puerto de Eivissa con este almacén facilitaba las operaciones de carga y descarga que se pudieran llevar con contenedores donde se transportaba la droga.