Una deuda de 9.000 euros fue el origen de la enemistad y discusión que tuvieron el pasado día 4 por la tarde los dos marroquíes que se enfrentaron en un bar de Sant Francesc y en el cual uno de ellos fue detenido por supuestamente amenazar al otro con un cuchillo.
Según el afectado, su oponente quería a toda costa que retirara la denuncia que interpuso al parecer, en un juzgado de Murcia. El acusado, que ayer compareció en el juzgado de lo Penal número 2 y que, como ya se informó, se juega dos años y medio de cárcel por presuntas coacciones, por contra, afirmó ser víctima de una conjura de compatriotas en Formentera. «Soy de Murcia y me iba al día siguiente para allí cuando me vi atacado en el bar por él y por sus cuñados. Llevan tiempo amenazándome. Fui yo también el que pedí que llamaran a la Guardia Civil».
Ésta es la versión que presentó ayer el acusado, quien dijo ser trabajador de Cespa y llevar ocasionalmente liado -por habérselo encontrado en la basura- en un periódico el cuchillo que posteriormente intervinieron los agentes del instituto armado. El arma medía 24 centímetros y el acusado aseguró que lo esgrimió sólo para defenderse. El sospechoso, incluso, presentó como prueba dos carteles con amenazas que supuestamente le dejaron los familiares del denunciante. Este último reconoció que él y su compatriota tenía malas relaciones a causa de una deuda que, según su declaración, se generó tras un viaje en coche a Francia, pero negó que su familia y él le amenazaran. «No hay nadie aquí. Ni siquiera estoy casado. Se fue con 9.000 euros y con mi tarjeta de crédito, dejándome tirado en Francia», explicó ante la responsable del juzgado de lo Penal número, la magistrada Martina Rodríguez.
«Como estaba de Ramadán me fui al bar a jugar a la máquina y a pasar el tiempo. Sin mediar palabra ocurrió todo. Al verme, sacó el cuchillo y me dijo que me mataría si no quitaba la denuncia que le puse por los 9.000 euros», comentó el denunciante.
Añadió que su primer reacción fue «quitarle el vaso a un cliente rumano para que él viera que estaba dispuesto a defenderme». «En la calle me dijo que me iba a perder, que la vida era larga y que si no me mataba este año lo haría el siguiente», agregó.
El juicio no pudo quedar visto para sentencia al aplazarse hasta que pueda declarar un testigo.