La semana pasada, en menos de trece horas, dos pateras arribaron al municipio mallorquín de Santanyí. En total, 33 argelinos a bordo. No son las primeras. En septiembre del año pasado se encontró otra patera en Mallorca, pero no a sus tripulantes. El 20 de julio una más llegó a Son Vell, en Menorca. Se detuvo a tres argelinos. Un día antes llegaron a Llucmajor 14 inmigrantes y fueron detenidos. 300 kilómetros separan el punto de partida, la ciudad argelina de Dellys, de la costa mallorquina. ¿Por qué no llegan pateras a Eivissa o Formentera cuando son islas más próximas a la costa de Argelia (unos 180 kilómetros)? No hay noticas de que ninguna de estas embarcaciones haya arribado a las Pitiüses y las autoridades piensan que, hasta el momento, nunca ha ocurrido.
Según ha explicado a este diario uno de los mejores conocedores del tema en Balears, los argelinos eligen Mallorca pese a estar más lejos porque la isla grande les «ofrece mayores posibilidades de diluirse entre la población y pasar lo más rápidamente posible a la península en los barcos de línea regular o incluso en avión», ya que en España a la hora de comprar un billete se solicita el pasaporte, pero no se comprueban los sellos de entrada o los visados pertinentes.
«La intención de los inmigrantes es pasar lo más rápidamente posible a la península y sin duda alguna en Mallorca lo tienen más fácil; además, los argelinos, en la mayor parte de los casos, tienen Francia como destino final, ya que casi todos hablan francés y es muy posible que cuenten con familiares o amigos en este país y quieren llegar allí cuanto antes para evitar el riesgo de ser detectados», explicó el experto quien, a diferencia de lo manifestado por el delegado del Gobierno, Ramon Socias, y el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, considera que se está estableciendo una ruta de tráfico de personas entre Dellys y Mallorca.
Otro motivo -éste quizás más evidente- de por qué las pateras argelinas arriban a Mallorca en lugar de a las Pitiüses es que en este primera isla cuentan con apoyos de compatriotas o incluso de mafias organizadas, que se encargan de recibirlos, ocultarlos y facilitar su llegada a la península y luego a Francia. La Guardia Civil ya ha detectado al menos a un grupo de este tipo e incluso uno de sus supuestos cabecillas ya ha sido juzgado y condenado. Por contra, en Eivissa, por el momento, no se ha detectado presencia de este tipo de mafias.