La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha acordado liberar 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas en la mayor intervención coordinada de su historia. La decisión, tomada por unanimidad entre los 32 países miembros, entre los que figura España, busca frenar la escalada de precios del crudo provocada por el conflicto en Oriente Próximo y el cierre del estrecho de Ormuz, una arteria clave que transporta una quinta parte del petróleo mundial.
El director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, ha justificado esta medida de emergencia señalando que «los desafíos a los que nos enfrentamos en el mercado petrolero son de una escala sin precedentes». El organismo inyectará crudo en el mercado durante al menos dos meses para compensar la interrupción del suministro y contener la volatilidad. La cifra duplica ampliamente los 182 millones de barriles que se liberaron en dos fases durante 2022 tras la invasión rusa de Ucrania.
El cierre del estrecho de Ormuz ha paralizado el tránsito de unos 20 millones de barriles diarios, lo que representa aproximadamente el 20% del consumo global. Los ataques a petroleros y la retirada de coberturas por parte de las aseguradoras han convertido esta vía marítima en una zona de alto riesgo, dejando millones de barriles bloqueados en buques que no pueden cruzar hacia los mercados internacionales.
Contribución de los países miembros
España ha anunciado que aportará el equivalente a 12 días de sus reservas estratégicas. La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ha confirmado la participación española en este esfuerzo colectivo. Japón liberará entre 15 días y un mes de reservas estatales, unos 80 millones de barriles, además de existencias en manos privadas, según ha explicado la primera ministra Sanae Takaichi.
Alemania ha preparado 19,5 millones de barriles para su liberación inmediata, mientras que Reino Unido ha comprometido otros 13,5 millones. Estados Unidos, que cuenta con las mayores reservas estratégicas del mundo, no ha especificado una cifra concreta, aunque el secretario de Interior, Doug Burgum, ha subrayado que «en momentos como este es para los que se acumulan las reservas».
Impacto en los mercados energéticos
El precio del barril de Brent ha llegado a rozar los 120 dólares en las últimas semanas, aunque este miércoles se negocia en torno a los 92 dólares. A pesar de esta moderación, los combustibles refinados continúan registrando fuertes subidas, lo que aumenta el riesgo de que la crisis energética se traslade a la inflación y afecte a la actividad económica global.
Birol ha alertado sobre las consecuencias más amplias del bloqueo: «Las operaciones de las refinerías se han visto interrumpidas, con importantes consecuencias para el suministro de combustibles para aviación e industria». El cierre de Ormuz no solo afecta al petróleo crudo, sino también a productos derivados esenciales para el transporte, la industria y la aviación, además de todo tipo de mercancías que circulan por esta ruta estratégica.
Antecedentes de liberaciones coordinadas
Desde su creación en 1974, tras el embargo petrolero árabe, la AIE ha recurrido a liberaciones coordinadas solo en cinco ocasiones anteriores: durante la primera Guerra del Golfo en 1991, tras los huracanes Katrina y Rita en 2005, durante la crisis libia de 2011 y en dos momentos distintos en 2022 tras el inicio de la guerra en Ucrania.
El organismo fue diseñado precisamente para coordinar la respuesta de los países industrializados ante crisis de suministro. Los países miembros están obligados a mantener existencias equivalentes a un mínimo de 90 días de sus importaciones netas de crudo, almacenadas en depósitos públicos o instalaciones de la industria petrolera.
Capacidad de reservas por países
Según datos actualizados al mes de febrero por la propia AIE, España cuenta con existencias para 105 días de autonomía, Estados Unidos para 125 días, Japón dispone de reservas para 195 días y Corea del Sur para 206 días sin recibir nuevos suministros. En conjunto, los miembros de la AIE cuentan con alrededor de 1.200 millones de barriles en reservas públicas de emergencia.
La función de estas liberaciones no es sustituir el suministro global a largo plazo, algo imposible con las reservas existentes, sino estabilizar el mercado en momentos de fuerte tensión. Al elevar temporalmente la oferta disponible, los gobiernos intentan frenar las subidas bruscas y ganar tiempo para que el sistema energético mundial se adapte.