Expertas alertaron ayer sobre los riesgos de la adicción a las pantallas en niños y adolescentes durante las II Jornadas de Psicología de las Islas Baleares, que se celebraron en el Centro Cultural de Jesús. Durante su ponencia Cómo Instalar creencias a través de las pantallas, la psicóloga infanto-juvenil Mercedes Cimas puso el foco en la necesidad de educar en valores que permitan a los jóvenes tomar decisiones conscientes cuando sean mayores.
En este sentido, abordó la importancia de retrasar el acceso de los adolescentes a las redes sociales, resaltando que las pantallas son un canal donde se instalan creencias que los menores no siempre están preparados para entender. Durante la sesión, Cimas recalcó que los miedos tradicionales de los padres, como que los hijos hablen con extraños, han dejado paso a otros miedos relacionados con Internet. «Me daría más miedo que mis hijos quisieran comprarse un Lambo (Lamborghini) y hacer burpees que el hecho de que hablasen con desconocidos», subrayó, haciendo referencia al influencer Amadeo Llados, acusado de estafa piramidal en Internet.
Ribas: «El debate sobre las pantallas no debe centrarse solo en los dispositivos, sino también en las necesidades emocionales de los menores»
En esta línea, la experta insistió en que acompañar a los adolescentes con límites claros y explicaciones adaptadas a su edad ayuda a formar un pensamiento crítico que les protegerá frente a la exposición a contenidos digitales. «Si un niño de nueve o 11 años ve a un influencer en Dubái hablando de temas como impuestos, no puede comprenderlo», apuntó, en relación a los influencers atrapados en Dubái por la guerra con Irán, que arremetieron contra la embajada española y animaron a los españoles a no pagar impuestos. Al respecto, Cimas agregó que es esencial que la educación digital se adapte a su edad y a su capacidad de comprensión.
Ganar tiempo
«Ganar tiempo retrasando el acceso a estas plataformas es fundamental para su desarrollo crítico», precisó e indicó que el contexto familiar juega un papel clave. Apuntó que las familias que establecen límites y retrasan el acceso a dispositivos digitales ofrecen a sus hijos factores de protección adicionales frente a la presión social y la exposición temprana a contenidos digitales.
Durante el turno de preguntas, los asistentes reflexionaron sobre la adaptación de los jóvenes a la realidad digital y el papel de los padres en ese proceso. Algunos plantearon si la sociedad y los adolescentes podrían adaptarse sin que fuese necesario un cambio radical en el diseño de Internet. Cimas reconoció la dificultad, pero señaló avances positivos: «Se empieza a ver cómo jóvenes de 26 años se están retirando de redes sociales como Instagram, lo que indica que existe una conciencia crítica. Sin embargo, mientras Internet siga basado en valores de mercado y no sea un espacio democrático y público, la problemática persistirá». El panel también abordó la presión social que sienten los adolescentes y cómo esta puede influir en sus decisiones.
Un ejemplo compartido fue el caso de un adolescente que se sentía desplazado por no usar un patinete eléctrico como sus amigos, lo que demuestra, según la experta, la importancia de acompañar a los menores para que puedan equilibrar pertenencia social y límites familiares. El debate también incluyó la visión de Elena Ribas, psicóloga-terapeuta de Proyecto Hombre Baleares, quien destacó la necesidad de un abordaje integral más allá de la pantalla, subrayando la importancia de la prevención y el acompañamiento.
Foto: Moisés Copa
Durante su ponencia Más allá de las pantallas: un abordaje integral explicó que la prevención, investigación e intervención frente a las adicciones forman parte del trabajo que se desarrolla en Baleares a través de programas terapéuticos específicos. En este contexto, destacó que el debate sobre las pantallas no debe centrarse únicamente en los dispositivos, sino también en las necesidades emocionales y sociales de los menores que hay detrás de su uso.
Esta experta recordó que el cerebro adolescente continúa en desarrollo hasta aproximadamente los 25 años. En particular, la corteza prefrontal – encargada de la planificación, el control de impulsos o la toma de decisiones – es una de las últimas áreas en madurar.
Al mismo tiempo, indicó que durante esta etapa el sistema de recompensa del cerebro, vinculado a la dopamina y a la búsqueda de estímulos novedosos e intensos, está especialmente activo. Esta combinación, señaló, hace que las redes sociales y los dispositivos digitales encajen con facilidad en los hábitos de los jóvenes, ya que ofrecen estímulos constantes y rápidos a través de algoritmos y contenidos de consumo inmediato. Ante esta realidad, Ribas insistió en que las herramientas tecnológicas actuales están diseñadas principalmente para adultos, no para cerebros en desarrollo.
Por ello, comparó el acceso libre a un móvil con permitir conducir a un menor sin tener las habilidades necesarias. También subrayó el papel clave de los adultos – familias, docentes y educadores – en la educación digital. Entre las medidas recomendadas destacó establecer horarios claros, limitar el uso en determinados espacios como los dormitorios, utilizar controles parentales y acordar normas de uso mediante compromisos familiares.
Hay que señalar que este panel de expertos contó también con la participación de Patricia Roveda, psicóloga del Servicio de Orientación Familiar del Ayuntamiento de Santa Eulària. Roveda ofreció la ponencia Prevención en el abuso de las nuevas tecnologías en la infancia y la adolescencia, que se centró en cómo prevenir el abuso de las pantallas y cómo acompañar a los menores en un entorno digital cada vez más complejo.
Este panel estuvo moderado por María de Diego, vocal de Psicología de Igualdad y Género de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Psicología de las Islas Baleares.