El vecindario de Casa Lola vivió este jueves al mediodía uno de los episodios más alarmantes de la sucesión de incidentes que, según denuncian los residentes, se vienen produciendo en esta zona de la carretera de es Cubells a raíz de la ocupación de varias viviendas.
«Acaban de entrar en mi casa con mi hija pequeña durmiendo», explicaba todavía en estado de shock uno de los vecinos afectados. En total, cuatro viviendas fueron allanadas por un mismo individuo en apenas unos minutos.
Según relatan este vecino y su pareja, entre las 12.30 y las 12.45 horas comenzaron a escuchar golpes, gritos y cristales rotos procedentes de una vivienda situada por encima de su domicilio. «Se escuchaban golpes, cristales rotos, gritos y alguien pidiendo ayuda mientras gritaba: «¡Tiene una pistola!». Entonces llamamos al 112 pensando que era otra pelea más», explican todavía visiblemente afectados.
Desde cierta distancia, aseguran haber visto a un hombre «muy nervioso» moviéndose por la vivienda con un objeto en la mano «que bien podría haber sido una pistola», aunque reconocen que no podían asegurarlo.
El episodio dio un giro todavía más inquietante apenas un minuto después. «Estábamos en la cocina mientras nuestro bebé dormía cuando escuchamos un ruido. Fuimos corriendo a ver qué pasaba y nos encontramos a un hombre con la cara ensangrentada entrando en nuestro dormitorio», relatan. La reacción inmediata del padre logró expulsar al intruso tras un forcejeo. «Nos dejó la casa llena de sangre», aseguran sobre las heridas que el individuo ya presentaba antes de acceder por la fuerza a la vivienda.
Huida
Tras ese primer enfrentamiento, el hombre continuó saltando de una propiedad a otra. «Después pasó a la casa de nuestros vecinos, donde estaba trabajando el jardinero, que también consiguió echarlo, y acabó entrando en la vivienda de otra vecina, dejándola destrozada», explican.
Foto: Toni P.
Antes de acceder a esta última vivienda, el individuo irrumpió también en otra finca cercana. «Primero entró en la casa de la vecina y después en la mía. Iba completamente ensangrentado», explica otro de los afectados, cuya vivienda fue la tercera de las cuatro asaltadas.
El vecino asegura que fue avisado por su hijo menor de edad. «Cuando lo vio, me llamó y vine corriendo desde el trabajo. Para entonces ya había saltado la valla para meterse en la finca de al lado. Al parecer, iba drogado hasta las cejas», afirma.
Refugio
«En ese momento en mi casa estaban mi tía y la chica que nos ayuda en casa», explica la propietaria de la última vivienda asaltada. «Mi tía me llamó enseguida al darse cuenta de que había entrado alguien y les dije que se refugiaran en el baño mientras yo iba corriendo hacia allí», relata.
A su llegada, asegura, «todavía no había llegado la Policía». Durante esos minutos, explica que ni siquiera se atrevió a salir del coche hasta la llegada de los agentes de la Guardia Civil y de la Policía. «En cuanto llegaron, el hombre salió por la ventana del baño y fue detenido», añade.
El balance de daños materiales incluye una cristalera rota, diversos desperfectos en el interior de la vivienda y el baño completamente destrozado, lugar donde el individuo se había refugiado. En el plano personal, la propietaria asegura que su tía «acabó en el centro de salud con un ataque de ansiedad».
Miedo
«Gracias a Dios mis cinco hijos estaban en el colegio», explica todavía afectada la propietaria, que denuncia el clima de inseguridad instalado en la zona. «Si se tratara de gente trabajadora sería distinto, pero la gente que ha entrado ahora es otra cosa, y sus movimientos nocturnos y actitudes lo demuestran», sostiene.
Foto: Toni P.
La preocupación también se extiende entre el resto de vecinos. «No sé cómo voy a salir a trabajar dejando a mi familia sola en casa», lamenta el padre de familia de la primera vivienda asaltada. «No sabemos qué hacer. Lo único que nos han dicho la Policía y la Guardia Civil es que nos hagamos con un perro, porque ellos no pueden hacer nada más», asegura.
La tensión es tal que los vecinos incluso lanzan una advertencia a los periodistas desplazados a la zona: «Tened mucho cuidado con la cámara en los alrededores; si os la ven, puede pasar cualquier cosa».
Ocupación
«Vivimos rodeados de ocupas, tanto de los que están instalados en Casa Lola como de los que hay en algunas viviendas de alrededor», explica la pareja afectada. Otro vecino añade que «cada vez hay más gente en Casa Lola y ahora también se están metiendo en las casas cercanas».
Según relatan residentes de la zona, la vivienda situada en la parte superior, también ocupada, pertenece a «un holandés desesperado porque no puede acceder a su propia casa».
«Todo viene del mismo sitio», asegura otro vecino señalando hacia Casa Lola. «Ahora se dedican a entrar en otras viviendas y, si nadie dice nada durante un tiempo, las alquilan a otras personas. Ese es el negocio que tienen montado», denuncia.
Los residentes distinguen, no obstante, entre distintos perfiles dentro de la okupación. «Hay gente trabajadora que no causa demasiados problemas; los ves trabajando aquí y allá sin molestar. El problema es que también hay personas dedicadas a los trapicheos», afirma uno de ellos.
Como ejemplo, relata un episodio ocurrido hace unos días: «Estábamos viendo el fútbol con unos amigos cuando llamaron al timbre. Al abrir nos encontramos con un coche de alta gama y tres personas de origen latino diciendo que venían «a repartir comida». Está claro que se habían equivocado de casa».
Esto es muy serio y un día pasará que alguien se tome la justicia con su propia mano y eso será el comienzo, al tiempo ,por que esta situación empieza a cansar