El violento y aparatoso accidente de tráfico ocurrido este sábado, 12 de septiembre, en la carretera EI-300 —que conecta Ibiza con Sant Joan— pudo haber derivado en una auténtica tragedia familiar. Tras el siniestro que dejó a un conductor en estado grave, los detalles sobre cómo se desencadenaron los hechos dibujan un escenario de película gracias al testimonio de un vecino de la zona que se libró del impacto por cuestión de segundos.
El suceso se produjo sobre las 09:00 horas, en la carretera EI-300, cuando el conductor de un vehículo todoterreno modelo Range Rover Discovery perdió el control de forma inexplicable. Según relata el testigo presencial, él circulaba de frente junto a su hijo menor para dirigirse a un torneo deportivo, cuando vio al turismo aproximarse a gran velocidad. «El coche iba en línea recta y, de repente, sin venir a cuento y a una velocidad muy alta, empezó a acercarse al guardarraíl hasta empotrarse contra él», explica.
Las piezas y los neumáticos salieron despedidos con fuerza por la calzada. «Casi me pilla. Tuve que esquivar constantemente las ruedas y los trozos que volaban. Si llego a pasar dos segundos antes, nos quita la vida a mí y a mi hijo», relata todavía con el susto en el cuerpo.
Servicios de emergencia
Tras detener su vehículo en seco y comprobar que milagrosamente se habían librado del choque, este vecino no lo dudó y acudió a toda prisa a socorrer al herido. Al llegar junto al Range Rover, que había dado numerosas vueltas de campana y quedado volcado boca abajo a unos 50 metros del punto de impacto, el panorama era desolador.
Los airbags frontales y laterales habían saltado por completo, bloqueando la visibilidad del interior e impidiendo saber si viajaban más personas. Ante la gravedad de la situación y la falta de respuesta del conductor —un hombre de mediana edad y complexión robusta que yacía atrapado e inconsciente—, el vecino cogió una gran piedra del arcén para reventar la luneta trasera y asegurarse de que no había más pasajeros en peligro.
Sin embargo, la tensión no terminó ahí. El testigo denuncia la excesiva tardanza de los servicios de emergencia. Tras permanecer entre 20 y 25 minutos atendiendo al herido y esperando la llegada de la asistencia sanitaria, y tras coordinarse con otros ciudadanos que empezaron a congregarse en la zona facilitando su número de teléfono por si requerían su testimonio, tuvo que marchar debido a tener que llevar a su hijo al torneo que tenían previsto.
Un día después del suceso, reconoce que apenas ha podido conciliar el sueño: «Cierro los ojos y sigo viendo el accidente, dándole vueltas a lo que le podría haber pasado a mi hijo». Una pesadilla en plena carretera insular cuyas causas exactas continúan siendo investigadas por la Guardia Civil de Tráfico.
Davide¿Has leído al testigo? Iba demasiado rápido, ya he leído otras veces que tú también eres el terror de la carretera y por eso simpatizas con el irresponsable que corre mucho. Pero lo cierto es que da igual lo que le pasara, no respetar los límites de velocidad es una temeridad que provoca muertos.