Jenaro Lorente (Efe) ULSAN
Diego Tristán
Herrera estaba de vacaciones el fatídico 24 de junio de 1998,
cuando España quedó eliminada del mundial francés, y en su casa
sevillana vio por televisión junto a unos amigos como el 6-1 a
Bulgaria no servía para nada. Se repetía la historia y el combinado
nacinal se despedía de la Copa del Mundo a las primeras de
cambio.
Cuatro año más tarde es uno de los referentes del combinado nacional y tiene ante sí el mayor de los retos: doctorarse como uno de los grandes. «Si me lo dicen entonces, no me lo hubiese creído», confesó el delantero, nacido en la localidad sevillana de La Algaba el 5 de enero de 1976.
Pocos se lo hubiesen creído, porque la evolución de Tristán en los últimos años ha sido imparable hasta el punto de convertirse en una de las grandes figuras del fútbol español. No hace ni diez años que Diego corría por la polvorienta y pedregosa tierra del campo de fútbol de La Algaba. Su progresión, desde que el mítico Esnaola lo descubrió y se lo llevó al Betis ha sido simplemente espectacular.
Su fútbol genial le fue elevando de peldaño hasta recalar en el Deportivo después de frustrase su fichaje por el Real Madrid al perder Lorenzo Sanz las elecciones a la presidencia.
En el equipo gallego es feliz, a pesar del desencanto que se llevó por no poder vestir la camiseta blanca. Con el ´Depor´ fue uno de los protagonistas del «centenariazo» el pasado 6 de marzo y ha sido el máximo goleador de la temporada.