No parece que haya pasado el tiempo. José Antonio regresa a Eivissa para organizar las vacaciones de su familia. Además con camisa blanca, haciendo gala de su reestrenado madridismo. La visita se conoce que es fugaz porque el técnico ha sido 'fichado' por la Sociedad Española de Radiodifusión (SER) para colaborar en la retransmisión de los partidos de la Eurocopa de Portugal -el sábado debuta la selección- y su agenda estará tan condicionada como la del resto de periodistas deportivos de España y gran parte de Europa. De hecho, la semana que viene ya estará allí en tierras lusitanas en plena vorágine futbolística.
Campechano, franco, directo, ... José Antonio Camacho también hace gala de su 'murcianía' en las Pitiüses. Comparte con sus paisanos estas características y agrega de su cosecha ese halo de persona inaccesible. Lo cierto es que el técnico no deja impávidos a quienes le valoran: o le aprecian mucho o le odian mucho. Lo cual en el caso de los periodistas suele ser bueno. Quizá en el caso de los entrenadores de fútbol también lo sea. Quién sabe.
Una paradoja más en esto del fútbol es que se entregue a la labor de valorar el trabajo de jugadores, técnicos y organizadores ante los micrófonos. Una actividad que no le es del todo ajena. «En este mundo ya he hecho de todo», afirma al llegar al aeropuerto el ex seleccionador nacional cuestionado sobre esta inusual faceta de comentarista deportivo. Desde luego ya ha hecho mucho: gran jugador en la época dorada del Real Madrid (el de Santillana y Gordillo), entrenador del Espanyol, del Real Madrid, seleccionador nacional y méritos civiles como haber recibido de manos del presidente autonómico de Murcia la Medalla de Oro de la Región por toda una vida dedicada al deporte. Aquí en las Pitiüses, ha sido y es referencia obligada en el restaurante Malibú, gran jugador de backgamon -que se lo digan a Esteban-. Y a los periodistas locales nos lleva locos para contactar con su persona.