Carlos de Torres|BURGOS
Una caída masiva en la que resultó herido el triple vencedor de la
Vuelta, Roberto Heras (Liberty), marcó el desarrollo de una teórica
etapa de transición entre Logroño y Burgos, de 133 kilómetros, en
la que se impuso al esprint el italiano Alessandro Petacchi, del
Fassa, que sumó su cuarta victoria en la presente edición. La caída
que puede marcar el desarrollo final de la Vuelta, la víspera de
tres etapas de montaña, se produjo a 38 kms de meta, cuando en las
primeras plazas del pelotón un corredor hizo el «afilador» y 15 ó
20 se fueron al asfalto formando una auténtica montonera, en la que
salieron malparados el danés Jakob Piil (CSC), evacuado al hospital
en ambulancia y Roberto Heras, con dos heridas en la rodilla
izquierda que precisaron las atenciones del doctor Lara en plena
carrera.
El triple vencedor de la Vuelta, desencajado, superó el momento más agudo sin que sus heridas pudieran ser cosidas en marcha «por la velocidad de la carrera» y se reincorporó a un grupo que dio muestras de solidaridad, pues esperó a que el líder del Liberty llegara escoltado por sus compañeros, no menos asustados que el propio Heras. El bejarano llegó a la meta con molestias, pero en «las primeras posiciones del pelotón, con rabia y en buenas condiciones», según explicaba Joseba Beloki. Síntomas de alivio para la Vuelta, que por momentos vio cómo se podían acabar de repente las ilusiones de unos de sus actores estelares.
Una vez finalizada la etapa, los médicos de la Vuelta aplicaron 11 puntos de sutura en la rodilla de Heras, que deberá depender de los analgésicos para combatir el dolor y no fue preciso su traslado al hospital de Burgos. Tampoco se salvaron de los momentos de zozobra Unai Osa (Balears), con un golpe intercostal y el italiano Alessandro Petacchi, que puso el pie a tierra pero sin llegar al suelo. Todos ellos pudieron completar el recorrido hasta Burgos. Petacchi ganó su cuarta etapa en la presente edición y la tercera en Burgos, una ciudad talismán para el ciclista de la Spezia. Y fue un triunfo especial, ya que hacía tres años justos de la muerte de su abuelo, que coincidió con otra ocasión en que el nieto veloz levantaba los brazos en la capital castellana.