Miguel Isla (Madrid, 1991), CEO de Nómade People, recibe a Periódico de Ibiza y Formentera en Portinatx, entre las obras que ultiman la construcción del nuevo proyecto hotelero de su marca hotelera, que previsiblemente abrirá sus puertas el próximo mes de julio.
Nacido en Madrid, pasó su infancia entre Estados Unidos y España, desarrollando una visión internacional desde una edad temprana, antes de trasladarse a Londres para estudiar Finanzas. Allí, trabajó en el hotel Ritz, donde inició su trayectoria operativa desde la base y fue ascendiendo hasta convertirse en community manager, tomando conciencia de su vocación por la hotelería. «Allí me di cuenta de que la hotelería va mucho más allá de ofrecer experiencias al huésped. También es un negocio que integra distintas industrias a la vez; es un ecosistema en sí mismo».
Posteriormente cursó un máster en Administración Hotelera en la École Hôtelière de Lausanne, en Suiza, antes de dedicarse a la inversión y operación hotelera en distintos países, como Turquía o México. Desde 2018 es CEO de Nómade People junto a Sebastián Las y Antonio de la Rúa.
—¿Qué distingue a Nômade People?
—Un factor que tenemos en cuenta siempre es la cultura del lugar en el que estamos. Después de Londres, donde existe una cultura de turismo de guante blanco y muy servicial que no era la que más me gustaba, aunque allí aprendí mucho, en Turquía descubrí un enfoque diferente y una concepción del lujo totalmente distinta. Lo mismo ocurrió en Tulum, México, donde desarrollamos un hotel y existe un ambiente de bienestar y hospitalidad experiencial muy marcado y diferente al que podría encontrarse en Cancún. Allí va gente que busca retiros emocionales y relajarse en una playa tranquila, lejos de los excesos de otros destinos. Esa es la tendencia que hemos adoptado en nuestros hoteles.
Después de eso abrimos otros establecimientos con la misma filosofía en Lisboa, Marrakech, Berlín... y ahora también en Madrid e Ibiza. Siempre elegimos destinos donde creemos que podemos generar un impacto transformador y positivo con el tipo de turismo que queremos promover.
—¿A qué tipo de turismo se refiere?
—Al que busca destinos que ofrezcan algo más que alojarse en un hotel de lujo sin personalidad. Es lo que nosotros llamamos barefoot luxury, lujo descalzo: un visitante interesado en las tradiciones locales, los mercados, la música o la gastronomía.
—Lujo al fin y al cabo, ¿verdad?
—Sí, pero no es un lujo realmente visible a los ojos, sino más bien que se pueda sentir. Nada excesivo ni excluyente, como hacen otras grandes marcas hoteleras. Lo que pretendemos es que nuestras zonas comunes estén conectadas con la comunidad local. De esta manera, el huésped internacional que venga también podrá nutrirse de la riqueza de la gente que vive en la isla.
Por eso, los residentes tendrán importantes descuentos en todos nuestros servicios, como el spa, el gimnasio o las clases de yoga. No queremos que en el hotel haya solo huéspedes; queremos que también exista una convivencia natural con la comunidad local y familias del pueblo que vengan a pasar el día. De hecho, nuestra intención es mantener las puertas abiertas también fuera de temporada para que la gente local pueda disfrutarlo durante todo el año.
«Los residentes tendrán importantes descuentos en todos nuestros servicios, como el spa, el gimnasio o las clases de yoga. No queremos que en el hotel haya solo huéspedes; queremos que también haya convivencia con la comunidad local»
—¿Por qué en Portinatx y no en otro lugar de la isla?
—Porque queríamos evitar la zona de mayor estímulo de Ibiza, la vinculada a los clubes y la fiesta. Nosotros buscamos algo distinto. Estuvimos alrededor de dos años analizando la isla y entendimos que este es un lugar ideal para quien viene a descubrir la cultura y la comunidad local.
Por eso hemos hecho una inversión tan importante en las zonas comunes y los espacios abiertos, para convertirlos en un punto de encuentro donde disfrutar de las vistas y de la compañía. En una de estas zonas hemos instalado una especie de espacio experiencial donde celebrar actividades con artistas o relacionadas con el bienestar.
Queremos crear espacios donde la gente pueda humanizarse un poco más en unos tiempos en los que la ciencia y la tecnología avanzan a pasos agigantados mientras que aspectos tan básicos como abrazarse o darse un beso parecen quedarse atrás.
—Juegan un poco a la contra de la imagen típica de la Ibiza del lujo y la fiesta, ¿no es así?
—Así es. No jugamos al consumo masivo, el yate enorme, la villa más grande o el champán más exclusivo. Eso ya existe en la isla y nosotros queremos ofrecer justamente lo contrario. Aquí todos somos iguales. Conoces gente, disfrutas de nuestro espacio y sales de esa pretenciosidad que acaba siendo agotadora.
De la otra manera terminas las vacaciones desgastado; en nuestra propuesta las terminas nutrido y recargado. Además, admitimos familias con niños e incluso mascotas, algo que también define bastante nuestra personalidad.
«La oferta de ocio nocturno que hay en Ibiza no se encuentra en ningún otro lugar del mundo. Es una parte muy importante de la cultura de la isla, pero eso no significa que no pueda desarrollarse otro tipo de turismo»
—¿Cómo se imagina Ibiza en los próximos años?
—La isla tiene la capacidad de reinventarse mientras aprende de lo bueno y de lo malo de etapas anteriores. Es innegable que existe una masa crítica de personas que viene a Ibiza buscando la oferta de siempre y que favorece que puedan mantenerse determinadas infraestructuras y servicios.
La oferta de ocio nocturno que hay en Ibiza no se encuentra en ningún otro lugar del mundo. Es una parte muy importante de la cultura de la isla, pero eso no significa que no pueda desarrollarse otro tipo de turismo. Cada vez hay más gente que viene a disfrutar de las calas, hacer rutas o practicar deporte. Creo que cada vez hay más visitantes que quieren volver a las raíces.
—¿Se han encontrado con algunos de los problemas también típicos de la isla, como la falta de vivienda para los trabajadores?
—Sí. El problema de la vivienda afecta a prácticamente todos los destinos turísticos y, si además se añade el factor insular, la situación se complica todavía más. La vivienda turística es un verdadero problema en ese sentido: perjudica a los residentes que vienen a trabajar, perjudica a los residentes que buscan una vivienda y no pueden acceder a ella, y también perjudica al sector hotelero.
Es una cuestión que debe regularse adecuadamente desde las administraciones para evitar que quien compra una vivienda lo haga únicamente con fines especulativos o para destinarla al alquiler turístico. Conocemos muy bien este reto. Por ejemplo, en el hotel que tenemos en la pequeña isla de Holbox, en México, reservamos un espacio de viviendas para nuestros empleados.
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