Roberto Díaz Sánchez (Oviedo, 1975), licenciado en Psicología por la Universidad de Oviedo, ofrece hoy, a partir de las 19.00 horas en el Recinto Ferial, una charla denominada ‘Joven deportista y salud mental, claves educativas para la familia’. En el mundo actual, trabajar psicológicamente con los deportistas, especialmente los más jóvenes, se ha vuelto muy necesario. El psicólogo, que actualmente forma parte del programa del Plan Cooper, trabajando con medallistas olímpicos, y trabaja para el equipo nacional de natación y distintos centros de tecnificación, abordará aspectos como la gestión emocional, la motivación y la comunicación efectiva entre padres e hijos en el deporte formativo.
—‘Joven deportista y salud mental, claves educativas para la familia’. ¿Qué nos puede avanzar de la charla?
—Se busca poner de manifiesto el potencial que el deporte tiene a nivel educativo en cuanto a que se genera en el deporte una serie de circunstancias bastante potentes, sobre todo para la gente joven, y de eso se pueden aprovechar los entrenadores y las familias para educar, orientar y explicar otras cosas que vayan impactando más adelante. Es darle relevancia al deporte en ese sentido y enseñar o plantear cómo utilizarlo por parte de los implicados.
—¿En qué haría énfasis para que la gente acuda a informarse?
—Haría énfasis a nivel de prevención. Por decir un ejemplo, hoy en día, se dice y es un hecho que las generaciones más jóvenes tienen un problema con la frustración. Cuando eso va avanzando, te puedes encontrar con un gran problema en el que no sabes cómo actuar con alguien que está pasándolo mal o está teniendo problemas en las relaciones sociales y quizá se puede ir previniendo desde edades tempranas en relación al deporte. Es una idea de cómo ayudar a que estas generaciones crezcan de la manera más saludable y correcta a nivel psicológico y mental.
—La salud mental en el deporte está a la orden del día. ¿Cuáles son las principales vulnerabilidades que detecta en los deportistas?
—La frustración en relación al resultado. Nos encontramos muchas veces que el deportista en edad adolescente, habiendo obtenido un rendimiento óptimo, tiene un perfil muy perfeccionista. Hay un perfil perfeccionista en los estudios, en el deporte… Hay una diferencia. Cuanto más estudias, mejor nota sacas, pero, en el deporte, por mucho y bien que hagas las cosas, tus rivales pueden hacerlo mejor y te pueden ganar. Lo has hecho perfecto pero no has conseguido lo que querías. Eso, a veces, es difícil de encajar. En lo que se refiere a la salud mental, aparecen ansiedades al enfrentarse a la competición y hasta depresiones por no haber conseguido lo que querías. Ahí es donde entran los adultos, que han de estar pendientes de la gente joven para utilizar el deporte y orientarlo lo mejor posible.
—¿De qué manera pueden los padres detectar algún factor que perjudique mentalmente a su hijo deportista?
—Eso es lo que vamos a tratar de plantear con un decálogo de claves con las que puedan observar algún problema o anticipar que pueda estar existiendo con el fin de que puedan intervenir. Básicamente hay que buscar un equilibrio entre rendimiento y disfrute. Cuando hablamos de competición, se trata de que disfrutemos compitiendo porque, si sólo buscamos ganar, entonces sólo disfrutamos ganando y no compitiendo. Se trata de llevar bien ese tema de disfrute, rendimiento y resultado.
—En su charla se centra especialmente en el deportista joven. ¿Son los jóvenes más propensos a sufrir problemas psicológicos en el deporte o realmente no hay edad para ello?
—Yo diría que no hay una edad. En principio, cuando dices ‘vamos a jugar al fútbol’ pues se trata de jugar. Te lo pasas bien y disfrutas. En esos momentos iniciales no tendría que haber problema. En el momento en que hay resultados de por medio puede haber preocupación. Ahí empieza a aparecer el problema. A veces es porque el resultado no llega o incluso porque llega muy pronto. Lo quieres mantener a toda costa y, si no lo consigues, te vas frustrando. En gente mayor ni te cuento cuánto afecta. Cuando hablamos de profesionales cuya vida depende del deporte, resultados, contratos y lesiones, hablamos de que esas cosas hacen que ya pueda haber problemas.
—Ha estado vinculado a multitud de deportes como el fútbol, el golf, el piragüismo, el voleibol, el bádminton... ¿Dónde ha notado que existe una mayor necesidad de hacer uso de la psicología deportiva?
—Yo oriento mucho mi trabajo hacia el rendimiento y la concentración, no tanto a plantear la psicología deportiva a posteriori cuando hay un problema, sino como un entrenamiento para estar lo más fuerte posible. En ese sentido, son los deportes de motor, aquellos en los que el cuerpo igual no importa tanto. Hay un dicho de que el piloto son las manos, pero el que mueve las manos es el cerebro y es el que se tiene que concentrar, hacer cálculos de distancias, de referencias de frenada y hay poco tiempo para pensar estrategias. No es tanto por malestar o alteración, sino más bien cuestión de entrenamiento. Problemas hay en cualquier deporte. Diría que quizá más en el fútbol porque se practica mucho y es un deporte en el que muchas veces jugar o no es algo que decide el entrenador. No todos lo llevan bien. A veces te encuentras con que, por mucho que hagas, no sale lo que quieres porque depende de otra persona. Psicológicamente conlleva hasta sufrimiento.
—Actualmente trabaja con medallistas olímpicos. Muchos los ven como deportistas de hierro. ¿Qué le ha sorprendido de ellos a nivel psicológico? ¿Son más fuertes que el resto?
—Son más fuertes en general salvo, por ejemplo, en natación porque puede suceder que haya deportistas menores de 18 años que estén en los Juegos Olímpicos. Casi que lo encuentran sin buscarlo. Hay gente veterana que lleva muchos años en dinámicas y ruedas esos ciclos olímpicos de cuatro años que son terribles, y es gente muy fuerte pero que al mismo tiempo está sometida a presiones enormes. Todo lo que, de alguna manera, les pueda liberar de esa tensión puede venir bien.