Hay carreras deportivas que se miden en medallas. Otras, en silencios. La de Víctor Manuel Canseco Fernández (Ibiza, 05-04-1988) se mide en ambas. Porque hablar de él es hacerlo del mejor yudoca balear de la historia, pero también de una herida abierta durante casi 11 años, la cual, por fin, empieza a cicatrizar.
El 11 de abril de 2015, en Valencia, durante la fase sector del Campeonato de España, el ibicenco se vio obligado a retirarse por una lesión de espalda tras ganar su primer combate. Aquella tarde no solo abandonó una competición: se bajó, sin saberlo, del tren de la alta competición. «Yo no elegí terminar así mi carrera deportiva», confesó ayer a Periódico de Ibiza y Formentera. Y esa frase resume una década de lucha interior.
Desde entonces, el tatami fue memoria, recuerdo y añoranza. Intentos de regreso que no llegaron a buen puerto y una sensación de que algo había quedado inconcluso. Porque Canseco no era un competidor más. En su currículum brilla una medalla de bronce en el Campeonato de Europa sub-23 de 2009 en Antalya (Turquía), además de múltiples títulos nacionales júnior y subcampeonatos absolutos. Un palmarés que le convirtió en referencia indiscutible del deporte pitiuso y en estandarte del judo balear.
De nuevo en casa
Pero las leyendas no se construyen solo en los podios. También en la resistencia. El punto de inflexión llegó en agosto de 2024, cuando se incorporó como entrenador al Club Judo Sant Jordi, su casa desde los cinco años. «Es mi hogar. Aquí he crecido y me he formado no solo como deportista, sino como persona», afirmó.
Como profesor de judo, transmitiendo valores y conocimiento a sus alumnos, algo empezó a cambiar: «Entendí que tenía que seguir creciendo yo para poder ayudarles a crecer a ellos». Una charla el pasado verano terminó de encender la chispa: «Hubo una conversación en agosto que fue el verdadero punto de inflexión. Ese día entendí que si lo quería, tenía que hacer que sucediera. Y me puse a trabajar. Esa conversación me cambió».
«Sabía que este día, tardeo temprano, iba a llegar. Lo que nunca imaginé es que se pospusiera tanto»
Y trabajó. En silencio. Lejos de focos. Bajando peso. Recuperando sensaciones. Reconstruyendo su cuerpo y, sobre todo, una mentalidad que nunca se rindió. Algunos le daban por retirado. Él no.
El gran día
El pasado sábado, casi 11 años después, Víctor Canseco volvió a competir en la Supercopa de España de veteranos, celebrada en Madrid y defendiendo, de nuevo, el escudo del Club Judo Sant Jordi. Fue segundo en su categoría, pero el resultado era lo de menos. Lo importante era el regreso, el proceso y esa victoria invisible que vale más que cualquier presea.
«Sabía que este día, tarde o temprano, iba a llegar. Lo que nunca imaginé es que se pospusiera tanto en el tiempo», reconoce. La competición le dejó una sensación «agridulce», condicionado por molestias físicas y por no haber podido rendir al cien por cien. «Me habría gustado devolver en forma de oro todo el apoyo recibido». Sin embargo, lo que pesó más fue otra cosa: «Me quedo con el cariño. Mis deportistas, mi familia, mis amigos... Ellos no le dan valor sólo al resultado, sino al camino. Volví con sensación de deuda conmigo mismo, pero profundamente arropado. Y eso pesa más que cualquier medalla».
La reacción de la gente fue, para él, el mayor triunfo: «Sabía que me querían, pero he descubierto que incluso más de lo que pensaba. Ver las caras de ilusión, leer los mensajes… Es increíble. Ahora mismo, el club es el motor de mi vida y vivir esto rodeado de mi gente no tiene precio».
Lejos de conformarse con el regreso, Canseco ya mira al horizonte con ambición intacta. Ha cumplido el requisito mínimo para disputar el Campeonato de España en noviembre. Para acudir al Europeo o al Mundial deberá competir en otra Copa. El Europeo de junio en Burdeos podría llegar pronto. El Mundial de septiembre en Sarajevo puede ser un objetivo real. Pero no viajará por nostalgia. «Si voy, iré a ganar», sentenció.
Ambición
Su meta es tan clara como desafiante: «Ser campeón del mundo en categoría de veteranos. No me marco una fecha exacta, pero lo voy a conseguir más pronto que tarde».
En Ibiza, donde el mar ha sido siempre metáfora de ida y vuelta, Víctor Canseco ha demostrado que las historias inconclusas pueden reescribirse. Que las leyendas no se apagan: esperan. Que a veces el combate más duro no es contra el rival que tienes enfrente, sino contra el tiempo, el dolor y las dudas.
Once años después, el guerrero ha regresado al tatami. Y, esta vez, no piensa marcharse sin cerrar su historia como siempre soñó.
Grande Víctor! Seguiremos avanzando y aprendiendo de ti.