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El vecino de Ibiza al que dijeron «no volverás a andar» y que hoy corre maratones

Zach Washington-Young, reside en Sant Rafel y tuvo un accidente hace 14 años que puso en jaque su vida

Sobre estas líneas, diversas imágenes realizadas durante la entrevista a Zach Washington-Young. | Foto: Arguiñe Escandón

| Ibiza |

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Un accidente terrible que te deja en silla de ruedas y unas frases demoledoras por parte de un médico que te desgarran el alma: «No volverás a andar. Tampoco podrás tener hijos». Eso fue lo que le sucedió a Zach Washington-Young (Liverpool, 22-08-1990), británico que reside en Ibiza y que, cuando tenía 22 años, el 10 de septiembre de 2012, sufrió una grave lesión en la columna con sección de la médula espinal incluida. Tragedia total.

Lo normal es resignarse y tirar la toalla, pero el inglés no es de ese tipo de personas. Con el apoyo absoluto de sus padres y tras tratar con diversos fisioterapeutas, encontró en Cambridge una vía a la esperanza. Con el tiempo, comenzó a dar sus primeros pasos. Fue el comienzo de una historia increíble, propia de un guion de Hollywood. Y es que no se conformó con ello. Convirtió los milagros en realidad. Participó en pruebas de fondo hasta el punto de ser capaz de completar el Maratón de Londres en 2018, con muletas en mano, y cruzar el estrecho de Gibraltar a nado hace pocos días. Ver para creer.

Para entender hasta dónde ha llegado hay que regresar a aquel accidente que estuvo a punto de costarle la vida. Zach regresaba de un festival de música en autobús cuando uno de los neumáticos explotó. El vehículo se salió de la carretera y acabó impactando contra «un árbol de unos 400 años». Zach no llevaba el cinturón y salió despedido por una de las ventanas. Su espalda recibió el impacto contra el suelo y sufrió una lesión medular que cambió para siempre su existencia.

Superviviente

La tragedia fue todavía mayor porque tres personas murieron en aquel accidente, entre ellas uno de sus mejores amigos. Zach, en cambio, sobrevivió. Paradójicamente, considera que el hecho de no llevar puesto el cinturón fue lo que le permitió seguir con vida: «Era tan desafortunado por estar sentado en esa fila... Pero, considerando dónde estaba, tuve mucha suerte de sobrevivir».

Los primeros meses fueron devastadores. Los médicos le explicaron que las posibilidades de recuperación disminuían a medida que pasaba el tiempo sin avances. El objetivo dejó de ser que volviera a caminar: había que enseñarle a vivir en una silla de ruedas, fortalecer la parte superior del cuerpo y ganar autonomía. Después de numerosos intentos sin resultados, llegó incluso a escuchar del jefe médico que, si algún día conseguía volver a caminar, podía ir a verle porque se comería su propia corbata.

Aquella frase tuvo un efecto demoledor. Zach empezó a asumir que quizá los médicos tenían razón. Durante una de las etapas más oscuras llegó incluso a contemplar el suicidio. Afortunadamente, no llegó a llevar a cabo esa idea, pero reconoce que estuvo presente en su cabeza. Intentó llenar el vacío mediante una búsqueda constante de adrenalina: festivales y retos deportivos. «Estaba disfrutando mucho, pero estaba roto por dentro», admite.

Su madre siguió buscando una opción que cambiara el rumbo hasta encontrar una recomendación decisiva: Prime Physio, un centro especializado de Cambridge. Aquel desplazamiento acabó convirtiéndose en un punto de inflexión. Y eso que estuvo cerca de no asistir porque se fue de fiesta y tuvo que ser su padre quien le buscara y lo guiara al centro.

Punto de inflexión

En Prime Physio conoció a Andy Galbraith y se encontró con una manera diferente de entender la rehabilitación. Zach, amante del deporte y exfutbolista de la academia del Everton, empezó a ver la luz al final del túnel.

El primer gran cambio llegó mientras estaba en la ducha. Consiguió mover ligeramente un músculo del cuádriceps. Después de meses intentando enviar señales desde su cerebro hacia unas piernas que no respondían, aquella pequeña contracción fue una revelación. «Estaba lejos de donde quería estar, pero era el primer paso», explica. Poco después despertó otro músculo y luego otro. El proceso era lento, pero su cuerpo estaba respondiendo.

La rehabilitación encontró una nueva vía en el agua. La primera vez que consiguió desplazarse un par de metros sintió que estaba ante una posibilidad que durante años había considerado imposible.

A partir de ahí, Zach convirtió la recuperación en una sucesión de retos. Primero, un kilómetro a pie. «En ese momento yo quería más», recuerda. Después, cinco y, posteriormente, diez. Participó en la Jean Bouin de Barcelona, completó una media maratón y, finalmente, se fijó el gran objetivo: el Maratón de Londres.

El hombre al que le habían dicho que quizá no volvería a dar un solo paso acababa de completar uno de los grandes maratones del mundo y era el primero con una lesión como la suya que lo hacía. Pero el inglés no se quedó ahí. El agua se convirtió en otra de sus grandes pasiones. Empezó a competir –participó, por ejemplo, en la Marnaton de Formentera– hasta alcanzar un nivel que le permitió representar a Reino Unido e incluso pelear por la clasificación para los Juegos Paralímpicos. Con el tiempo, aquella pasión desembocó en un nuevo desafío: cruzar el estrecho de Gibraltar.

Se había inscrito para realizar la travesía cinco años antes, pero terminó olvidándose mientras continuaba con su carrera deportiva y se convertía en padre. Cuando recibió la comunicación de que podía afrontar el reto, no dudó: «Lo tomé como un señal del universo. Es mi momento. ¿Cómo voy a decir que no? Asumí el reto, la responsabilidad y empecé a planearlo todo».

Ser padre

La paternidad tiene, además, un significado especial en su historia. Aquellos que le habían dicho que no volvería a andar, también le habían indicado que no podría tener hijos. Hoy, Zach tiene un hijo y su nombre habla por sí solo. Se llama Chance, una palabra inglesa que significa oportunidad. «Para nosotros, Chance es un símbolo de esperanza, de oportunidad. Él es un milagro. Él es una evidencia de que, si hay personas diciéndote que no, que es imposible, no tienes que escuchar eso». El nombre de su hijo resume, de alguna manera, toda la trayectoria de Zach: aquello que parecía imposible acabó sucediendo.

Y fue precisamente el nacimiento de su hijo lo que le convenció de trasladarse a Ibiza. La relación de Zach con la isla venía de mucho antes. Sus abuelos comenzaron a llevarlo de vacaciones cuando tenía cinco años y, con el tiempo, Ibiza se convirtió en un lugar al que regresaba una y otra vez. Sin embargo, la decisión definitiva llegó cuando fue padre. «Quería un lugar ideal para que mi hijo pueda crecer, desarrollarse bien y saludablemente con la naturaleza. Ibiza tiene tantas cosas positivas...», apunta.

Ahora Zach quiere devolver a otras personas parte de lo que recibió durante su recuperación. Está explorando la posibilidad de crear en Ibiza un centro especializado en rehabilitación para personas con lesiones medulares, inspirado en el modelo que conoció en Cambridge. Su objetivo es crear también una fundación que permita financiar tratamientos para personas que no pueden permitírselos.

Su experiencia le ha enseñado que la rehabilitación no consiste únicamente en recuperar un movimiento, sino también una perspectiva. Por eso también ofrece charlas motivacionales. Pese a que lo parece, no se siente un ángel. «Solo me siento como yo», responde cuando se le pregunta por ello. Su intención es que su historia pueda servirle a alguien.

Volver al pasado

Si pudiera viajar atrás en el tiempo, reconoce que evitaría ese accidente «al cien por cien». «No por mí, sino por mi amigo. Quienes murieron allí no merecían perder sus vidas. Sé que mi situación ahora tiene mucha luz y, gracias a Dios, pude crear una historia positiva que puede ayudar y dar esperanza a otra gente, pero también extraño mi cuerpo como era antes. Extraño mis habilidades de correr y jugar al fútbol», explica.

Ha aprendido a convivir con esa pérdida: «Tenemos que jugar con las cartas que la vida nos da. Me alegro mucho y me siento muy orgulloso de poder sentarme aquí hoy y decir estas palabras. Yo estoy bien, ¿sabes? Soy feliz y estoy contento. Tengo una calidad de vida increíble y realmente estoy viviendo algo que algunos años atrás era un sueño».

Cuando se le pregunta qué les diría a quienes atraviesan una situación difícil, responde con una frase que podría resumir toda su vida: «No te rindas». «Creo que, si tengo un mensaje para el mundo, es simplemente ‘no te rindas’. Yo soy un ejemplo de las posibilidades que uno puede lograr desde una situación imposible si realmente crees en ti», expone.

Zach insiste además en otra idea: siempre hay margen para mejorar, para avanzar, para conquistar ese porcentaje que todavía parece fuera de alcance. Hace 14 años, un árbol se cruzó en su camino y estuvo a punto de acabar con su vida. Después llegaron la silla de ruedas, los diagnósticos, la depresión y la certeza de que nunca volvería a caminar ni tendría hijos. Hoy vive en Ibiza con su pareja y Chance, su «segunda oportunidad», después de haber completado un maratón y haber cruzado a nado el estrecho de Gibraltar, entre otros desafíos. «Cada día para mí es un extra, es un bonus. Tengo que apreciar cada día porque nunca sabemos lo que nos espera mañana», sentencia Zach, un claro ejemplo de perseverancia que ha hecho que más de un milagro se haga realidad.

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2 comentarios

user Eivissa | Hace un minuto

Una historia digna de relatarla en Netflix, me alegro por el y su familia y ojala le suceda lo mismo a un conocido de Ibiza que recientemente se ha quedado en silla de ruedas.

user Manifiesta | Hace 2 horas

Libras esterlinas, fueron la cura milagrosa.

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