Agosto se marcha y con él buena parte del ruido, las prisas y el turismo de fiesta. En Vila y Platja d’en Bossa septiembre trae menos visitantes, pero también otro perfil: más adulto, tranquilo y, según algunos negocios, con mayor poder adquisitivo. El balance del verano, sin embargo, está lejos de ser unánime. Mientras algunos establecimientos hablan de una buena temporada sostenida en buena medida por los cruceros y por una clientela fiel, otros la califican directamente de «fatal» y lamentan que buena parte del gasto turístico se quede en las discotecas.
En La Marina, Alejandra, que lleva cuatro temporadas trabajando en la tienda de ropa y souvenirs Sa Font, explica que el cambio respecto a agosto ya resulta evidente. «Se nota el cambio de agosto a septiembre. La primera semana fue bastante bien, pero ahora ya se nota que hay menos gente. Se nota que ya deben estar trabajando y los niños en el colegio», señala.
Su valoración de la temporada es, en cualquier caso, algo más ambigua. «Ha sido una temporada un poco rara», apunta, antes de destacar el papel que han tenido los cruceros a la hora de mantener el movimiento comercial. Eso sí, advierte de que el volumen de visitantes no siempre se traduce en ventas elevadas: «Muy poco gastadora».
Cruceros
La dependencia de los cruceros aparece también en el testimonio de Muna, trabajadora de los souvenirs Muna, también en La Marina. Su valoración de esta primera quincena de septiembre es especialmente positiva. «La primera quincena de septiembre ha sido muy buena. Como la temporada en general», afirma.
Muna reconoce, no obstante, que existe una cierta controversia entre los negocios a la hora de valorar el verano. «Algunos dicen que han trabajado mucho y otros que no han trabajado nada», explica. En su caso, los números permiten hacer un balance positivo. «Por nuestra parte, a la hora de hacer números podemos decir que bien», asegura.
Una buena parte de ese resultado tiene una explicación concreta: los cruceros. «El 50% o más de la facturación es por ellos. Sin los cruceros no comemos», afirma.
Víctor, comercial, coincide plenamente con este diagnóstico y considera que la importancia de los cruceros puede prolongarse incluso durante las semanas finales de la temporada. «Si en octubre se siguen vendiendo productos es gracias a los cruceros», sostiene.
Su experiencia, sin embargo, apunta a que este visitante no beneficia por igual a todos los sectores. «Dan más trabajo a los souvenirs que, por ejemplo, a las tiendas de ropa», explica. Y describe el comportamiento de estos turistas ante los productos vinculados a la isla: «A veces parece que no han visto una tienda de souvenirs en la vida, pero es que cualquier cosa con el nombre Ibiza se lo llevan a manos llenas».
Más tranquilidad
En Platja d’en Bossa, Joan Serra, responsable del rent a car Autos Es Canar, considera que la temporada está siguiendo un patrón bastante parecido al de otros años. «La temporada está siendo muy similar a la de otros años», explica. La primera semana de septiembre, según su experiencia, todavía ha mantenido buena parte de la inercia de agosto, pero el cambio empieza a hacerse evidente. «A partir de la segunda ya se está notando cierta bajada», apunta.
El descenso de volumen viene acompañado, sin embargo, de un cambio en el perfil del visitante. «Ahora viene gente con más poder adquisitivo, más tranquila y educada que busca más tranquilidad», señala Serra.
Es una tendencia que, según explica, se viene consolidando durante las últimas temporadas y que también afecta a la procedencia y capacidad económica del turista. «Va bajando el turismo español y más modesto económicamente», afirma.
Una percepción similar tienen Marga y Laura, trabajadoras del supermercado Migjorn de Platja d’en Bossa. Su balance general del verano es positivo. «La temporada en general ha ido bien, ha habido bastante movimiento», explican. En su caso, aseguran que la principal dificultad no ha estado tanto en el volumen de trabajo como en las condiciones en las que se ha desarrollado: «Ha sido más dura por el calor que ha hecho que por cualquier otra cosa».
Con septiembre, reconocen, la actividad ha bajado, aunque sin que se haya producido un desplome. «Ha bajado un poco pero tampoco es que se note un cambio brutal». Lo que sí cambia claramente es el comportamiento de los clientes. «Se nota en el perfil de la clientela, la que viene ahora es más educada, ¡incluso saludan cuando entran por la puerta!», comentan entre risas.
Clientela fiel
David, cocinero del restaurante Únic de Platja d’en Bossa, también aprecia ese cambio hacia un visitante más maduro y tranquilo. «Se nota bastante el cambio en el perfil del turista, más maduro y tranquilo que el resto del verano», explica.
Pese a ello, el establecimiento mantiene el ritmo de trabajo y afronta con optimismo la recta final de la temporada. Una de las claves, según apunta, es el carácter familiar del negocio y la fidelidad de su clientela. «En el restaurante, al igual que en los apartamentos Migjorn, tenemos la suerte de tener un negocio familiar que atiende a una clientela fiel que repite año tras año», señala. Su conclusión es clara: «Cada año va a mejor».
No todos los negocios de Platja d’en Bossa comparten, sin embargo, esta visión positiva. Desde el bar y restaurante Zanzíbar, Carol considera que septiembre presenta un comportamiento claramente diferente al del resto del verano, pero hace un balance muy negativo de la temporada en su conjunto.
«Septiembre tiene más movimiento, con otro público más adulto y maduro», explica. Su valoración del resto del verano es contundente: «Fatal».
En su opinión, una parte importante del turismo joven que llega a la zona responde a un modelo de estancia extremadamente breve y centrado casi exclusivamente en la fiesta. «La gente más joven viene solo 24 horas de fiesta, tal como reflejan después en las redes sociales», asegura.
El efecto de las discotecas
Carol también señala directamente a las discotecas como uno de los factores que condicionan el gasto turístico en la zona. «Las discotecas son carísimas y se lo llevan todo», afirma. A su juicio, tampoco el visitante de mayor poder adquisitivo revierte necesariamente en los negocios de Platja d’en Bossa.
«La gente del lujo, la que tiene pasta, apenas se deja ver por aquí, no pasea», sostiene. Y resume gráficamente el comportamiento de este perfil: «Esta gente va del yate a la sala VIP de la discoteca».
Así, mientras algunos establecimientos encaran la segunda mitad de septiembre con satisfacción por una clientela más tranquila y fiel, otros perciben una temporada marcada por un turismo muy concentrado y con un gasto que no siempre llega al pequeño comercio y la restauración. Entre ambos extremos aparece una coincidencia: septiembre cambia la cara de la isla. Hay menos gente que en agosto, pero también un visitante diferente, más adulto y pausado, mientras los cruceros se consolidan como un elemento cada vez más determinante para mantener la actividad comercial en Vila durante el tramo final de la temporada.
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