La Peña Deportiva sumó este domingo su primera victoria de la temporada. Los ibicencos, que jugaron más de una hora con uno menos, tiraron de orgullo, corazón y fútbol para tumbar al Orihuela (3-1) en el mejor partido del curso. Primera sonrisa en Santa Eulària. Una victoria que es más que tres puntos. Un triunfo que dispara el ánimo.
El partido arrancó con intensidad, pero con el Orihuela más cómodo. De hecho, la primera ocasión y de bastante peligro fue para los visitantes. En un saque largo de banda, el balón llegó al corazón del área y, para fortuna peñista, el disparo salió centrado y Edu Frías lo atrapó en dos tiempos. El plan ibicenco, hasta el momento, era el juego directo y la segunda jugada. Eso sí, no ganaban ninguna y los diez primeros minutos fueron la nada ofensiva.
No estaba cómodo el conjunto ibicenco, que no encontraba la manera de llegar al área rival. Tampoco era que los alicantinos estuviesen haciendo una oda al fútbol, pero sí tenían más orden y sentido a la hora de intentar llevar el balón a zonas de peligro. En el minuto 20, la Peña se libró, pues el gol de Solsona fue anulado por fuera de juego.
A medida que el partido avanzaba, el conjunto de Ramiro iba ganando metros y el encuentro se estaba igualando. Se empezaba a jugar más en el campo del Orihuela y, aunque las ocasiones brillaban por su ausencia, la sensación era de que había menos peligro visitante.
Así estaban las cosas cuando llegó el gol ibicenco. En un saque de esquina, en una acción completamente loca y tras varios intentos de remate, Ale Vera peinó el balón hacia portería. El portero parecía tenerlo controlado, pero se le escapó el esférico y Montori aprovechó el regalo para poner el 1-0. Era la primera llegada peñista, pero valía oro.
Pero, tras el gol, llegó el mazazo. Tres minutos después, Yuzún veía la segunda amarilla y la Peña se quedaba con uno menos. Error garrafal del lateral, que daba la sensación de que no sabía que ya estaba amonestado. La expulsión obligaba a Ramiro a mover el banquillo y Silva entraba en el lugar de Montori. El propio Silva tuvo en sus botas el segundo en el 35, al recuperar un balón muy peligroso, pero su disparo fue atrapado por Buigues, que esta vez sí estuvo seguro.
Pese a la roja, el gol había sentado bien a la Peña y muy mal al Orihuela, que había perdido por completo el control del partido. Ahora eran los locales los que daban más sensación de peligro cuando conseguían recuperar y salir en velocidad. Así estaba el partido, pero la Peña comete muchos errores y, en el descuento de la primera parte, concedió una contra muy peligrosa que acabó castigando Solsona. 1-1 y jugadores a vestuarios.
El Orihuela salió bien de los vestuarios, buscando el segundo gol. El empate les había dado tranquilidad y sabían que tenían la ventaja numérica para buscar su oportunidad. El plan de resistencia peñista se podía hacer muy largo ante el acoso visitante.
El conjunto de Ramiro logró frenar ese ímpetu inicial e ir igualando un partido en el que el balón era visitante. Defender ordenados y buscar salir con velocidad y el balón parado eran las armas del equipo ibicenco, que defendía el empate, pero no renunciaba a intentar hacer daño.
No renunciaba y, camino de la hora de juego, llegó el golazo. En una buena acción combinativa, el balón le llegó a Souley Gassama, que descosió el esférico. El defensor sacó un tremendo disparo inapelable para el portero. Un misil directo a la red para poner el 2-1 en el marcador y desatar la locura en la grada. Ahora la Peña sí tenía un tesoro muy valioso y media hora para protegerlo.
Estaba ordenado el conjunto de Ramiro, que apenas sufría. Al Orihuela le empezaban a entrar las prisas y no encontraba ningún hueco en una defensa firme, que repelía una y otra vez el balón. Además, tampoco es que estuviese embotellado el cuadro pitiuso, que se seguía asomando al campo contrario con un Dani Sancho que estaba haciendo un trabajo encomiable.
Con el 2-1, el partido entró en los últimos diez minutos y llegó una falta muy peligrosa para los alicantinos. En el 84, en un saque de esquina, Souley remató de cabeza y se encontró con una gran parada del guardameta. En el rechace, Dani Sancho se encontró con el palo y el balón le volvió a caer a él. La jugada siguió y, tras una acción maravillosa del juvenil Adam, que acababa de entrar, el árbitro señaló penalti sobre Fraile. Dani Sancho tomó la responsabilidad y desató la locura con el tercer gol de una Peña que llevaba desde la media hora de juego con uno menos.
Justo cuando se llegaba al 90, la Peña se libró del segundo. Joan Marí, bajo palos, desvió el disparo de Solano, que ya estaba celebrando el gol. Cinco minutos de descuento. Cinco minutos más de trabajo para que los puntos se quedasen en casa y Santa Eulària pudiese celebrar su primera victoria.