Mallorca es un clamor con la selección española y lo está demostrando ronda tras ronda con reuniones cada vez más multitudinarias. Miles de personas han vivido una cita para la historia, en la que las selecciones española y francesa buscaban un hueco para la final del Mundial, el mayor escenario del fútbol internacional.
El calor de la tarde fue dando paso a una atmósfera cargada de ilusión. Son Fusteret se convirtió mucho antes del inicio del partido en un punto de encuentro para varias generaciones de aficionados, unidos una nueva esperanza de tocar el cielo futbolístico. Jaume Colombàs fue el encargado de amenizar la espera y mantuvo viva la llama de un Son Fusteret a rebosar -con 9.800 personas según los datos facilitados por el Ajuntament de Palma-que no dejó de cantar y bailar. Cada minuto que acercaba el comienzo del encuentro elevaba un poco más el pulso de un recinto que respiraba fútbol por los cuatro costados.
El recinto vivió momentos de euforia sobre todo en un primer tiempo de dirección única. Desde el arranque del encuentro, la selección demostró la velocidad de crucero que le ha permitido alcanzar las semifinales con la flecha hacia arriba.
En el ecuador del primer acto, una entrada a destiempo de Lucas Digne a Lamine Yamal encendió la mecha de la euforia en un Son Fusteret que se volvió loco. Todas las miradas apuntaron a Oyarzabal. El eibarrés, con ese rostro que transmite calma, tocó con mimo el balón. Miles de seguidores tenían el corazón a cien pulsaciones. Pero Mikel ni se inmuta. Sea en un amistoso o en unas semifinales de un Mundial. Maignan le adivinó la intención, pero no pudo con un golpeo que provocó el delirio a más de 8.500 kilómetros de distancia.
El descanso fue el momento de refrescarse porque entre el calor y el bullicio era necesario hidratarse. El abanico y los vasos eran tesoro en una noche infernal.
Los gritos de animación de Jaume Colombàs ponían en pie a un recinto entregado a la causa. Los gritos de «Yo soy español, español, español» se convirtieron en el hilo musical de una noche que comenzaba a tener el sabor a la final.
Y el éxtasis alcanzó Son Fusteret con una pared de ensueño entre Olmo y Pedro Porro que acabó con el 0-2 del lateral... y la locura se apoderó de los casi diez mil aficionados. La gente abrazándose y coreando los nombres de los jugadores y, sobre todo, citándose para el domingo. En el mismo sitio. A la misma hora. Para vivir una de esas noches que quedan grabadas a fuego en la memoria.
El arreón final de Francia, bien resueltos por Unai Simón y toda la zaga, pletórica, provocó el picante necesario para respirar a pleno pulmón cuando el colegiado señaló el final. Porque la segunda estrella aguarda en el horizonte. Inglaterra o Argentina. De ahí saldrá el rival de España en la segunda final del Mundial de toda su historia.
La roqueta...😅Estais rabiosos.....no culpes al Alcalde de la corrupción del PRESOE y sus colaboradores. Ellos mismos se cavan la tumba dia a dia.