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El sector consolida su madurez

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El turismo español llegó a 2025 en una posición de fortaleza excepcional, confirmando que sigue siendo uno de los pilares estructurales de la economía española. Al mismo tiempo el sector empleó a 3 millones de personas, cerca del 14% de trabajadores del país, lo que acredita una vez mas al turismo como generador de oportunidades y cohesión social.

La aportación del turismo habrá marcado en 2025 un nuevo máximo histórico en nuestro país, con un +4,7% interanual, lo que confirma que el sector no atraviesa un rebote coyuntural, sino un proceso sostenido de transformación y consolidación, confirmando la salud y resiliencia del sector, así como la fase de normalización y estabilización en que ha entrado la economía turística, con cifras más moderadas que se resumen en el +2,7% del PIB del turismo registrado en 2025.

Además, estas grandes tendencias reflejan un progresivo cambio estructural de la demanda, con turistas de mayor valor que muestran mayor preferencia por experiencias sostenibles y mayor calidad hotelera, y con una fuerte inversión en renovación de la oferta hotelera y complementaria hacia segmentos más premium.

• Un año marcado por un crecimiento más rentable y sostenible
La mejor noticia de 2025 es sin embargo la que nos confirma un mejor patrón de crecimiento del turismo, en el que crecen más los resultados empresariales (+5,6% 2025 vs 2024) que las ventas (+4,0%), el gasto (+6,8%) más que la afluencia (+1,4%) y mejora también la calidad del empleo y la productividad (+3,8%).

Y es que en 2025 se mantuvo el crecimiento en las llegadas de turistas, aunque más lento y sobre todo, más eficiente, pues apuntan a un modelo de crecimiento turístico menos dependiente del volumen y más centrado en su rentabilidad, calidad y valor social generado, en el que debe dejar de importarnos si nuestro país alcanza la cifra de 100Mn de viajeros.

Hoy sabemos que la competitividad real reside en la capacidad de generar más PIB y empleo por visitante, no en contar más visitantes. Las «palancas» que determinan este «crecer en valor» frente al «crecer por crecer» son, así:

a) Un mayor gasto por turista y día, que reduce la tensión sobre los recursos y refuerza la aportación fiscal y salarial per cápita del gasto turístico. Para «capturar» este turismo de alto valor añadido han sido muy importantes las inversiones en renovación de la planta hotelera y la creación de experiencias «premium» (en gastronomía, wellness, cultura, naturaleza, deporte etc) que valoran la autenticidad de los destinos y fomentan la cadena de valor y las compras locales en el destino.

b) Un mejor mix de mercados y viajeros, que, con distintos «propósitos» muestran un perfil de consumo más sofisticado (experiencias, cultura, bienestar, gastronomía etc) en línea con el reposicionamiento de la oferta hotelera y complementaria, con la mayor orientación al lujo y a la economía de experiencias.

c) Menor estacionalidad, que reduce picos y otorga estabilidad al tejido productivo de los destinos.

d) Circularidad y eficiencia como ventaja competitiva, con las islas Baleares como pioneras con normas como la Ley Economía Circular en Empresas Turísticas, que incluye planes de mejora obligatorios y aumenta la eficiencia de costes y el impacto de nuestra actividad, mejorando también la imagen de destino sostenible.

• Impacto y retos del empleo en el turismo
Esta tendencia de reposicionamiento y mejora de nuestro modelo turístico lleva como consecuencia directa la transición hacia puestos de trabajo más cualificados. Porque en materia de empleo, los retos de la industria turística tampoco son ya meramente cuantitativos: no basta con sostener millones de empleos, sino que deben ser más estables, más cualificados y digitales. La futura competitividad del turismo en baleares y en toda España depende de que sepamos apostar y reforzar el talento en el sector.

La industria turística ha sido siempre altamente intensiva en factor humano y muy especialmente para el empleo femenino, y se ha comportado históricamente como puerta de entrada al mercado laboral y como un perfecto «ascensor social» para generaciones sin formación universitaria. Hoy, sin embargo, el Turismo está expuesto a una profunda transformación, que requiere perfiles más técnicos y especializados, pues el nuevo ecosistema turístico demanda una mayor exigencia de calidad y servicio, una mayor digitalización y automatización de procesos transaccionales (para concentrar el servicio humano y el trato directo en las áreas de mayor valor añadido), y nuevas competencias y sensibilidades obligatorias como la sostenibilidad.

En este contexto, el sector sigue apostando por la mayor cualificación profesional de los perfiles, por una mayor estabilidad (el 93% de los empleos turísticos creados en 2025 fueron indefinidos), una mejora del bienestar y condiciones laborales, y una reducción de la estacionalidad; un auténtico «circulo virtuoso» brindado por la mejora de nuestro modelo turístico, que se ve sin embargo amenazado por una lacra de nuestra época: el insostenible índice de absentismo laboral, que supera con creces el dato de nuestros vecinos europeos, llegando a poner en riesgo nuestra competitividad.
Como nos recordaba Randstat Research en un reciente informe, la tasa global de absentismo en España se situó en el 7%, lo que implica de aproximadamente 1,6 millones de trabajadores faltan al trabajo cada día, 165.000 de los cuales corresponden al sector turístico, y especialmente al sector de alojamiento, con más de 37.000 ausencias diarias. Como ya he dicho muchas veces, el problema es indudablemente complejo precisa de un abordaje multifactorial, pero es evidente que ha traspasado ya los límites de lo razonable y justificado para convertirse en una cuestión «cultural» que aplica especialmente a las generaciones de trabajadores más jóvenes y menos comprometidos. Por ello, no nos cansaremos de recordar que el turismo es una industria « de personas para personas», y este problema amenaza no solo a nuestros resultados y al bienestar de las plantillas, sino a la propia capacidad del sector para mantener el liderazgo.

• Perspectivas de Balears y de España en 2026
A punto de comenzar el segundo trimestre, (y sujetos a la volatilidad e incertidumbre que aporta la situación geopolítica internacional del momento, y especialmente la guerra en Irán y su impacto en los flujos turísticos globales) las previsiones del sector indican que España seguirá creciendo en valor por visitante durante 2026., así como mantendrá una tendencia de expansión sostenida hasta 2035 gracias a los esfuerzos de reposicionamiento de la oferta, unidos a un mix de turismo más rentable y a un elevado dinamismo de la demanda internacional.

En concreto, el impacto de la guerra en Irán -que ha interrumpido, deseablemente por poco tiempo, la espectacular senda de crecimiento del turismo en la región- podría generar dos efectos clave para España y las Illes Balears: por una parte, un «efecto desplazamiento» de parte de la demanda internacional hacia destinos del sur del Mediterráneo percibidos como estables y seguros, y por otra, un incremento de llegadas de vuelos de corto radio europeos ante la preferencia por los destinos de proximidad.

Como ya mencioné, esperemos que la situación se normalice muy pronto, y me gustaría recordar que nuestra competitividad no debe estar basada en las desgracias ajenas, sino en nuestros propios méritos, por lo que desde el sector instamos a gestionar de manera responsable esta situación y a «capturar» únicamente una demanda de calidad, y no un volumen indiscriminado de turistas no-alineado con nuestros objetivos de mejora de calidad y sostenibilidad.

Como siempre, terminaré este artículo apelando al diálogo y la colaboración público-privada, que tan positivos frutos nos ha dado en el pasado ante retos como la promoción y puesta en valor del turismo 365 en Palma alma gracias a la Fundación palma Turismo 365, la transformación de Magaluf, o la creación y puesta en marcha del Palau de Congressos.

Evitemos las soluciones más populistas y aparentemente «fáciles» como retirar nuestra promoción de las ferias o eliminar de ella nuestras maravillosas playas, o como subir el impuesto de Turismo Sostenible sin evidencia alguna de su efectividad para atenuar la saturación; abordemos los problemas de nuestras ciudades y destinos (como la escasez de vivienda para trabajadores del turismo y residentes), los casos de saturación ante la desbordante oferta (muchas veces ilegal) de alquileres vacacionales, y «gestionemos» la promoción para atraer a los segmentos de turista que más nos interesa, y a lo largo de más meses al año. Juntos, el futuro turístico de Balears será imparable.l

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