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Balears, destino vacacional caro, antipático y geopolítico

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La geopolítica en la industria turística ha trastocado todas las previsiones empresariales en los últimos ejercicios económicos. Más de cuatro años del conflicto bélico que enfrenta a Ucrania con Rusia y ahora la guerra de Israel-Estados Unidos contra Irán han modificado todo el tablero turístico internacional. Esta coyuntura ha beneficiado a los destinos vacacionales a priori seguros, como es el caso de Balears, pero aquí hay una doble lectura porque ello ha significado un encarecimiento progresivo de los servicios turísticos, principalmente en la oferta de alojamiento y de restauración, situando a Mallorca y resto de islas en una situación un tanto compleja.

Hay mercados emisores, caso del español, que ya en el verano 2025 comprobaron en sus bolsillos que venir de vacaciones a las Islas les sale más caro que irse al Caribe. A esto hay que sumar que la calidad del servicio o el trato al cliente-turista deja mucho que desear. La verdad que no somos un destino simpático con los que vienen de fuera, pese a que más del 80 % del PIB balear dependa de la industria turística. Es un contrasentido que viene de antaño.

Queremos beneficiarnos del turismo a nivel empresarial y laboral, pero el flujo de visitantes ha superado todas las previsiones y provocando, con ello, un sentimiento antiturístico por la saturación y masificación que se produce en los meses punta del verano en carreteras, calas, playas y en el Casc Antic de Palma.

Es un tablero de ajedrez complicado en el que cada pieza realiza una función específica para conseguir la mayor rentabilidad posible, pero desde la postpandemia esto ha variado de forma cuántica. Los récords turísticos registrados desde 2022 por ser un destino seguro, ahora molestan a determinados colectivos y hasta un alto porcentaje de la población residente en las Islas. La estrategia de apostar por la cantidad ha conllevado la consolidación de un clima antiturístico en toda regla.

Manifestaciones, protestas, pintadas en las calles de Palma y resto de municipios de Mallorca y resto de islas, han sido la tónica general. Urge por ello variar esta tendencia y no basta con hablar políticamente de contención. ¿Qué se puede contener cuando estamos hablando de las vacaciones de millones de europeos? Es poner puertas al campo y quedar bien con una parte de la sociedad. La visión empresarial es muy diferente, especialmente para aquel colectivo que solo piensa en el cortoplacismo y en la mayor ganancia sin pensar en el mañana. Es lógico que las patronales digan que la calidad es el baremo esencial para no perder competitividad y ya ven las orejas al lobo cuando en la pasada temporada turística los niveles de actividad no fueron los de 2023 y 2024.

El binomio rentabilidad/calidad no está reñido siempre y cuando ello no afecte a la sostenibilidad del destino. Y una pata esencial para que todo esto siga funcionando es la de la formación y que los trabajadores entiendan que el que entra por la puerta de un hotel, cafetería, bar, restaurante y discoteca no es solo un mero número, sino su sustento.l

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