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Turismo y riesgo de pobreza

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El año 2025 volvió a situar a Balears en la élite turística internacional. No en vano, las islas encadenaron un nuevo máximo histórico con más de 19 millones de visitantes, según el Ibestat. En el plano económico, el sector turístico siguió siendo el motor indiscutible. Balears cerró 2025 con un gasto turístico que superó los 21.000 millones de euros, un 5,16 % más que el año anterior, mientras que el gasto medio por visitante aumentó hasta los 1.340 euros, y el gasto diario alcanzó los 214 euros, un 5,26 % más que en 2024. Aunque según el INE, la renta media por persona en las islas aumentó hasta los 16.753 euros anuales, con un crecimiento del 5,1% respecto al 2024, esta mejora de ingresos no se distribuyó de manera equitativa entre toda la ciudadanía. Es cierto que la tasa AROPE (el indicador que mide el riesgo de pobreza o exclusión social) descendió ligeramente hasta el 15,2% en 2025, un punto menos que en 2024, situando a Balears como la segunda comunidad con menor tasa después del País Vasco. En este sentido, en cifras absolutas, esta proporción representa unas 206.000 personas en situación de vulnerabilidad económica y social. Así pues, aunque supuso una mejora, siguió siendo un volumen significativo, que evidenció la persistencia del problema. Ahora bien, conviene recordar que este indicador se elabora a partir de los datos proporcionados por la Encuesta de Condiciones de Vida, centrada exclusivamente en hogares. Por todo ello, aunque la tasa AROPE disminuyó, ésta no contempla situaciones de sinhogarismo, como las personas que viven en la calle, en asentamientos, caravanas o habitaciones compartidas, realidad que aumentó de manera más que significativa en Balears.

Por todo ello, en este contexto, hay que poner de relieve, que en el 2025, el riesgo de pobreza se situó en el 11,6%, mientras que la carencia material y social severa, esto es, el indicador que revela dificultades extremas para cubrir necesidades básicas, afectó al 3,6 % de la población. Además, casi un tercio afirmó no poder afrontar gastos imprevistos, con un 29,5 % y un 24,1 % no pudo permitirse una semana de vacaciones al año.

Paralelamente, la presión del mercado de la vivienda siguió siendo el talón de Aquiles del bienestar social en Balears. El alquiler continuó encareciéndose, con subidas acumuladas superiores al 77 % en la última década. En este sentido, la falta de vivienda se ha convertido, en el principal de factor de exclusión social. Y es que de acuerdo con el último Informe de la Pobreza, impulsado por EAPN-Illes Balears, cuatro de cada diez hogares destinaron más del 40 % de sus ingresos a la vivienda.

Asimismo, en el 2025, la pobreza infantil siguió siendo uno de los retos más graves a los que hacer frente. Aunque descendió respecto a ejercicios anteriores, aún afectaba al 19,4% de los menores. Y es que la combinación de salarios insuficientes, los altos costes de vivienda y el encarecimiento del nivel de vida, comportó que muchos padres no pudieran cubrir las necesidades básicas de sus hijos a cargo.
Respecto al empleo, mostró una evolución positiva, pero insuficiente para frenar la desigualdad estructural, dado que los sueldos no crecieron al ritmo del coste de la vida y, en particular, de la vivienda. El propio Informe FOESSA 2025, auspiciado por Cáritas, advirtió que tener trabajo ya no garantizaba salir de la pobreza.

En definitiva, 2025 fue un año de doble realidad para Balears. El turismo alcanzó niveles históricos y se reforzó la actividad económica. Sin embargo, la vulnerabilidad social no desapareció, sino que continuó afectando a decenas de miles de personas, en tanto que los problemas estructurales, como la crisis habitacional, se acentuó aún más.

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