Mirar 2025 a través de este anuario obliga a asumir una doble realidad. Por un lado, los datos que podemos consultar en Ibestat dibujan un año excepcional en términos de estabilidad contractual. Por otro, la crónica diaria de Eivissa y Formentera muestra un mercado laboral que, pese a esa mejora formal, sigue condicionado por una carencia estructural básica: el acceso a la vivienda. El éxito del dato convive, de forma incómoda, con la cruda realidad. Del año 2025 quiero destacar el dato de la «tasa de estabilidad» registrada en las Pitiusas, que ha escalado hasta un histórico casi 85 %. Conviene precisar la relevancia de esta cifra: es el porcentaje de contratos indefinidos sobre el total de contratos registrados. En términos técnicos, mide la capacidad del mercado para reducir su dependencia de la contratación temporal y ofrecer un marco de permanencia jurídica al trabajador. Esta es la teoría…
La comparación histórica permite entender el alcance de este giro. Hasta la reforma laboral, la tasa de estabilidad en Eivissa y Formentera era una línea plana que rara vez superaba el 15 %. El mercado estaba dominado por la temporalidad cíclica, donde la mayoría de los contratos nacían con una fecha de finalización predeterminada. En 2025, ese cambio de patrón sigue consolidándose: hoy, casi 8 de cada 10 contratos firmados en las islas son indefinidos. En Eivissa y Formentera se firmaron en 2025 algo más de 64.600 contratos, de los que 54.700 fueron indefinidos. Es decir, hemos pasado de la excepcionalidad del contrato fijo a su dominio absoluto en apenas cuatro años.
Sin embargo, este avance exige una lectura de mayor profundidad. En un territorio tan condicionado por la estacionalidad, una mayor proporción de contratos indefinidos no equivale necesariamente a un empleo continuo durante los doce meses del año. Bajo la actual normativa, la práctica totalidad del antiguo contrato de temporada ha sido absorbido por la figura del fijo discontinuo. Esto modifica la naturaleza jurídica de la relación laboral y aporta una teórica seguridad al trabajador de cara a la siguiente campaña, pero no elimina la interrupción estacional de la actividad. El trabajador permanece vinculado a la empresa, pero sigue atravesando periodos de inactividad efectiva.
Los datos de afiliación de 2025 reflejan esta brecha con claridad: en el conjunto de las islas se pasa de un máximo de casi 100.000 trabajadores en alta a apenas 58.000 en diciembre. La diferencia, 42.000 personas, confirma que la estacionalidad sigue siendo el rasgo estructural de nuestro mercado, aunque hoy se exprese bajo fórmulas de «estabilidad inactiva». La otra gran realidad de 2025 es demográfica. Las Pitiusas han cerrado el ejercicio superando los 172.900 residentes registrados -161.500 en Eivissa y 11.500 en Formentera- y, simultáneamente, con enormes dificultades para que las empresas completen sus plantillas. El sector servicios, que concentra ya el 85,5 % de nuestra ocupación, se enfrenta a la imposibilidad material de residir en las islas.
El mercado laboral ha chocado así con su principal restricción externa: la vivienda. En 2025 ha quedado confirmado que la mejora contractual, por sí sola, no basta para fijar población. Se puede ofrecer la mayor tasa de estabilidad de la serie histórica y, aun así, no lograr cubrir puestos si el coste residencial impide una vida mínimamente viable. El problema principal ya no es la precariedad del contrato, sino la inviabilidad de sostenerse en el territorio con el salario percibido.
El balance de 2025 deja un sabor agridulce. La reforma laboral ha corregido la precariedad formal y ha reforzado la protección del trabajador ante el sistema. Si en 2026 la vivienda no se aborda como el principal factor de estrangulamiento de nuestra economía, seguirá creciendo la distancia entre los buenos indicadores administrativos y la capacidad real de las empresas para retener a los trabajadores. El próximo salto cualitativo no depende tanto de seguir elevando el porcentaje de indefinidos como de garantizar que trabajar en Eivissa y Formentera sea, sencillamente, compatible con vivir en nuestras islas.