Tras un año récord en el que el turismo internacional alcanzó los 1.520 millones de llegadas, un 4% más que el año anterior según ONU Turismo, la pregunta obligada es qué tendencia impulsará el crecimiento en 2026. Sin embargo, asistimos a un cambio de paradigma en el sector que ya no se mide por el volumen de viajes, sino por la capacidad de generar valor a través de la experiencia.
Como líderes del sector, nuestra responsabilidad es interpretar este cambio más allá de la evolución de la demanda y entenderlo como una exigencia de sostenibilidad a largo plazo. La realidad del mercado actual, especialmente en emisores de alto valor como el estadounidense nos indica que el futuro está ligado a la capacidad de ofrecer un «turismo con propósito».
En Piñero, este concepto es una ventaja competitiva forjada durante 50 años. Nuestra alianza estratégica con Hyatt es un ejemplo de cómo escalar este modelo, respondiendo a un viajero global que busca que su estancia genere un impacto positivo tangible. Ya no hablamos de un consumo pasivo del destino; la motivación del nuevo visitante ha evolucionado hacia el respeto por la identidad local y el intercambio cultural, un factor que hoy es determinante para garantizar la prosperidad y el equilibrio del entorno que nos acoge.
Esta visión estratégica se materializa en proyectos de turismo regenerativo, como Cayo Levantado Resort, donde el bienestar individual y la preservación del entorno convergen para capturar un segmento de mercado que, según datos recientes, muestra una disposición a pagar hasta un 43% más por experiencias con garantías de sostenibilidad real.
Asimismo, la diversificación y nuestra agilidad para evolucionar son fundamentales para conectar con las nuevas necesidades de la sociedad y seguir generando valor en un entorno en constante cambio. La adaptación de nuestros hoteles, Bahía Principe, a realidades como la silver economy —un mercado que alcanzó los 6,4 billones de euros en la UE en 2025— o el segmento de parejas sin hijos, no es solo una renovación de planta, sino una decisión estratégica para fortalecer nuestro negocio.
En este nuevo escenario, la integración con el destino es el único camino para fortalecer la cadena de valor. Proyectos como Terreno Barrio Hotel en Palma, un establecimiento boutique diseñado para revitalizar su entorno, ejemplifican cómo la inversión privada actúa como catalizador de la regeneración urbana y la cohesión social. Al abrir a la comunidad local espacios como su restaurante, su cine y una galería de arte local, el hotel apuesta por la desestacionalización e impulsa el tejido empresarial y el talento de Mallorca.
Esa desestacionalización es la que entendemos en Piñero como una herramienta clave para generar equilibrio y garantizar una convivencia armónica. A través de nuestra unidad de negocio de viaje, con marcas como Soltour, impulsamos una turoperación capaz de distribuir la riqueza durante todo el año. Considerando que el crecimiento de viajeros en temporada baja ha llegado a duplicar a los meses estivales, garantizar ingresos estables para el tejido local se convierte en una prioridad.
Desestacionalizar también significa ofrecer un valor diferencial e irrepetible. Hablamos de vivir la Noche de Muertos, presenciar la migración de ballenas jorobadas o disfrutar del golf en cualquier época del año. En este sentido, nuestros campos PGA Riviera Maya y PGA Ocean’s 4 consolidados como referentes internacionales, son un atractivo clave tanto para los huéspedes de nuestros resorts como para los residentes de los desarrollos urbanísticos de nuestra división de Real Estate & Golf.
En definitiva, adaptarse a las tendencias es clave para construir un modelo de negocio regenerativo donde la rentabilidad pasa por garantizar el bienestar y la sostenibilidad del destino.
Esta inspiración debe formar parte de nuestro día a día, integrándose en el proceso de innovación para garantizar que nuestra visión estratégica evolucione al ritmo de las expectativas del mercado.l