La Encuesta de Población Activa (EPA) continúa siendo una herramienta excelente para interpretar no solo quién encuentra empleo sino también cómo se mantiene ese empleo en el tiempo. En un contexto económico como el de 2025, caracterizado en las Illes Balears por niveles de actividad elevados, descenso del desempleo y mayor dinamismo laboral, analizar la interacción entre formación, estabilidad y resiliencia laboral cobra aún más relevancia.
La relación entre el nivel educativo de una persona y su acceso al mercado laboral está ampliamente contrastada por los datos de la EPA, de forma que, a mayor nivel de estudios, menor tasa de paro. Sin embargo, para comprender realmente el impacto de la formación en el bienestar laboral de la población, es necesario observar la calidad del empleo al que se accede y para ello debemos tener en cuenta diversas variables como el tipo de contrato, la estabilidad laboral, la jornada o la ocupación desempeñada.
La estabilidad laboral —entendida como la probabilidad de acceder y conservar empleos con contrato indefinido, jornada completa y funciones de mayor responsabilidad— presenta diferencias significativas según el nivel de formación, de forma que las personas con menor nivel educativo tienen una mayor concentración en empleos temporales, jornadas a tiempo parcial o sectores con fuerte estacionalidad. En cambio, quienes han adquirido una formación postobligatoria —tanto de grado superior en Formación Profesional como Universitaria— acceden con más frecuencia a empleos estables con condiciones contractuales más sólidas y menor rotación. Esta situación permite una mayor capacidad de planificación personal y familiar y se refleja en tasas de permanencia en el empleo superiores a las observadas en niveles formativos más bajos.
Una información importante que también nos aporta la EPA es la medición de la resiliencia del empleo, entendida como la capacidad de los trabajadores para conservar u orientarse rápidamente hacia nuevos puestos de trabajo frente a cambios en el ciclo económico. En 2025, los indicadores autonómicos recogen que, si bien la economía balear sigue mostrando buen dinamismo, hay una moderación en el ritmo de crecimiento. En este escenario, los datos de la EPA confirman que la resiliencia laboral es mayor entre las personas con mayor formación. Esta circunstancia tiene también explicaciones estructurales, por cuanto los empleos asociados a niveles formativos más altos suelen requerir mayores habilidades y competencias técnicas y están vinculados a procesos más complejos, a funciones de gestión, análisis, innovación o prestación de servicios avanzados, lo que aparte de incrementar la productividad facilita la adaptación a nuevas funciones o sectores. En un mercado laboral que convive con incertidumbres tecnológicas y demográficas, esa adaptabilidad y flexibilidad es muy importante. Por el contrario, una proporción significativa de empleos de baja cualificación continúa vinculada a sectores más volátiles y expuestos, donde la rotación y la temporalidad son mayores.
Los datos de la EPA también nos revelan una relación clara entre la formación y las trayectorias profesionales, por cuanto las personas con mayor nivel educativo no solo acceden a mejores empleos inicialmente, sino que presentan mayores posibilidades de movilidad ascendente, promoción interna y adaptación a los cambios tecnológicos y a las nuevas exigencias del mercado, lo que deriva habitualmente en mejores condiciones salariales.
En consecuencia, la formación no es solo una puerta de entrada al mercado laboral, sino un mecanismo de progreso a lo largo de toda la vida activa -formación de por vida-. Para ello, es imprescindible un sistema educativo alineado con las necesidades productivas y con una formación profesional fuerte, una Universidad conectada con la empresa y una formación continua accesible, lo que a contribuirá a crear un mercado laboral más estable, más productivo y más equitativo.