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Construir un modelo turístico de valor

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El panorama internacional se ha vuelto, en los últimos meses, cada vez más difícil de leer. Desde Estados Unidos regresan mensajes de presión comercial y anuncios de nuevos aranceles, con un efecto casi inmediato sobre la confianza en Europa. Al mismo tiempo, la guerra en Ucrania sigue sin una salida clara y mantiene abierta una herida en el continente. En Oriente Medio, el alto el fuego anunciado en Gaza fue una noticia que todos recibimos con alivio; aun así, el horizonte sigue siendo incierto y nadie se atreve a dar nada por cerrado.

En Europa convivimos con un debate creciente sobre seguridad y defensa y con una economía que avanza con dificultad. Alemania apenas creció un 0,2% en 2025, después de dos años de recesión. Reino Unido cerró 2025 con un crecimiento anual del 1,3%, una mejora leve respecto a 2024 que apunta a una recuperación moderada. A pesar de todo, España ha seguido encontrando en el turismo un apoyo importante para la actividad y el empleo. En 2025 llegaron 96,8 millones de turistas internacionales, un 3,2% más que el año anterior, y el gasto creció un 6,8% en el conjunto del año. Con cifras así, el debate no debe centrarse en cuánto crecemos, sino en cómo lo hacemos.

Y Mallorca puede jugar un papel importante en la creación de un turismo competitivo en el que todos nos sumemos a un modelo de valor. Cuando hablamos de un turismo de valor, lo primero es la calidad. Y eso empieza por la experiencia que le ofrecemos al cliente, que depende en gran medida de la experiencia del empleado. Si queremos que quien viene a Balears se lleve un recuerdo positivo, necesita encontrar profesionalidad y cercanía. Y eso solo es posible cuando detrás hay equipos bien formados y orgullosos de su trabajo. Porque la calidad del turismo depende, sobre todo, de nuestra gente. De cómo se les cuida, de cómo se les forma y de cómo se les reconoce. Cuando alguien se siente valorado, esa actitud se transmite. Y cuando eso ocurre de manera generalizada, el destino entero mejora. Un modelo de valor también tiene que ver con el equilibrio del destino.

Mallorca no es solo un lugar que se visita; es un lugar donde viven más de un millón de personas. En los últimos veinte años, la población residente ha crecido cerca de un 42%. Ese crecimiento ha aumentado la presión sobre los servicios y sobre la vivienda. Si el turismo quiere seguir siendo una oportunidad para las islas, debe convivir de forma razonable con esa realidad. El bienestar de los residentes es un asunto importante. Sin equilibrio entre visitantes y comunidad local, el modelo pierde estabilidad. Ese equilibrio, además de social, es ambiental. Cuidar el destino significa proteger aquello que lo hace posible. Mallorca no sería lo que es sin su paisaje y su belleza natural. Los recursos no son infinitos. La gestión del agua, el consumo energético y el impacto que genera la actividad turística forman parte de una responsabilidad compartida. En los últimos años se han dado pasos importantes, pero es un trabajo que no termina nunca. Por eso la sostenibilidad es una condición necesaria para que el turismo siga teniendo futuro en Balears.

Un modelo de valor exige también orden y coherencia. Es importante que exista un marco claro y que se cumpla. La normativa está para garantizar calidad y seguridad. Cuando eso ocurre, el destino gana en estabilidad y en confianza. El diálogo entre administraciones, empresas y sociedad es imprescindible para avanzar en esa dirección. Baleares necesita consensos amplios y una visión compartida. El turismo es demasiado importante para la economía y para el empleo como para abordarlo desde posiciones enfrentadas.

Ese marco claro y esa coherencia también se reflejan en el funcionamiento diario del destino. El turismo va más allá del alojamiento porque abarca todo lo que ocurre alrededor. La experiencia empieza cuando el visitante aterriza y se mueve por la isla. El aeropuerto de Palma, la movilidad, el estado de los espacios públicos o la calidad de los servicios forman parte de esa percepción. Siempre hay margen de mejora. Cuando las infraestructuras funcionan bien y la organización es eficaz, se facilita la convivencia y se refuerza la imagen del destino. Mallorca ha avanzado mucho en su oferta complementaria en los últimos años. Hoy cuenta con propuestas gastronómicas, culturales y de ocio de gran nivel. El viajero actual busca autenticidad. Quiere entender dónde está, probar su cocina, recorrer sus pueblos, conocer su historia. Cuando esa experiencia es coherente y está bien integrada, el destino gana profundidad. Por eso es importante que el destino evolucione en su conjunto. Las iniciativas que ponen en valor el patrimonio, la gastronomía local o las actividades vinculadas a la naturaleza ayudan a reforzar la imagen de Mallorca como un lugar diverso y de calidad. Son detalles que suman y que marcan la diferencia cuando un visitante elige volver. Somos un destino maduro. Tenemos una trayectoria larga y una reputación ganada a pulso. Mantener esa posición exige cuidar el conjunto y cuidar el equilibrio. Un modelo turístico de valor se construye con constancia. Se construye con acuerdos y con una mirada que vaya más allá de la próxima temporada. Y se construye pensando en las personas que viven aquí, que trabajan aquí y que hacen posible que el destino funcione. Si somos capaces de seguir trabajando en esa dirección, con serenidad y con sentido común, Balears seguirá siendo un referente internacional y, al mismo tiempo, un lugar donde merece la pena vivir.l

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