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Presente y futuro del mercado laboral

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El trabajo es un factor de producción muy especial. El trabajo no es «una cosa» sino una actividad humana, y no es un factor de producción como son las materias primas, el capital, las máquinas o la energía. No es una mercancía, sino un factor de producción único en muchos aspectos fundamentales, y por tanto, el mercado de trabajo, no es sólo un mercado, sino una institución social. Ahora bien, si es tan especial, se comprende que no se permita que funcione como un mercado libre, sino como un mercado regulado. El trabajo es el único factor de producción que es inseparable de su propietario y entonces, lo que ocurra en el mercado de trabajo afecta directa y decisivamente a las vidas y el bienestar de los trabajadores, que son la mayoría de la población, que no disponen de otra fuente de ingresos. La remuneración y condiciones de trabajo son vitales para el trabajador y su familia. En la sociedad de consumo actual el trabajador es también el principal consumidor. Las economías avanzadas se caracterizan por un sistema de producción en masa para satisfacer las demandas de toda la población . Si el trabajo deja de ser demandado o su capacidad de compra disminuye puede dar lugar a una crisis de subconsumo. Y efectivamente el poder de compra de los salarios, teniendo en cuenta el coste de la vivienda, en este último decenio se ha reducido drásticamente. A pesar de eso, el consumo privado ha crecido en Balears un 3,3% impulsado por el aumento del empleo y del turismo.

Todas las islas y especialmente Eivissa, viven una profunda contradicción ya que conviven con un sobreconsumo turístico altísimo y un subconsumo de gran parte de los residentes, por el alto coste de la vida y la vivienda, que está generando un éxodo de familias hacia destinos más baratos. Esta pérdida de poder adquisitivo afecta especialmente a los jóvenes, a los inmigrantes y a los trabajadores de temporada desplazados.

La masa salarial de los trabajadores se ha estancado en este siglo mientras crecen exponencialmente los rendimientos del capital y de una minoría de trabajadores muy cualificados, lo que está aumentando la desigualdad. Los cambios tecnológicos, y especialmente la inteligencia artificial (IA), a través de la automatización de tareas, está transformando el trabajo y generando cambios drásticos en la cantidad y calidad del empleo, y por tanto cambiando la forma de obtener los ingresos de la mayoría de la población. Muchos de los empleos tradicionales se destruyen y también se crean nuevos. La destrucción es rápida con muchos perdedores. Las grandes tecnológicas son el ejemplo más extremo pues su objetivo es desplazar totalmente a la mano de obra. La incorporación de lo nuevo es más lento, generando menos mano de obra, pero muy cualificada, reduciendo los empleos de cualificación media y baja, polarizando al extremo el mercado de trabajo con grandes ingresos en los estratos altos, eliminando los intermedios y con un amplio número de trabajadores difíciles de sustituir pero con mucha competencia y bajos salarios en servicios, A veces estos trabajos se subcontratan a través de empresas de trabajo temporal y falsos autónomos. Los trabajadores se convierten en mercancía y su trabajo es rutinario e intercambiable. El trabajo de baja cualificación es la clave de la creciente desigualdad en el mercado de trabajo, con pocas recompensas económicas, personales y sociales. No ofrece oportunidades para mejorar y progresar y contribuye a acrecentar el desinterés en el trabajo de la juventud actual. Este mercado tiene que estar regulado. Ahí es donde la administración pública se tiene que volcar: Cambiar el sistema educativo, complementar la renta de los que tienen ingresos bajos, aumentar el salario mínimo (como se está haciendo), abrir oportunidades de progreso personal, con leyes que eviten la explotación y el trato a veces desconsiderado a los trabajadores inmigrantes, especialmente del cuidado, olvidando su importancia en una población española envejecida. Vivimos un momento conflictivo y contradictorio, pero también esperanzador, con grandes transformaciones que afectan a la sociedad y que permitirían la mejora de las condiciones materiales de la población a través de un uso cooperativo de los recursos económicos y la democracia. Depende de nosotros.

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