La crisis de consumo por motivos coyunturales, económicos, de confianza, de cambios en los hábitos de consumo y sobre todo las guerras -la ya existente de Ucrania y la de Gaza- provoca un estancamiento en nuestras venta. Todo ello y como consecuencia la subida de precios de materias primas, la subida desmedida de los costes de transporte y la falta de fiabilidad de proveedores y abastecimiento de sub-productos ha provocado que nuestro calzado haya tenido en su precios un incremento considerable, que a pesar de haber descendido en cantidad de pares prácticamente la facturación no ha sufrido variación.
Por eso cada vez nos vemos mas en la obligación de mejorar -si ello es posible- en diseño y calidad de nuestros productos para hacer frente a la competencia de países asiáticos con menores costes laborales, burocráticos y casi ausencia de normativa. O de países de nuestro entorno no afectados por nuestra insularidad, doble insularidad en nuestro caso. El calzado menorquín este año -2025- sigue con un mayor esfuerzo de lo habitual en estar presente en todos los mercados capaces de adquirir nuestro producto. Nos hemos encontrado cierto «pesimismo» generalizado en todas las zonas con descensos en las compras por mor de la situación socio-económica, por los incrementos de precios y por el cambio en los hábitos de consumo más derivados hacía ocio y vida.
El calzado -y repito este párrafo de otros años- como todos los sectores, tiene su ciclo. Desde su gestación hasta su culminación puede suponer un plazo de 8 a 9 meses por lo que los escandallos deben estar basados en datos «poco variables». Ahora no encontramos con la ley Contra la Morosidad que obliga a hacer efectivo el pago de todas nuestras compras a los 30 días so pena de no poder acceder a ayudas superiores a 30.000 euros, no poder presentarse a concursos públicos u otros. Se trata de manera igualitaria a sectores donde la vida del producto es cortísima –perecederos como pescado, carmes, frutas, etc..- como a nuestro sector de fase de producción muy larga. Cabe decir que el Estado no está sujeto a dichas medidas y que como ejemplo está la devolución del IVA que se dilata hasta los 6 meses cosa que provoca «huecos» de tesorería importantes. En lo referente al abastecimiento de materiales no se han recuperado del todo nuestros proveedores por lo que sigue costando bastante el poder contar con todos los materiales necesario para nuestros fabricados.
El transporte sigue por las nubes y a la hora de hacer escandallos no contamos con un mínimo de certeza de cual será su coste real ni el de la energía que utilizaremos. Salimos a comercializar nuestros productos con unos precios que deben «aguantar» un temporada, o sea, mínimo seis meses y hacernos cargo de las modificaciones que se produzcan en ese periodo. En lo laboral sigue siendo muy difícil encontrar personas que quieran incorporarse al mundo laboral. El relevo generacional creo que es un problema común a muchos mas sectores y que vemos con difícil solución en el contexto actual.
Otro aspecto que en Menorca ha ayudado a mantener viva la industria zapatera ha sido la figura de los Fijos Discontinuos, figura que bajo una denominación u otra ha estado presente en nuestra isla desde épocas pretéritas y anteriores a la actual. Esta figura hoy por hoy y por razones que todos sabemos y que nada tienen que ver con la realidad sino con la «política» con minúscula estamos siendo «atacados» con dos, tres y hasta cuatro inspecciones anuales por empresa para luchar contra esa figura. El sector del calzado está muy vinculado a dos temporadas al año con parones irregulares entre ellas con periodos muy cambiante influidos por factores como la climatología y el consumo.
En 2025 hemos exportado a algo más de 57 países, todos los de la C.E.E, Reino Unido, Israel, Turquía, R.P. China, Japón, Estados Unidos, Canadá, México, Australia, Nueva Zelanda y algunos países de la Península Arábiga, entre otros. La estructura productiva tanto del sector de producción como de la Industria Auxiliar ha sufrido un descenso aunque a nivel de empresa a empresa su estructura a sido menor, ya que para mantener las líneas de producción nos es necesario mantener los puestos de trabajo.
Las perspectivas del 2025 que vislumbramos no se están cumpliendo, son diferencias mínimas, con una Europa afectada por las guerras, con un consumo resentido con niveles de consumos de por debajo de lo previsto, y en general el resto de mercados también en la misma situación. Lo que se vislumbra para el 2026 no es nada alagüeño por la situación mundial ya que se añade una nueva guerra -le de Irán- que está generando nuevas y graves incertidumbres en costes de energía, de transporte y de materias primas.