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La dignidad de un empresario

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Ser empresario es una carrera de fondo, en dónde en un momento de la vida de una persona, tuvo un sueño, un deseo, una ambición, un PORQUÉ. Y la contestación vino en forma de convertirse en un emprendedor «véase a la persona que le dedica una gran parte del tiempo disponible en intentar convertir en tangible, aquello que sólo existía en su cabeza».

Con más ilusión que certeza, con más ganas que experiencia y con más corazón que conocimientos, te das de alta como Autónomo, un hecho muy relevante porque conocerás enseguida a tu primer socio, la Agencia Tributaria, que se quedará entre un 25% a un 45% de tus beneficios anualmente y entre un 4% a un 21% de tus ventas en forma de IVA, pero si te haces la pregunta de que, ya que como tu no la escogiste como socio, pero recoge los beneficios de tu iniciativa, si fracasas ¿te va a ayudar en la misma proporción? sencillamente olvídate. Porque además dependiendo en que Autonomía y Municipio vivas, tendrás que seguir pagando más impuestos y te puedo asegurar que hoy en día hay grandes diferencias entre administraciones autonómicas y locales que no te machacan y otras al que le es totalmente indiferente.

Pero sigues teniendo la determinación de seguir adelante, sigues creyendo en tu proyecto, vas adaptando el plan de negocio a la evolución continua de la economía, te sigues formando, incluso en materias que a priori no le dabas tanta importancia, como es la comunicación porque te das cuenta que necesitas llegar a los clientes, haciendo marca de empresa y personal, porque ves proyectos que salen exitosos siendo mediocres, pero cargados de marketing y buena comunicación.

Y al cabo de un par de años, das el salto de Autónomo a Empresario, contratas a aquellos que has tenido al lado como autónomos o colaboradores, te instalas en una Sede más vistosa y empiezas con tu plan de expansión, porque sabes que con el esfuerzo que te ha costado llegar, el gran fallo sería estancarte y no te lo puedes permitir, porque tan siquiera es por ganar más sino por supervivencia, porque ya hay otros pisándote los talones.

Pero si me permiten vamos al titular de este artículo «la Dignidad», porque este es un valor que se otorga y ¿quién te lo otorga? ¿La administración, tus empleados, los clientes, los proveedores, tus amigos, tu familia? O en realidad tendría que ser «La Sociedad» como sistema que tenemos de convivencia, que entiende todo lo que hemos relatado y al igual que hace con otras profesiones, reconoce también la del empresario.

Para eso hace falta mucha pedagogía, que tiene que empezar en las Escuelas, seguir en los Institutos, hasta la Universidad, para que esa labor sea conocida, que se sepa el aporte que significa al bienestar de todo, porque quiero recordar que el «dinero público» no existe, el dinero que utilizan los Gobiernos es el dinero que recauda de los contribuyentes y para recaudar más no se tendría que utilizar la palanca de la subida de impuestos, sino favorecer el crecimiento empresarial, para que puedan aportar más recursos sin ahogar sus empresas.

El empresario es un actor fundamental en nuestra Sociedad, porque si no aporta más, lo aportamos los demás o lo que es peor el Estado se tiene que endeudar para mantener los servicios, por lo que nos endeuda a todos. Pero al margen de un tratamiento fiscal justo y no con un ánimo recaudatorio puro y duro, también necesita ser reconocido, sin grandes alabanzas, pero sin olvido, sin estruendo, pero siendo escuchado, sin trato especial, pero sabiendo de su importancia y así poco a poco devolveremos la DIGNIDAD con mayúsculas que tiene esta profesión, reconocida en la mayoría de países de avanzadas economías y denostada en los últimos tiempos en nuestro País, es un reto y hay que ganarlo, porque necesitamos lograr un buen clima de emprendimiento, lo contrario nos pasará factura.

Y recordar como siempre que escribo en este medio que, en economía hay que ser más serio aunque duela..l

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