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El orgullo de ser enfermera

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Me siento agradecida por haber podido escribir esta columna durante muchos años. Desde esta tribuna he podido destacar múltiples aspectos que considero esenciales respecto de lo que el sector de la sanidad privada aporta a la economía balear y lo que es mucho más importante su contribución al bienestar de nuestra sociedad en general.

Recuerdo haber analizado los beneficios de los marcos de colaboración establecidos entre los servicios de salud públicos y privados para dar respuesta a la creciente demanda asistencial, algunas referencias a la contribución del sector sanitario para ofrecer a la industria turística un entorno territorial de seguridad y garantías asistenciales, lo que creo que es una de las principales ventajas competitivas frente a otros destinos, así como, un abordaje de los diferentes desafíos que hemos superado, por ejemplo, la pandemia. Un momento crucial que nos dejó muchos aprendizajes de los que ahora vemos algunos frutos, en transformación digital y oferta de nuevos servicios como el Portal del Paciente, el Hospital digital, o las nuevas trayectorias y guías clínicas de seguimiento que permiten al paciente resolver múltiples cuestiones sin necesidad de desplazarse físicamente al hospital. Es innegable que, en este sentido, nuestro sector sanitario privado es pujante y lidera muchos de estos proyectos e indicadores de transformación digital.

Desde este punto de vista la oferta sanitaria continúa siendo atractiva para los pacientes y también para muchos especialistas que actualmente optan por desarrollarse profesionalmente en el ámbito privado. En conjunto la amplia oferta de asistencia accesible 24/7, la continua renovación tecnológica y de instalaciones, así como la competencia sana entre los diferentes grupos o el entorno dinámico y digital de trabajo siempre orientado a ofrecer la mejor atención a todos los pacientes conforman un entorno que satisface las expectativas de muchos profesionales en el sector. Hasta el punto de que se ha hecho evidente la necesidad de contar cada vez más con personas cualificadas y bien formadas en cada uno de los puestos. Es conocido que recientemente, se han dado a conocer múltiples proyectos formativos y académicos que persiguen la misma finalidad: paliar el déficit de profesionales, garantizar el relevo generacional y dar respuesta a la demanda.

Por esta misma razón y para satisfacer lo que era una clara necesidad del sector es motivo de enorme orgullo el proyecto pionero en Balears de la «Escuela privada de Enfermería», que desde Quirónsalud y junto con la Universidad Pontificia Comillas y el CESAG hemos impulsado y que cumpliendo con todos los plazos previstos este próximo mes de junio graduará a su primera promoción.

Pienso que así se refuerzan dos pilares esenciales e imprescindibles para el desarrollo económico de nuestra sociedad, como son la educación y la sanidad. En busca de la excelencia, la Escuela se presentó orientada a dar continuidad a una visión de asistencia y forma de hacer las cosas que tan buenos resultados y confianza han aportado durante tantos años a los residentes y visitantes.
Los beneficios de la apuesta académica son múltiples. El más evidente, es que los alumnos pueden acceder a estudios universitarios en su propia tierra de origen y el mercado cuenta con más profesionales. Pero, por otra parte, se consolida un claustro académico, que en muchos casos también son profesionales en activo, y que se ven en la necesidad de investigar y de renovar o profundizar en sus conocimientos. De forma que todo, desemboca en una mejor formación, mayor calidad asistencial y mejores destrezas en la asistencia al paciente.

En estos tiempos cambiantes marcados por la tecnificación y la prevalencia de factores necesarios y disruptores como la Inteligencia Artificial, es importante aferrarse también a los valores clásicos y a la apuesta por «Personas que van a cuidar de Personas». Profesionales que adaptados a su tiempo son capaces de combinar lo mejor de los avances tecnológicos con el compromiso en el desempeño de su trabajo con cariño, humanidad y empatía los rasgos que siempre han caracterizado la vocación de nuestra profesión de enfermeras.

Personalmente, he tenido la oportunidad en el ámbito profesional de ser emprendedora, de dirigir amplios equipos o de invertir y tomar riesgos empresariales, pero lo primero que quise ser y he sido siempre es enfermera. Me siento orgullosa de ello, y así me gustaría que se sintieran nuestras próximas generaciones de graduadas en enfermería.

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