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El tocino y la velocidad

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En un mundo donde la ventaja competitiva se mide en semanas, seguimos confiando en que los comités, los procedimientos y el ‘vuelva usted mañana’ compensen la falta de velocidad. No lo hacen. Durante años nos han vendido que Europa es calidad, que Estados Unidos es innovación y que China es ejecución. Tres estilos, tres escuelas, tres escudos distintos. El problema no es la táctica del equipo. El problema es el ritmo. Porque en el siglo XXI, más que el talento, lo que decide los partidos es la velocidad. Buscas a alguien rápido y lo pones cerca de la portería contraria y le pasas balones largos, a ver si metes algún gol y ganas a la contra. Poner el autobús solo ralentiza la derrota.

El tocino no es mala intención. Es grasa operativa. Procedimientos, informes, comités, validaciones, sellos y el clásico ‘vuelva usted mañana’. El tocino no protesta ni hace ruido, simplemente ralentiza.
Europa es el ejemplo más sofisticado de este fenómeno. Talento hay de sobra. El problema es que, mientras diseñamos el reglamento perfecto para jugar el partido, otros ya ganan 2-0 en el minuto 20. Aquí el talento llega tarde porque antes ha tenido que pasar por diez despachos y tres idiomas oficiales.

Estados Unidos juega a otra cosa. Menos toque y más verticalidad. Fallan rápido, corrigen rápido y vuelven a atacar. No siempre juegan bonito, pero juegan rápido. Allí una idea tarda semanas en convertirse en producto. Aquí tarda meses en convertirse en expediente. Ellos sacan el balón jugado. Nosotros seguimos discutiendo si el césped cumple la normativa.

Y luego está China, que no pregunta si el balón es reglamentario, lo pone a rodar. Donde Europa convoca una mesa de expertos y Estados Unidos monta un piloto, China ya ha desplegado la solución a escala nacional. No es ideología, es cronómetro.

Tecnología, construcción y Administraciones Públicas comparten el mismo mal, proyectos que nacen viejos. Infraestructuras pensadas para un mundo que ya ha cambiado. El tocino no mata la calidad, pero la vuelve irrelevante.

En Balears el fenómeno es especialmente visible. Si uno se pregunta cuál fue la última gran construcción por la que un turista vendría expresamente a visitarnos, la respuesta es La Seu. Y no porque no hayamos construido nada desde entonces, sino porque desde entonces hemos construido sin crear. Aeropuertos ampliados, paseos marítimos reformados y toneladas de hormigón sin conexión con la naturaleza ni con el bienestar social como prioridad. Mucho proceso, poco criterio y una ejecución desesperadamente lenta. El tocino llevado a la arquitectura.

La Administración Pública merece mención aparte. Está diseñada para controlar, no para ejecutar. Para evitar errores, no para generar impacto. Cada nuevo procedimiento se añade como una capa más de tocino ‘por seguridad’. El resultado es una máquina pesada, lenta y perfectamente documentada, que siempre llega tarde. Nadie corre cuando sabe que el que llega primero no gana nada y el que se equivoca lo paga todo. La solución no es quemar el tocino, sino adelgazarlo. Priorizar la velocidad sin renunciar al control. Entender que en un mundo digital, llegar tarde equivale a no llegar.

Hoy la ventaja competitiva no está en tener talento, sino en ponerlo en movimiento. El mercado no espera a que estés cómodo, espera a que estés listo.l

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