Hoy parece una conclusión irrefutable que la oferta de vivienda nueva o usada, en régimen de compra o en alquiler, no cubre la ingente demanda de la misma… Una demanda que tiene un origen diverso: incremento poblacional originado por la incesante inmigración, necesidad de emancipación de jóvenes, nuevos modelos sociales… y una oferta escasa que tiene su causa en: insuficiente construcción de vivienda nueva, falta de suelo urbano, una ley de vivienda estatal manifiestamente ineficaz y contraproducente por la inseguridad que genera en arrendadores y propietarios,.. Aquí en Balears, todos estos síntomas se agravan por el hecho insular que define un territorio con recursos limitados. Pero si está realidad geofísica es irresoluble, más lo parece la falta de consenso de nuestros representantes políticos en materia de vivienda.
Ya a finales de la «crisis del ladrillo», desde la Asociación de Promotores Inmobiliarios de Balears (Proinba) llevábamos demandando la necesidad de retomar la actividad constructiva de vivienda asequible… por lo que muchos nos juzgaban como insensatos con ambición sin límites morales… Por desgracia, estos últimos impusieron sus ideas y de aquellas lluvias, luego han venido estos lodos.
Desde hace unos años, sin embargo, el escenario jurídico-político ha apostado abiertamente por legislar para crear un ecosistema que facilite la construcción de vivienda asequible sin consumir más territorio; optimizando el suelo urbano y urbanizable (la creación de las viviendas de precio limitado y la aprobación de la ley de proyectos residenciales estratégicos) y mejorando (reduciendo o eliminando) los procesos legales que regulan su desarrollo (autorización de las EPCUS, simplificación administrativa,…). En principio, todos ello debería reflejarse en la construcción de aproximadamente 15.000 viviendas asequibles antes del 2030,
No obstante, todos sabemos lo difícil y lento que es promover y construir y lo fácil y rápido que es paralizar y destruir. Y, por falta de ese consenso global, los procesos electorales próximos son una amenaza real que en pocos meses puede deshacer, o cuando menos, paralizar todo el camino hecho estos últimos años y del que en Proinba nos sentimos parte actora. Exigimos responsabilidad y «seny» a quien gobierne, sea del color que sea, dentro de poco más de un año.
Quiero ser optimista y pensar en un futuro que haga realidad esas 15.000 viviendas asequibles en Balears antes del 2030… Pero no nos engañemos, si se consigue, habremos aliviado la emergencia habitacional de muchos jóvenes y familias residentes en las islas actualmente y en la correspondiente cesión de suelo, los organismos municipales de vivienda y el IBAVI podrán dar solución de vivienda social en alquiler a otras tantas familias en situación precaria… pero el problema puede seguir creciendo si el modelo económico de las islas se sigue fundamentando en incrementar la población activa como mano de obra «barata» y en ese caso la sostenibilidad del territorio está en peligro.
Por ello, es necesaria una reflexión sobre a donde queremos ir con nuestro modelo económico y si éste debe seguir apoyando sus rentabilidades en el crecimiento y no en la productividad, en un crecimiento poblacional de mano de obra barata y no en la eficiencia.
Si se sigue con este modelo de crecimiento (ahora incluso se promueve la desestacionalización para tener mayor actividad si cabe) puede ser legítimo pero entonces que los responsables de este tipo de actividad económica se responsabilicen no sólo de buscar una solución laboral sino que arrimen también el hombro y aporten también una solución habitacional y de recursos energéticos y dotacionales para sus trabajadores y sus familias y no sólo busquen culpables en forma de políticos, promotores inmobiliarios o propietarios de viviendas en alquiler.