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La empresa familiar en Balears

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La empresa familiar sigue marcando el ritmo de crecimiento de la actividad económica en nuestras islas. Lo demuestra un dato irrefutable: nuestras empresas aportan el 81,7% del Valor Añadido Bruto (VAB) de la comunidad, mientras que la media nacional es del 57,8%. Este es un dato extraído del exhaustivo informe sobre la empresa familiar elaborado por la Cátedra Banca March de la Universitat de les Illes Balears en la que colabora la ABEF. El trabajo ha sido dirigido por el Catedrático en Economía, Alfredo Martín, y se ha elaborado partiendo de los datos que ofrece el Instituto de Empresa Familiar al que pertenece nuestra asociación; es, por tanto, una radiografía completa y certera que vuelve a poner de manifiesto por qué la empresa familiar es la columna vertebral del tejido productivo balear por su mayor supervivencia, su capacidad de adaptación y su desempeño financiero —más rentabilidad y menor endeudamiento— frente a la empresa no familiar.

La presentación del citado informe a la opinión pública tuvo lugar a finales de 2025, de modo que sus conclusiones nos sirven de guía para explicar cuál fue el comportamiento de la empresa familiar durante el citado ejercicio y para plantear cuáles son las necesidades para el futuro, líneas que en cualquier caso se antojan complejas de trazar en el contexto internacional de guerra entre EEUU e Irán en el que nos encontramos en el momento de escribir estas líneas y que dibujan una situación de incertidumbre. Si se ha de destacar, pues, un elemento clave de la empresa familiar para abordar el futuro con determinación pese a un entorno cambiante, ese sería el de resiliencia, definida como la capacidad para adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos. El principal indicador de la resiliencia en la empresa familiar está vinculado a su supervivencia. Citando de nuevo el informe elaborado por la Cátedra Banca March de la Universitat de les Illes Balears, las empresas familiares de Balears han mostrado una tasa de supervivencia del 81,5% en el periodo comprendido entre 2015 y 2023, una estadística superior a la media nacional que se sitúa en el 77% y solo superada por Navarra o Aragón. Dicho de otro modo, el 75% de las EF de las Islas tienen más de diez años de antigüedad, lo que refleja su elevada estabilidad y madurez empresarial. Estos datos sitúan a nuestra comunidad entre las regiones con mayor resiliencia empresarial.

Si hemos de destacar, por tanto, una de las fortalezas de las empresas para encarar un futuro dibujado de entornos cambiantes y competitivos, ese sería, sin duda, el de resiliencia. Es la mejor herramienta para avanzar con determinación. Porque la adaptabilidad, que podemos acoger como sinónimo del concepto de «resiliencia», lleva intrínsecas otras ventajas igualmente importantes. Nos referimos, por ejemplo, a la visión a largo plazo y la estabilidad de nuestros negocios, cuestiones ambas inherentes a nuestra manera de hacer y actuar: nacemos para perdurar en el tiempo y ser legadas a las siguientes generaciones. Por poner un dato a esta última reflexión, diremos que las empresas longevas en Balears, entendidas como aquellas que superan el medio siglo de vida, están compuestas por un 81,65 por ciento de empresas familiares, frente a un 18,35 que no lo son. Dicho de otro modo, más de 8 de cada 10 empresas con 50 años o más en nuestra comunidad son familiares. Y las consolidadas, que están en el rango de entre 26 y 50 años de vida, también están mayoritariamente compuestas por EF (iniciales de empresa familiar): en este caso, incluso más: un 92,37% frente a un 7,63% de las no familiares.

Si hubiera que trasladar esta idea a una fórmula matemática, esta sería que resiliencia más largo plazo es igual a legado. Y si hubiera que resumirla en un slogan, podríamos decir que nacemos para trascender.

Esta filosofía nos marca el camino y la cuenta de resultados. En términos de desempeño económico, las empresas familiares presentan una rentabilidad económica (4,9%) y financiera (10,5%) superiores a las de las empresas no familiares (3,6% y 7,9%, respectivamente), además de un menor endeudamiento (47,7%), lo que refleja una gestión prudente y sostenible de sus recursos, de nuevo con el faro del largo plazo como la guía que marca todas y cada una de las decisiones que se toman en el seno de nuestras empresas.

Ese mismo faro es, a su vez, el que debe iluminar los retos del futuro, para que sigamos siendo capaces, como lo hemos sido hasta ahora, de avanzarnos a las necesidades que vendrán y comenzar a tejer las soluciones en el presente. Y no se trata solo de negocio; también se trata de obligación moral. Porque la empresa familiar tiene un firme arraigo en el territorio, en el que impacta de manera positiva no sólo con la creación de empleo (el 87% del empleo privado en Balears es creado por las empresas familiares) sino también mediante el cuidado del entorno al que pertenece. No en vano, y al hilo de esta reflexión, la mesa redonda celebrada en la última Asamblea General de Socios de la ABEF tuvo como título ‘Propósito: cuidar el lugar que nos ha hecho crecer’. En ella, tres empresarios de excepción disertaron acerca del compromiso que supone ser una empresa BCorp. El movimiento BCorp impulsa un cambio sistémico hacia una economía más inclusiva, equitativa y regenerativa para las personas y el planeta, con el foco puesto en las empresas como motor de cambio. La conversación estuvo protagonizada por José Guillermo Díaz Montañés, CEO de Artiem, del CEO de Camper Miguel Fluxá y el presidente de la Corporación Hijos de Rivera, Ignacio Rivera. Los participantes coincidieron en la necesidad de integrar el cuidado del entorno dentro de la propia estrategia empresarial, como una expresión natural del modelo de empresa familiar. En este sentido, se puso en valor el caso de Artiem como ejemplo de coherencia entre propósito y gestión. En la misma línea, Rivera subrayó que es posible «impactar positivamente en el entorno desde la propia actividad empresarial» y Fluxá puso el acento en la dimensión social de este modelo. Fue una conversación realmente inspiradora.

Pese al optimismo intrínseco de la empresa familiar, no podemos negar el contexto internacional en el que nos encontramos. Por ello, centrándonos en las necesidades que se presentan en el futuro, podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que la incertidumbre permanente parece ser, a día de hoy, una de las únicas certezas plausibles. Y en esta normalidad incierta, que parece haberse convertido en estructural, es donde la resiliencia empresarial adquiere un valor central. Como señalaba Bertolt Brecht, toda crisis es también un momento de transición entre lo que desaparece y lo que aún no ha nacido. En este escenario, la empresa familiar emerge como un modelo especialmente adaptativo: no solo resiste las crisis, sino que, en línea con la idea de Albert Einstein de que los desafíos nacen de ellas, encuentra en la incertidumbre un espacio para reinventarse, consolidar su continuidad y proyectarse a largo plazo. Ya lo decía el propio Ignacio Rivera durante el último Congreso Nacional de la Empresa Familiar celebrado en Burgos en octubre pasado: «Tenemos que aprender a movernos en este nuevo entorno, pero lo hacemos con optimismo». Y con ello no nos referimos tan solo a revoluciones de calado como la irrupción de la Inteligencia Artificial en los procesos, sino a los cambios en el orden y las relaciones internacionales.

Además de la certeza sobre la incerteza, la empresa familiar se enfrenta a más desafíos decisivos para garantizar su continuidad. En este apartado podemos citar la captación, retención y cuidado del talento de nuestros equipos. Atraer perfiles cualificados resulta cada vez más complejo en un mercado laboral competitivo y globalizado. Retener ese talento exige, además, adaptar las estructuras organizativas sin renunciar a los valores que definen a la empresa familiar. Paralelamente, la irrupción de la inteligencia artificial obliga a un esfuerzo decidido en formación y capacitación de toda las organizaciones, no solo para mejorar la eficiencia operativa, sino para asegurar la competitividad futura.

Por todo ello, debemos seguir conjugando el binomio «pensar en local, actuar en global» y viceversa, no solo porque el contexto mundial nos marca la norma, sino porque tenemos un compromiso inquebrantable con la tierra que nos vio nacer. Representamos el 93 por ciento del total de empresas de nuestras Islas. Nos va la vida en ello.l

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